Como fichas de dominó, un reencuentro llevó a otro y se empezó a destrabar la discordia en ambos lados del Rubicón que atraviesa a la Argentina de Javier Milei. Lo curioso es que el movimiento se produjo casi en simultáneo: mientras Karina Milei tomó el control del operativo para construir la reelección de su hermanoy aceleró el acercamiento con el PRO, en el peronismo Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa volvieron a sentarse alrededor de una misma mesa con gobernadores y referentes del mapa federal.
Nadie, sin embargo, quiere hablar todavía de reconciliación. Ni de un lado ni del otro. En los dos campamentos repiten prácticamente la misma prevención: nada está acordado hasta que todo esté acordado, una vieja máxima de la política. Y todavía falta demasiado para 2027.
Karina Milei decidió ponerse personalmente al frente del operativo reeleccionista. La hermana del Presidente, secretaria general y probablemente la persona que mejor conoce los movimientos y necesidades políticas de Javier Milei, activó en los últimos días una serie de conversaciones que venían demoradas y comenzó a apoyarse nuevamente en Eduardo “Lule” Menem para ordenar el tablero. El próximo paso será elevar todavía más su exposición con desembarcos en territorio porteño.
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Las dos necesidades inmediatas están conectadas. Para reconstruir una alianza con el PRO primero hay que ordenar a los propios, pero ordenar a los libertarios tampoco resulta sencillo. La Mesa PRO-LLA que finalmente se reunió la última semana es apenas el comienzo de una negociación con numerosas cláusulas pendientes. Incluso las ausencias de aquella fotografía terminaron diciendo casi tanto como las presencias.
El primer movimiento de Karina había ocurrido unos días antes. El lunes reunió por separado a diputados y senadores libertarios de la provincia de Buenos Aires. Los encuentros estaban pendientes desde hacía tiempo y, según quienes participaron, transcurrieron en un tono bastante más distendido de lo que podría sugerir el clima interno libertario.
“Karina puede ser encantadora cuando quiere”, resumió uno de los asistentes. Hubo espacio incluso para hablar de Thor y de los perros de Agustín Romo, referente de Las Fuerzas del Cielo -de Santiago Caputo- a quien dentro de la Legislatura bonaerense desplazaron de hecho de la conducción del bloque. La conversación cambió de tono cuando “El Jefe” planteó lo que realmente había ido a buscar: quería a los legisladores militando las leyes que la Casa Rosada pretende impulsar.
Lo llamativo fue la velocidad con que esas reuniones ingresaron de pronto en la agenda. Ambas estaban previstas desde hacía tiempo, pero se habían postergado sucesivamente hasta que Sebastián Pareja, presidente de La Libertad Avanza bonaerense y responsable del armado provincial, las agendó a fines de la semana anterior. Para el día siguiente preparó otra reunión con él mismo como anfitrión.
¿Por qué el apuro? En los pasillos de la Casa Rosada circuló una explicación que nadie termina de confirmar: Pareja se habría enterado de que Diego Santilli había conseguido establecer un puente entre Mauricio Macri y Karina Milei y quiso adelantarse a la jugada. Son versiones, como tantas que corren detrás de las puertas custodiadas de Balcarce 50, pero la sucesión de movimientos alimentó la interpretación y que encuentran anclaje en la disputa por el timón bonaerense entre el diputado nacional y el jefe de Gabinete.
“A Karina le servía tomar contacto con nosotros porque a la gran mayoría no los conocía y a Pareja le servía mostrar que puede llegar a Karina para armar una reunión en Rosada, en la previa de la Mesa con el PRO que montó Diego”, explicó un dirigente que participó de aquellas conversaciones.
Según esa misma reconstrucción, en las reuniones del lunes nadie reveló contacto alguno entre Macri y Karina. Tampoco el martes. La secretaria general sí pidió expresamente que los libertarios comenzaran a aproximarse al PRO. “Esa comunicación y la reunión posterior se trabajan por días. Con el diario del lunes, se puede leer como una primera señal de lo que se venía”, completó la fuente.
Había, además, otra razón para acelerar. Del otro lado de la frontera política, el peronismo también empezaba a avanzar silenciosamente hacia su propia Yalta.
El jueves llegó finalmente la Mesa PRO-LLA. Diego Santilli ocupó la cabecera. A su alrededor se sentaron Cristian Ritondo, presidente del PRO bonaerense, y Fernando de Andreis, mano derecha de Mauricio Macri y, quizás, su representante más directo en ese ámbito. Por La Libertad Avanza estuvieron los primos Menem. No hubo silla para Sebastián Pareja.
La ausencia no pasó inadvertida porque se trata del principal referente partidario libertario de Buenos Aires en una mesa que comenzaba precisamente a discutir la estrategia para 2027. En un espacio donde cada ubicación, cada invitación y cada fotografía se interpreta como una señal de poder, que Pareja no estuviera abrió inmediatamente otra línea de especulaciones.
Tampoco conviene exagerar la armonía. Desde el sector libertario relativizan buena parte de los supuestos acuerdos sobre candidaturas, repartos de poder y eventuales gabinetes compartidos que algunos dirigentes amarillos dejaron trascender en las horas siguientes. La mayor desconfianza está en la Ciudad de Buenos Aires, donde sigue intacto el recelo hacia Jorge Macri.
“Ellos tienen mucho más para perder que nosotros. Los números no son diferentes hoy del año pasado”, desafían cerca de los libertarios. El antecedente que utilizan para respaldar esa posición son las elecciones de 2025, cuando Silvia Lospennato terminó tercera y La Libertad Avanza prácticamente duplicó al PRO. La advertencia que se deja correr es sencilla: si los amarillos pretenden negociar como si conservaran el poder electoral de otros tiempos, los libertarios están dispuestos a volver a competir y comprobar otra vez la relación de fuerzas.
La disputa porteña, de hecho, ya empieza a abandonar los despachos. Esta semana los libertarios comenzarán a desplegar algunas de sus figuras más fuertes en la Ciudad. Karina Milei y Luis “Toto” Caputo serán parte de recorridas y despliegues por empresas y comunas para impulsar la Ley de Libertad Comercial. En la Casa Rosada explican que serán apenas las primeras incursiones de una secuencia mucho más larga que llegará hasta 2027 y en la que los ministros con mayor nivel de conocimiento público tendrán que jugar a fondo.
También se espera mayor actividad en la Escuela de Dirigentes porteña de LLA, con un evento que reunirá a Pilar Ramírez -titular del partido a nivel local y némesis de Jorge Macri en la Legislatura- el senador Agustín Monteverde y el dueño de Café Martínez, que hace tiempo trabaja con las líneas libertarias.
El mensaje es doble. Hacia afuera, Milei quiere mostrar que no está dispuesto a regalar la Ciudad en una negociación con el PRO. Hacia adentro, Karina empieza a ejercer el papel de ordenadora de una campaña presidencial que todavía no comenzó formalmente, pero cuya arquitectura ya condiciona cada movimiento oficialista.
Del otro lado ocurre algo parecido. Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa compartieron una cena con buena parte de los principales referentes federales del peronismo. Las ausencias más notorias fueron Raúl Jalil, gobernador de Catamarca, y Osvaldo Jaldo, de Tucumán, dos dirigentes que conservaron canales particularmente fluidos con la Casa Rosada.
La cita fue en el Hotel Emperador, en la Ciudad de Buenos Aires. Hubo picada, cena y casi cuatro horas de conversación. Quienes estuvieron cerca hablan de “buen clima”, aunque ese concepto tiene límites particulares cuando se aplica al peronismo actual. Allí también los que no asisten dicen mucho del estado de situación.
La agenda fue amplia. Se habló de la necesidad de mantener las PASO, pero también del Presupuesto 2027 y de las leyes que el Gobierno pretende sacar en las próximas semanas. Los distintos planos se mezclan porque nadie considera que las discusiones legislativas estén completamente separadas de las negociaciones electorales que vienen. Todo está atado.
Hubo, sin embargo, una ausencia deliberada: no hubo fotografía. Las desconfianzas persisten y ninguno de los protagonistas quiso convertir una cena exploratoria en la imagen prematura de una unidad que todavía no existe.
“Es un avance en la definición de la necesidad de una competencia que defina al mejor candidato. Ni una decisión individual, ni producto de la rosca. Tiene que salir de la gente”, explicaron desde uno de los sectores más cercanos a Kicillof.
La definición tiene destinatarios internos. El peronismo todavía no discute solamente quién puede ganarle a Milei, sino también cómo deberá resolverse esa candidatura. Por eso la defensa de las PASO tiene una dimensión mucho mayor que una discusión institucional: detrás aparece la pelea por evitar que el candidato presidencial sea producto de un acuerdo de cúpulas.
“Nosotros estamos siempre dispuestos a reunirnos para trabajar en temas concretos que sirvan para construir una alternativa posible para ganar el año que viene. Depende mucho de la actitud que tome cada sector”, completan cerca del gobernador bonaerense. No es precisamente una declaración de unidad. Es, más bien, una puerta entreabierta. En La Cámpora, mientras tanto, eligieron un silencio casi absoluto.
Tampoco hay voluntad por ahora de consagrar un candidato único. Frente a los micrófonos aparecen todos los nombres: Kicillof, Massa y hasta el santiagueño Gerardo Zamora. La discusión federal suma su propia complejidad porque algunos dirigentes no están dispuestos a ampliar la mesa mientras Jalil y Jaldo continúen operando con autonomía y manteniendo sus vínculos con el oficialismo nacional. Ricardo Quintela volvió a La Rioja con una tarea concreta: intentar recuperar a esos sectores para el armado.
Kicillof, por su parte, no va a esperar a que esa negociación termine. Su entorno continúa trabajando para nacionalizar la figura del gobernador. Andrés “Cuervo” Larroque quedó como enlace del tablero bonaerense y Carlos Bianco como uno de los puentes hacia las provincias. El propio Kicillof ya avisó a su custodia que se prepara para viajar y que harán falta muchas horas de ruta. Entre las posibilidades que circulaban figuraba una visita a Chaco, con la CGT regional y Héctor Daer como anfitriones.
Mientras el gobernador prepara sus kilómetros, sus ministros funcionan como avanzada. Javier Rodríguez, responsable del área agropecuaria, tenía Corrientes entre sus destinos; Alberto Sileoni viajará a Viedma el 18 y Roberto Salvarezza desembarcará en Córdoba el 19 con el capítulo de Ciencia y Universidad del Movimiento Derecho al Futuro. El MDF, además, siguió este fin de semana su ronda de encuentros seccionales en Ramallo con intendentes y referentes de la Segunda Sección Electoral, antes del plenario general con el que pretende completar el circuito territorial.
No hace falta que Kicillof anuncie una candidatura para desentrañar su plan. Pero la disputa que comienza a tomar forma entre Milei y el peronismo puede estar escondiendo un tercer problema para ambos: quizás ninguno de los dos bloques tenga hoy asegurado el electorado suficiente para convertir la elección de 2027 en una revancha directa.
La presentación de un documental realizado con inteligencia artificial sobre José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento colocó esta semana a Daniel Hadad en el centro de una escena política tan heterogénea que resultaba difícil encontrar un hilo ideológico común. No es casual cuando se lo menciona como otro potencial “outsider”.
En el auditorio de la Facultad de Derecho coincidieron Sandra Pettovello, Daniel Scioli, Gustavo Beliz, Mauricio Macri, Sergio Massa, Sergio Berni, Sergio Uñac, Martín Lousteau, Gerardo Zamora, Ricardo Lorenzetti, Juan Martín Mena, Mariano Borinsky, Ariel Lijo, Julián Ercolini, Marcelo Tinelli, Nicolás Pino, Gustavo Weiss y Jorge Brito, entre muchos otros.
Pocos discuten la capacidad de convocatoria y la red de relaciones que Hadad construyó durante años. La novedad es otra: cerca del empresario aseguran que efectivamente evalúa la posibilidad de dar un paso hacia la política electoral. ¿Tiene espacio?
Un estudio de La Sastrería, la consultora de Raúl Timerman y Juan Malagoli, analizó su punto de partida. Según ese trabajo, Hadad registra apenas 9,8% de imagen positiva. A primera vista, el número parece bajo. Pero el dato más relevante está en otro lugar: el 52,6% de los consultados no lo conoce o todavía no construyó una valoración sobre él.
Ese desconocimiento, además, atraviesa las identidades políticas. Alcanza al 53% entre quienes votaron a Milei en 2023, al 54% entre los votantes de Massa y al 46% entre quienes eligieron a Patricia Bullrich.
La conclusión que aparece detrás de los números es evidente: si logra instalarse, potencialmente puede quitarle votos a todos. No es una particularidad exclusiva de Hadad. Es una característica que empieza a aparecer detrás de otros nombres provenientes de fuera de la política tradicional y que repite la lógica de Milei en 2023.
“Cuando una porción relevante de la sociedad —30%, 40%, hasta 45% en algunos distritos— elige a un empresario, un comunicador o una figura mediática antes que a un dirigente de carrera, ese dato no es anecdótico: es la evidencia de que una parte del sistema de representación dejó de funcionar”, sostiene un trabajo de DC Consultores, la firma de Aníbal Urios, que también puso el foco esta semana los terceros en disputa.
El mismo informe añade otra pista. Los outsiders con mejores números no serían figuras aleatorias ni simplemente rostros conocidos. Comparten atributos asociados a gestión, desarrollo, capacidad para atraer inversiones y resolución de problemas concretos; cualidades que, según esa lectura, parte de la sociedad dejó de reconocer en la dirigencia tradicional.
La verdadera dimensión de ese espacio aparece en otro estudio que circuló por los despachos políticos. “Lo que viraliza no convence”, elaborado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) agrupó a quienes en 2025 votaron fuerzas provinciales, espacios federales, izquierda, en blanco o directamente no fueron a votar. El resultado fue un universo cercano al 44% del electorado. Es un bloque potencialmente mayor que el tercio que mantiene La Libertad Avanza y el 25% que concentra hoy el peronismo.
“El bloque más grande del electorado argentino no está en ninguno de los dos polos”, resumió Víctor Taricco, uno de los responsables del trabajo. Lo definió como el “electorado a disputar”. Esa puede terminar siendo la gran paradoja de una semana en la que todos empezaron a acomodarse para una polarización.
Karina intenta ordenar a los libertarios y reconstruir el puente con Macri porque Milei necesita una estructura más amplia para buscar la reelección y asegurarse la gobernabilidad hacia 2027. El PRO se acerca, pero pretende negociar espacios de poder que los libertarios todavía no están dispuestos a conceder.
Kicillof, Massa y Máximo Kirchner se sientan juntos mientras evitan cuidadosamente una fotografía que pueda vender una unidad inexistente. Y los gobernadores peronistas todavía miden cuánto están dispuestos a ceder para volver a formar parte de una construcción nacional. O si les conviene tabicar sus provincias y negociar con la Rosada su propio territorio.
Los dos grandes campamentos empiezan a levantar sus murallas para 2027. El desafío es que, según los números que comenzaron a circular esta semana, la porción más grande del electorado todavía podría estar caminando por fuera de ambas.
