Desde hace algunas semanas el peronismo puso en pausa su interna, con mayor volumen en Buenos Aires, pero también diversificada en algunas provincias como Salta, Jujuy o San Luis, y logró empezar a moldear un clima de mayor calma para discutir el destino del espacio político. Ese paso ya es positivo. Sobre todo teniendo en cuenta que los enfrentamientos entre las tribus hundieron al PJ en una dinámica sinsentido, donde todos perdían un poco de credibilidad frente a la sociedad cada vez que ingresaban en un circuito de peleas irritantes.
“Las fieras se calmaron”, expresó, con ironía, un intendente del conurbano haciendo alusión a los nombres propios que alimentaron la interna, de los dos lados de la vida kirchnerista, durante los últimos años. Esa paz discursiva empezó a tener, con el correr de los días, un sostén en la acumulación de reuniones y gestos políticos vinculados a la unidad. Los encuentros, al mismo tiempo, tuvieron un efecto pacificador. Nadie, hasta el momento, se atreve a correrse de esa lógica.
Para que la interna entre en una pausa contribuyó el pedido de Axel Kicillof a los suyos para que no respondan a las críticas sobre su decisión de no reunirse con Cristina Kirchner o de su plan de acción para ser candidato a presidente. Del lado del cristinismo no hubo pedidos concretos para frenar la avanzada discursiva. Por momentos las críticas aparecen diluidas en un doble sentido. Pero ya no tienen la carga ni la precisión de los meses pasados.
En lo que sí contribuyó el sector de la ex presidenta es en participar de encuentros vinculados a forjar un clima de unidad, como el que tuvo lugar en La Rioja el mes pasado. Kicillof, en cambio, ha decidido avanzar con su estrategia de darle forma al Movimiento Derecho al Futuro (MDF) sin forzar fotos de unidad que no siente ni cree convenientes en este momento del calendario político.
El gobernador bonaerense tiene una estrategia dividida en dos. La primer parte de ese camino tiene que ver con construir cercanía con la gente, más que con la dirigencia. Por eso no está en el orden de prioridades acercarse a los principales dirigentes de las provincias. “Este año Axel tiene que ser el candidato de la gente. Ni el candidato de la rosca política, ni el candidato individual que busca solo su objetivo”, explicó un funcionario de estrecha relación con él.
Probablemente por eso Kicillof se despegó con cierta rapidez de la dinámica que sembró la reunión de los líderes peronistas en hotel Emperador. A las pocas horas dejó saber que iba a seguir trabajando en el mismo rumbo que tenía trazado y que mantenía cierta desconfianza sobre el cristinismo, sector con el que sigue enfrentado, más allá de que haya bajado el ruido de la interna.
Para ser el candidato de la gente, el Gobernador se aferra a las recorridas de gestión, a los plenarios militantes y al discurso ultra crítico de Milei. Este año está dedicado a instalar la idea en la sociedad de que él es el candidato opositor que tiene posibilidades de cambiar el rumbo impuesto por la Casa Rosada. Es el que puede romper el formato político actual y el que lo puede hacer desde el corazón del peronismo, principal bastión opositor.
El segundo tramo del camino tendrá lugar el año que viene, cuando llegue el momento de las definiciones electorales. Para ese entonces Kicillof tiene en claro que deberá buscar consenso político hacia adentro del espacio. Ya sea para ser el mejor posicionado dentro de una eventual PASO o para ser el candidato de la unidad. Sea cual sea, necesita espalda política y números, traducido en votos, impresos en las encuestas.
La espalda la empezó a construir el día que puso el primer ladrillo del MDF. Para el Gobernador la corriente interna que conduce es clave para sostener el proyecto político que quiere encarnar. Para cuando llegue el momento de poner los números sobre la mesa, que son los que terminan inclinando la balanza en la decisión final, Kicillof tiene pensado mostrar el caudal político y popular obtenido en todo este tiempo.
En esa mesa seguramente estén Máximo Kirchner, Sergio Massa y los gobernadores de Fuerza Patria. A esa instancia el mandatario bonaerense tiene que llegar con los suficientes argumentos como para tener un peso específico predominante en la recta final. Por eso en La Plata insisten en la idea de que la rosca política y los acuerdos de unidad que sostengan a la alternativa opositora recién llegarán el año que viene.
El Gobernador va a tratar de imponer condiciones el año que viene. Tiene una carta que, por ahora, nadie le logró quitar: es el que más mide. El que no lo quiera a él, tendrá que buscar un candidato que mida lo mismo o más, o pagar el costo político de aceptar que no bancaron al más competitivo. De eso se trata.
Los más cristinistas juegan en su cabeza con la idea de que la ex presidenta también tiene una carta importante para jugar: avalar públicamente a un candidato y hacerlo subir unos cuántos puntos en intención de voto. Tal vez 10, 15, 20 o 25 puntos. Nadie sabe cuántos realmente, pero en el peronismo aceptan que esa es una opción viable.
Los que conocen a CFK también admiten que ella nunca juega a perder. Y que no cometería el error de respaldar a un candidato que sabe que no puede ganar, solo por no darle su aval a la candidatura de Kicillof. Sobre ese tablero aparecerá Sergio Massa, que quiere ser una pieza clave en la unidad, como lo fue también en el 2019, donde terminó contenido dentro de un gran esquema peronista que llegó el poder tras la temporada macrista.
Llegando a septiembre, la unidad es una opción posible. Todos dentro de un mismo espacio delimitado. Nadie jugando por afuera. Las formas de la unidad son otro tema a resolver. Puede ser una PASO con múltiples candidatos, una PASO con dos candidatos, una mesa extensa de negociación que busque el consenso, una mesa integrada por los dirigentes de la cúpula, similar a la del hotel Emperador o una interna partidaria abierta. Hay opciones. Pero el primer paso es aceptar que el juego tiene un alambrado que nadie puede saltar. Ese acuerdo básico parece estar saldado.
Hay distintas formas de conservar el formato de unidad. Lo que importa en el peronismo es que todos los que son parte de la identidad partidaria, de los extremos hacia el centro, estén dentro de los límites. No puede haber votos perdidos en el camino porque la discusión electoral será grande y pareja. No puede haber dos o tres listas en la cancha. Todos adentro y a discutir. Pero todos adentro.
