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Kicillof desconfía de Massa y Máximo. La unidad es una quimera

El frío volvió a cubrir las relaciones entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner. Los cánticos en contra del gobernador instigados por el hijo de los dos presidentes la semana pasada debajo del domicilio de su madre en San José 1111 no cayeron nada bien cerca del jefe provincial y la decisión de una diputada provincial de Chaco en favor de suspender las PASO en esa provincia terminó por confirmar todas las sospechas que tienen desde siempre en la intimidad de la calle 6, entre 51 y 53 de La Plata.

Kicillof cree que Massa y Kirchner lo tienen como un enemigo en común y que es mentira que pretendan dirimir las diferencias en unas PASO, como también pretenden los intendentes. Diariamente comprueba los movimientos de los legisladores que reportan en el Frente Renovador y La Cámpora que siempre trabajan en conjunto y frenan algunos proyectos oficialistas. Además, son los que impiden el cumplimiento del pedido de los alcaldes al gobernador sobre las reelecciones indefinidas.

De los tres, el jefe provincial es el único con responsabilidades de gobierno, y eso también lo complica más allá de la situación partidaria. La gestión atenta contra su deseo de quedar como un único candidato presidencial opositor. La provincia que gobierna explota no solo por la falta de recursos sino por la ausencia total de respuestas a temas que ya deberían tener un indicio de solución como lo son la inseguridad, la salud y la educación bonaerense.

La interna no se detiene nunca y, aunque busquen momentos donde los protagonistas entienden que necesitan serenarse y buscar un punto de encuentro para pararse frente al gobierno de Javier Milei, el pensamiento íntimo de cada uno de ellos termina apareciendo con total brutalidad.

Massa presume que su momento estará por aparecer más temprano que tarde. Una cosa es lo que dicen las encuestas, que lo ubican como uno de los dirigentes con más imagen negativa del país, aunque no muy diferente a la que tienen todos, incluido el propio Milei, y otra muy diferente lo que piensa el círculo rojo, que suele sorprenderse por los resultados electorales más que el ciudadano común.

En este último grupo, el líder del Frente Renovador tiene mucha mejor ponderación que el gobernador bonaerense. Mientras que a Massa lo consideran una persona de diálogo y entendedor de la importancia que tienen las empresas en el sistema económico, los gerentes de las grandes firmas ven en Kicillof un representante más extremo que la propia Cristina Fernández de Kirchner.

Esta sensación también la tienen los intendentes de la Provincia, inclusive aquellos que participan y militan del Movimiento Derecho al Futuro. Creen que el ex intendente de Tigre y jefe de Gabinete en la época de Cristina Kirchner es mucho más práctico y concreto que Kicillof, a quien lo siguen viendo distante aunque “bien con la gente”. Quizás por eso en esta semana él personalmente o su gente de mayor confianza estuvieron en La Pampa y en Córdoba, esta última provincia cuna del anti kirchnerismo y se juntaron con Martín Llaryora.

Para Massa, no son todas rosas. Algunos advierten el “poder extraordinario que está consiguiendo porque los empresarios que siempre estuvieron cerca de él ahora manejan la energía y los medios en todo el país”.

Son esos mismos jefes comunales quienes piden a gritos que no termine todo “rompiéndose en mil pedazos” ni que “tengamos que soportar un candidato invotable. No te olvides que del otro lado está Santilli en la Provincia”, e inmediatamente recuerdan su origen peronista, que lo habilita a hablar casi en el mismo idioma con la mayoría de ellos.