A los 82 años murió Samuel «Chiche» Gelblung, y con él se fue un estilo de periodismo. Conductor y productor de televisión y radio, director de medios gráficos y digitales, falleció tras permanecer internado en el Sanatorio Mater Dei por problemas respiratorios.
De esos “animales” del oficio, trabajó hasta sus últimos días como presentador de su propio programa en la pantalla chica, Chiche 2020, en Crónica TV; y como habitué de la mesa de Polémica en el Bar, el ciclo de América del que participó en varias de sus ediciones.
“No me imagino descansando, soy medio inconsciente, y tampoco noto que el cuerpo me lo pida. Yo me siento bastante inmaduro, todavía hago cosas de pendejo”, le decía a Clarín en el 2009.
Controvertido e irreverente, desde sus inicios en la gráfica cultivó una suerte de ‘periodismo verdad’ sensacionalista, que en varios casos rozaba lo ficticio. “Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota”, era su lema cuando dirigía la revista Gente, en los ‘70.
Se vanagloriaba de poseer un anecdotario inagotable. Entre tantos, muchos recuerdan su relato de un viaje como cronista al Atolón de Mururoa, adonde habían aparecido miles de pescados muertos en la orilla por una prueba nuclear. Al llegar, la marea se los había llevado. Chiche compró una bolsa llena de pescados en un mercado, los tiró en la playa y sacó la foto principal. Si no había noticia, Chiche se encargaba de generarla, un estilo que marcó una época.
Hace un par de años, al cumplir 80, Chiche sorprendió al describir su infancia en una entrevista con Infobae. Hijo de Alfredo Gelblung –industrial del cuero- y Berta Cohen, los recordó como “comunistas de los muy militantes. Y eso también iba condicionando una personalidad. Mi abuelo paterno, stalinista acérrimo, no sabía ni leer ni escribir en español por lo que firmaba con sus iniciales en ídish, pero sin embargo era tan vivo que llegó a ser tesorero del Partido».
«Crecí entre allanamientos, teniendo que correr a quemar libros. Ya a los 8 hacía de campana en las reuniones clandestinas. Y me mandaban a mí por ser el único que conocía bien las patentes de los patrulleros”, repasó. Pero esa infancia también transcurrió entre el trabajo –ya que se ocupaba de llevar las encomiendas de su padre-, los cuidados de su pediatra (nada menos que Arnaldo Rascovsky) y los estudios primarios en la Escuela 15, Antonio Devoto. Siempre evocó que, desde muy chico, conoció “la calle”, y todas las clases sociales.
Dejó la casa y el colegio, ejerció múltiples oficios y se apasionó por la lectura, “internándose” todos los fines de semana en la Biblioteca de La Prensa. A esa altura, ya percibía su vocación periodística. Sus inicios profesionales se dieron a mediados de los 60, en Editorial Atlántida, y firmó sus primeras notas como Mariano Ovejero por sugerencia del “Cholo” Gómez Castañón.
Recordó un día clave: “Había caído el gobierno de Illia y me mandaron a hacer guardia en la puerta de la casa de su hermano, en Martínez, donde el expresidente estaba refugiado. En un momento pensé: ‘¿Qué hago acá? ¡La nota está adentro!’ Y me colé como parte de una delegación de la Juventud Radical de Avellaneda. Dos minutos después estaba Illia hablando con nosotros, explicando situaciones, respondiendo preguntas… Hasta que se escuchó el clic de la cámara de mi fotógrafo y nos echaron a patadas. ¡Nada me importaba menos! Yo ya tenía una entrevista”. Aquel día, su editor Raúl Urtizberea, le dijo: ‘No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música’. Ese sería mi gran inicio”.
Una década después ya ocupaba posiciones editoriales, alcanzando la jefatura de Gente (1976-1978), durante los años más sangrientos de la última dictadura cívico-militar argentina.
Durante los años ‘80 estuvo a cargo de la revista La Semana. En esos años también fue columnista en Ámbito Financiero y Córdoba, diario que llegó a dirigir a finales de esa década.
A principios de los 90 llegó a la radio, primero en Libertad con La supermañana de Chiche. Y de allí, desembarcó en la televisión. “Yo nunca había querido hacer televisión, venía de la gráfica y hasta la radio me resultaba más o menos compatible. Un día me llamó Hugo Moser, en noviembre de 1993, y me citó en Canal 9. Estaba (Alejandro) Romay, y me dijo: ‘Moser dice que vos tenés que hacer televisión, tengo un horario para ofrecerte’. Era el horario de El precio del poder, los martes a las diez de la noche, pero como era verano, estaba vacante. Yo pensé que era una locura, y Moser me dijo: ‘Hay gente que daría la vida por ese horario, agarrá porque te mato’. Al otro día me llamó Romay y me dijo: ‘Mirá, el programa fue un desastre, pero vos tenés condiciones. Tenés que corregir algunas cosas, hablás demasiado, ojo que en televisión el silencio es un lenguaje’. Nunca me voy a olvidar de eso”, le contaba a Clarín en esa misma entrevista.
En Canal 9 llevó adelante el magazine Memoria, con entrevistas, crónicas policiales y hasta investigaciones vinculadas a fenómenos paranormales. En 1995 se atrevió a reconstruir la autopsia del “extraterrestre de Roswell”, para intentar deslegitimar un documental sobre el caso.
Por Memoria desfilaron personajes de todo tipo. Muchos de ellos fueron -son- descubrimientos del propio Chiche, como Leevon Kennedy, a la que Gelblung presentó en ese entonces como “la hija no reconocida de John F. Kennedy y Marilyn Monroe”. Y también realizó reportajes muy recordados, por ejemplo con la actriz Mia Farrow, antes de que estallara su conflicto con Woody Allen.
En la pantalla chica logró mantenerse siempre activo, pero no hizo grandes éxitos sostenidos, como sí en la gráfica. Así y todo, su trayectoria lo llevó a conducir en El Trece el periodístico 70.20.10, que duró desde 2009 hasta 2012.
Fue un conductor todoterreno: además de la gráfica y la televisión, transitó la radio, donde fue reconocido con cinco premios Martín Fierro. También, con el Konex. Lideró la franja matutina con periodísticos en distintas radios, desde La Súper Mañana de Chiche Gelblung, en radio Libertad, o Edición Chiche en radio 10 (durante diez años entre 1998 y 2008). Desde 2009 hasta 2012 estuvo al frente de Hola Chiche en radio Mitre, donde fue acompañado por Horacio Pagani y Marcela Giorgi, entre otros. Sus últimos programas en radio Colonia y en Crónica mantuvieron ese nombre.
También incursionó en los medios digitales, con la creación de la web noticiosa Minuto Uno, en 2006. En agosto del 2009 se alejó de la dirección y fundó un nuevo emprendimiento: el portal de noticias Diario Veloz. En 2019 fue reemplazado por InfoVeloz. También fue uno de los creadores de la página de noticias del espectáculo Rating Cero, junto con los periodistas Rodrigo Lussich y Adrián Pallares.
Se casó dos veces. Con su segunda esposa, la exmodelo Cristina Seoane, a quien conoció ya como productora de moda y fotografía en Gente, tuvieron tres hijos (Federico, María y Magadalena) y siete nietos. Federico es licenciado en administración de empresas, María es docente –y también trabajó en la producción de programas. “Ahí está la energía que te permite laburar veinte horas por día, a veces. Que te mantiene vivo y alerta. Y eso te alimenta. Para mí es fundamental, sin eso no lo hubiera podido hacer”, dijo alguna vez sobre su esposa Cristina en la mesa de Polémica.
Gelblung abordó el periodismo político, policial y de espectáculos con un sello propio que priorizaba el impacto. Era imperturbable. Podía hablar de una noticia seria o bizarra con el mismo gesto adusto. Ésa era su gracia.
Alguna vez, también, habló de su perfil de “cabrón”, que lo llevó a pelearse con varios colegas, muchas veces en cámara. “Reconozco que era un tipo jodido, muy exigente. Lo sigo siendo. Pero por eso mismo nunca hago responsable a nadie de los fracasos. Y los éxitos los comparto”, señaló.
Había atravesado mil historias personales, altibajos profesionales, euforias y polémicas. Había cubierto desde la farándula hasta conflictos bélicos: Vietnam, Biafra, Medio Oriente. Y hasta estuvo en Ucrania hace pocos años, en los comienzos de la invasión ordenada por Putin.
En junio de 2020, en plena pandemia, fue internado por neumonía. Sobrevivió. Y en noviembre de 2023, una insuficiencia renal obligó a otra internación. Allí lo visitó el recién electo presidente Javier Milei.
“Desde este lado de la historia puedo decir que siento orgullo de todo lo que padecí, elegí y transité. Porque, finalmente, es lo que me ayudó a templar esta personalidad, la de un tipo fuerte”, expresó en una de sus últimas entrevistas.
