La pregunta por la ubicación y destino del oro que integra las reservas del BCRA volvió al Senado. Juliana Di Tullio interpeló a Santiago Bausili por el destino de esas reservas y reabrió un expediente que el peronismo intenta colocar otra vez en el centro de la discusión política.
La ausencia de una auditoría que determine el movimiento de ese oro quedó en el centro de la escena, a pesar que la tenencia del metal integra el balance de reservas que diariamente actualiza el BCRA dentro de su informe contable.
Todo sucedió en medio de la discusión en comisión del proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, proyecto esencial para Javier Milei y que ese día obtuvo dictamen de comisión y por lo tanto vía libre para bajar a votación en el recinto del Senado. Bausili salió del apuro respondiendo que el oro del Banco Central hoy esta en el Banco de Basilea, una respuesta que es cierta pero a la que le falta una explicación extra para entender el uso que el kirchnerismo le quiere dar al tema en el inicio de la campaña.
Para colmo, todo el movimiento aprovecha el envión que le dio al tema el debate por la explotación de petróleo en el área de Sea Lion en el norte de las Islas Malvinas, las medidas anunciadas por Javier Milei en cadena nacional y las brabuconadas que aporta Donald Trump que tanto pueden ayudar como complicar la causa argentina con las islas.
Así, el peronismo quiso poner en escena una vez más una leyenda pseudo patriótica falsa sobre el tema acusando al gobierno de Javier Milei de haber enviado a Londres las tenencias del oro del Banco Central como si se tratara de una estafa
En el medio, alegaron, ese movimiento no había sido auditado por la Auditoría General de la Nación.
Como en todo, las verdades o mentiras contadas a medias siempre dejan huella y en materia de sembrar dudas sobre los demás sin mirar el ojo propio el kirchnerismo ha hecho escuela en este país.
Pero detrás de la pregunta hay otra cuestión: el problema no parece ser dónde está el oro. El problema es por qué, con la información ya disponible para la Auditoría General de la Nación, la auditoría todavía no avanzó hasta producir una conclusión.
Ahí cambia el sentido de toda la historia. Porque mientras no exista ese informe, queda abierto el espacio para sostener la sospecha. Y una sospecha sin resolución puede resultar más útil para la política que una auditoría terminada.
La versión que el kirchnerismo buscó instalar la semana pasada presenta al gobierno de Javier Milei como responsable de haber enviado a Londres las tenencias de oro del Banco Central sin controles suficientes.
La construcción tiene varios componentes: el traslado al exterior, la falta de información pública sobre los contratos, la ausencia de una auditoría concluida por la AGN. Y, sobre esa secuencia, la posibilidad de sugerir que existe algo que el Gobierno no quiere mostrar.
Detrás de la movida del peronismo hay algunos puntos que conviene revisar para conocer el verdadero camino del oro del Central.
La auditoría sobre las reservas fue programada en la AGN en abril de 2025 para revisar los movimientos correspondientes a 2024 y 2025. El trabajo no pudo avanzar entonces porque los funcionarios del área de la AGN encargada de auditar al Banco Central se negaron a firmar el convenio de confidencialidad exigido por el Banco Central como requisito para enviar la documentación necesaria.
Es decir, técnicamente el Banco Central no se negó a una auditoría, sino que exigió condiciones para entregar información sometida a secreto bancario.
Los contratos vinculados con depósito, transporte y seguros sobre los movimientos del oro de las reservas contienen información que no puede circular sin restricciones. Lo mismo ocurre con los datos sobre movimientos de reservas.
Hay que recordar, entre otras cuestiones, que por ese entonces aun no se había firmado el pago definitivo y total con los holdouts, los fondos buitres que aun litigaban y amenazaban con embargar a la Argentina.
Santiago Bausili enfrentó incluso pedidos desde el Congreso para entregar esa documentación. También recibió intimaciones bajo apercibimiento de sanciones penales, pero se negó sistemáticamente a suministrar documentación protegida sin un acuerdo con la AGN que garantizara su confidencialidad.
La discusión, entonces, no estaba en la existencia de los datos. Estaba en las condiciones para acceder a ellos.
Hay que recordar, entre otras cuestiones, que por ese entonces aun no se había firmado el pago definitivo y total con los holdouts, los fondfos buitres que aun litigaban y amenazaban con embargar a la Argentina.
Ahora bien desde marzo de este año la información finalmente está en la AGN despues de haber acordado y cerrado una negociación con el BCRA para garantizar el secreto de la información sobre las transferencias.
Dicho esto, conviene recordar algunos datos
La primera pregunta para responder y que seguramente todo argentino quiere saber es: ¿finalmente, dónde está el oro del Banco Central?
La respuesta es simple: el oro está depositado en el Banco de Pagos Internacionales, más conocido como el Banco de Basilea, donde casi todos los países depositan su oro para que quede disponible para transacciones internacionales. Desde allí el Banco de Basilea decide los movimientos y uno de los destinos habituales de depósito suele ser Londres.
Ese mecanismo permite que las tenencias queden disponibles para distintas operaciones internacionales, desde garantías hasta colocaciones que puedan generar rendimiento.
Por eso, plantear el eventual paso por Londres como prueba suficiente de una maniobra supone omitir una parte central del funcionamiento descripto para esas reservas. El dato relevante no es que el oro pueda estar fuera del país, lo relevante sería demostrar que hubo una irregularidad en el movimiento, en su custodia, en los contratos o en las condiciones utilizadas.
Segunda pregunta: ¿por qué ahora se demora la AGN en avanzar con la auditoría sobre el famoso oro?
Quizás habrá que preguntarle al kirchnerista santacruceño Juan Ignacio Forlón del que depende la Gerencia del Sector Financiero y Recursos de la Auditoría General de la Nación que es la que se ocupa de auditar organismos como bancos, la AFIP o la ANSES.
Forlón, que tiene en su haber la experiencia de haber sido compañero de banco de Máximo Kirchner en el colegio secundario, tiene ahora el expediente sobre el oro bajo su área. Las malas lenguas dicen que esa es la herramienta por la que el kirchnerismo consigue mantener congelada la auditoría y por lo tanto vigente la leyenda sobre el destino del oro argentino para usarla en campaña en contra del gobierno de Javier Milei. Es decir, una herramienta de oro puro (para seguir con el mismo metal) para usar en la campaña.
Por eso ahí aparece la paradoja política de esta historia: quienes plantean la sospecha tienen bajo una estructura de la AGN el expediente que debería permitir despejarla.
Forlón no explica por sí solo la falta de resultados. Durante casi un año, el Colegio de Auditores de la AGN quedó sin integración por falta de acuerdo político y demoras de la propia LLA y Juan Manuel Olmos permaneció como presidente del organismo. Esa situación impidió avanzar con las auditorías durante ese período.
Ese antecedente importa porque impide reducir todo el problema a una sola responsabilidad política. Hubo una primera traba vinculada con el acuerdo de confidencialidad y después un período en el que la conducción de la AGN no estaba completa.
Ahora existen autoridades, existe documentación y existe un acuerdo que permite preservar el secreto bancario. Ya no se trata de explicar por qué no podía hacerse la auditoría, sino de explicar por qué todavía no se hace.
El kirchnerismo vuelve a preguntar por el oro cuando el expediente que puede determinar qué ocurrió ya cuenta con la información necesaria para ser revisado. La historia del oro quedó atrapada entre esas dos lógicas.
Y en esos términos tambien hay datos históricos para recordar durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y el de Alberto Fernández sobre el manejo del oro del Banco Central que se chocan con las exigencias de los senadores kirchneristas en la actualidad.
Por ejemplo, hay un dato que resulta central para entender qué pasó con el oro del Banco Central durante esos años. En el balance de 2010, todavía bajo la presidencia de Cristina Kirchner, el BCRA dejaba asentado en forma expresa que las barras estaban “atesoradas en la bóveda del BCRA”. El stock alcanzaba entonces unas 54,8 toneladas.
Un año después, tras la compra de otras 7 toneladas de oro, esa referencia desapareció de los estados contables. El balance de 2011 ya no habló de la bóveda del Banco Central y pasó a mencionar simplemente las “existencias físicas de oro”. Al mismo tiempo, las tenencias aumentaron de aproximadamente 1,761 millones a 1,985 millones de onzas troy.
La explicación sobre ese cambio apareció muchos años después. En 2024, Mercedes Marcó del Pont sostuvo que el oro comprado en 2011 nunca fue trasladado a la Argentina por el riesgo de embargo de los fondos buitre. Según esa reconstrucción, quedó en Londres bajo esquemas de custodia vinculados al Banco de Pagos Internacionales y al Banco de Francia. La definición de la ex presidenta del BCRA fue directa: “el oro no se trajo para minimizar los riesgos”.
El dato importa porque muestra que la discusión sobre reservas de oro fuera del país no comenzó con el actual gobierno, como tampoco es nuevo el oportunismo sin filtro alguno.
