De acuerdo con los últimos datos oficiales, en la Capital Federal existen alrededor de ciento veintidós mil consorcios que administran los servicios de más de un millón seiscientos mil departamentos. Es probable, aunque no parece posible, que haya sido por azar que dirigentes de La Cámpora hayan comprado dos pisos en el mismo edificio de San José 1111, donde Cristina Kirchner cumple su arresto domiciliario tras la condena por corrupción dictada en la causa Vialidad. La expresidenta vive con una tobillera electrónica que controla sus movimientos en el piso 2 “D”. Los vecinos «camporistas» de la expresidenta son dos. Una es la militante María Soledad Calle, exconcejala de Zárate, beneficiada con un contrato de la UOM para administrar, mediante una empresa privada y a cambio de un porcentaje, los fondos de ese sindicato; un negocio gracias al cual se acrecentó su patrimonio. El otro «vecino» de la exmandataria es el actual senador nacional Mariano Recalde, de total confianza de la familia K y, a diferencia de Calle, muy vinculado desde hace años a los emprendimientos políticos y privados de los Kirchner, éstos últimos investigados en causas judiciales de corrupción. Son casos, el de Calle y el de Recalde, que llaman la atención por la insólita coincidencia como propietarios del consorcio de San José 1111, pero que poseen diferente densidad político-comercial. Calle compró el piso de abajo del de Cristina dos meses después de que la Corte Suprema dejara firme la condena en Vialidad y se aceptara que la expresidenta cumpliera en ese departamento de Monserrat su arresto domiciliario.
Calle nunca habitó esa propiedad en la que invirtió más de 170 mil dólares. Primero negó la operación en los medios, pero después aceptó ante la Justicia que había adquirido el inmueble para instalar allí una fundación, aun nonata. ¿Fue una adquisición para quedar bien con su jefa política? ¿O inducida por la cúpula de la UOM, en aquel momento al mando de Abel Furlán, con el mismo objetivo? El juez Julián Ercolini avanza en una pesquisa sobre el patrimonio de Calle y sobre el manejo de las finanzas del gremio metalúrgico.
Se confirmó este domingo que Recalde también es vecino de Cristina por ser dueño del departamento identificado como 1 «A» en San José 1111. Él cuenta con al menos una ventaja respecto a Calle, si es que puede describirse de ese modo el año en que su familia compró el inmueble de lo que, casi una década después, se convertiría en un edificio emblemático en la historia de los Kirchner: fue adquirido en agosto de 2016, por lo que no habría sospechas de una compra reciente para «proteger» o «ayudar» a la expresidenta.
Recalde, al igual que Calle, tampoco vivió nunca en esa propiedad. Con todo, los interrogantes que giran alrededor de la compra del 1 «A» por parte de los Recalde son quizás más intrigantes y complejos que las singularidades que rodean hoy los infortunios judiciales de la familia K. Ocurre que Mariano Recalde es el dirigente de La Cámpora que más se entrelazó con los negocios privados de los Kirchner, todos bajo investigación judicial. Quizás conociendo esa historia se comprenda mejor por qué siguió a los K al adquirir una propiedad en el mismo edificio casi una década antes de que se convirtiera en el lugar de arresto de la expresidenta.
A la espera de otro juicio
Los Kirchner esperan la fecha de inicio de uno de los juicios más complicados para ellos debido a la cantidad de pruebas recolectadas en su contra. Se trata de la causa conocida como Hotesur-Los Sauces. Esos son los nombres del hotel más grande que compraron en El Calafate y de la inmobiliaria con la que adquirieron decenas de propiedades, tanto en el sur como en la Capital Federal, que terminaron alquilando a los mismos inquilinos: los empresarios Lázaro Báez y Cristóbal López, entre otros. Báez, y después otro de sus socios, Osvaldo Sanfelice, les alquiló Hotesur por un precio muy superior al del mercado de entonces. Esas «alianzas» comerciales les garantizaron a los Kirchner ganancias millonarias en operaciones de renta y compraventa de propiedades.
El apellido Recalde se repite en esa trama de negocios que mezclaron fondos públicos con emprendimientos privados que beneficiaban a los clientes de los Kirchner. El camporista Mariano Recalde era el titular de Aerolíneas Argentinas cuando la empresa decidió contratar al hotel Alto Calafate (Hotesur), ya siendo propiedad de los Kirchner, para alojar a las tripulaciones de los vuelos que llegaban y salían de esa localidad. Esa operación le generó al Alto Calafate una ganancia cercana a los 5 millones de dólares.
La Justicia investigó el caso. ¿Por qué Aerolíneas Argentinas, bajo el gobierno kirchnerista y administrada por un referente como Recalde, benefició de tal modo a una empresa de los Kirchner? El juez Claudio Bonadio allanó las oficinas de la compañía estatal, pero nunca se encontraron del todo los contratos entre la firma y Hotesur, aunque existieron. Recalde también había aceptado que Aerolíneas Argentinas entregara un cupón a los pasajeros que viajaban a El Calafate para obtener un descuento del 30 por ciento en otro hotel de la familia, llamado Los Sauces, en coincidencia con el nombre de la inmobiliaria, aunque se trataba de negocios diferentes.
La Justicia, tras años de dilaciones generadas por recursos legales de los abogados defensores, no avanzó hacia una definición final sobre el rol de Aerolíneas y el crecimiento financiero de los hoteles K. Ese no fue el único negocio en el que la familia Recalde se entremezcló con los emprendimientos privados de los Kirchner que les generan problemas judiciales hasta la actualidad. El hermano de Mariano Recalde, Leandro Recalde, fue nombrado directivo de las empresas Hotesur y de la inmobiliaria Los Sauces en varias oportunidades.
Aunque ninguno de los Recalde está imputado en el juicio por lavado de dinero que buscará determinar si hubo blanqueo y coimas en esas compañías, su rol en la trama es indudable. Leandro Recalde empezó a figurar en los directorios de Hotesur y Los Sauces en 2020. En ese momento, los Kirchner habían logrado remover la intervención que la Justicia había impuesto sobre sus empresas. En los informes de una de las interventoras de Los Sauces —firma que en 2015 compró el departamento que hoy ocupa Cristina Kirchner en San José 1111— se había incluido una liquidación de expensas del resto de los pisos. Allí ya aparecía el nombre de Mariano Recalde como propietario de una unidad en el edificio.
El dato se actualiza hoy debido a que allí cumple su arresto la expresidenta, rodeada de vecinos «amigos» o subordinados de la política. Los Recalde siguen colaborando con los K en sus negocios privados hasta la actualidad. De acuerdo con el Boletín Oficial de Santa Cruz del 11 de agosto pasado, Leandro Recalde fue designado director suplente de Hotesur SA, la firma del hotel Alto Calafate. Como director titular se nombró a otro allegado a Máximo Kirchner, Sebastián José Sánchez. Ambos constituyeron domicilio en Mascariello 441, Río Gallegos, el chalet que habitaba Cristina Kirchner hasta su confinamiento por orden judicial.
La otra empresa investigada y con bienes embargados, Los Sauces SA, también modificó su directorio, según el Boletín Oficial santacruceño del 26 de agosto pasado. Se repitió la misma fórmula: Sebastián José Sánchez como director titular y Leandro Recalde como director suplente. El departamento de San José 1111 que habita Cristina fue comprado por Los Sauces y se encuentra embargado y en vías de decomiso. Si eso sucediera, la expresidenta quizás podría mudarse al piso de abajo, el de Soledad Calle. O al de los Recalde. Son hipótesis.
