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Molino Cañuelas, avanza el plan para recuperar a la dueña de los bizcochos 9 de Oro

A cinco años de haberse presentado en concurso preventivo, Molino Cañuelas entró en la etapa final del proceso para reestructurar su deuda de u$s 1.300 millones.

La alimenticia de la familia Navilli ya completó una parte de los pagos acordados con sus acreedores y continúa avanzando con el resto.

El acuerdo fue homologado por la Justicia el 31 de julio de 2025, después de casi cuatro años de negociaciones y con el respaldo de acreedores que representaban el 90% de la deuda reconocida.

“Estamos en la instancia final del proceso, que implica el cumplimiento de las obligaciones de pago asumidas en el marco del acuerdo homologado”, explicaron desde la empresa.

En estos cinco años, la empresa siguió operando y conservó sus principales marcas, aunque también hizo cambios sobre algunos de sus activos. Alquiló una planta que llevaba años sin actividad, puso 7 marcas como garantía y avanzó con la venta de inmuebles que ya no utilizaba.

Exporta a más de 80 países y está invirtiendo en nuevas líneas para ampliar su oferta en distintas categorías.

Antes de llegar al concurso preventivo, Molino Cañuelas atravesó varios años de fuerte crecimiento. La compañía de la familia Navilli sumó plantas, incorporó marcas y ganó peso en el mercado de alimentos, con una estructura que también comenzó a demandar cada vez más financiamiento.

En 2016, le compró a Cargill su operación de molienda de trigo en la Argentina, que incluía 7 molinos harineros distribuidos en distintas provincias. También se quedó con la participación que la multinacional tenía en Trigalia, la sociedad que hasta entonces compartían ambas empresas.

Con la compra, sumó nuevos activos y capacidad de molienda. Al mismo tiempo, continuó creciendo en alimentos de consumo masivo con marcas como 9 de Oro, Pureza, Cañuelas, Paseo y Mamá Cocina.

Parte de esa expansión se había financiado con deuda. Para reducirla, en 2017 la empresa comenzó a preparar una salida a Bolsa. La operación estaba prevista para el año siguiente y una parte de los fondos que esperaba obtener iba a utilizarse para cancelar pasivos.

En 2018, suspendió la salida ante el cambio en las condiciones financieras y comenzó a negociar directamente con sus principales acreedores. La compañía buscó reestructurar su deuda mediante un acuerdo privado, pero las conversaciones se extendieron durante los años siguientes.

En 2019, la devaluación del peso aumentó el peso de las obligaciones en dólares. Un año después se sumó la pandemia, mientras la alimenticia seguía negociando con bancos locales, entidades internacionales y organismos financieros.

Molino Cañuelas logró avanzar con una parte de sus acreedores, aunque no consiguió cerrar un acuerdo con todos. Para 2021, la deuda financiera rondaba los u$s 1300 millones.

En septiembre de ese año, después de que algunos acreedores avanzaran con reclamos judiciales, Molino Cañuelas y Compañía Argentina de Granos (CAGSA) se presentaron en concurso preventivo. La causa quedó en manos del Juzgado Civil y Comercial de 6° Nominación de Río Cuarto, Córdoba.

La Justicia abrió formalmente ambos concursos el 22 de septiembre de 2021 y dispuso la inhibición general de bienes de las dos compañías. En el caso de la compañía de los Navilli siguió operando durante todo el proceso.

En medio de la reestructuración, también sumó Costumbres Argentinas. En julio de 2025 compró la cadena de panaderías, que entonces contaba con 80 sucursales y 600 empleados. La operación incluyó el fondo de comercio de Grupo Almar y la marca, pero no la planta de 14.000 m2 de Don Torcuato, que permaneció en manos de sus anteriores dueños.

La adquisición se realizó a través de Molinos Florencia, una empresa independiente de Molino Cañuelas que forma parte del mismo grupo.

A fines de 2025, la Justicia autorizó la constitución de un fideicomiso de garantía por unos u$s 15,7 millones, integrado por Cañuelas, Pureza, 9 de Oro, Pigüé, Letizia, Paseo y Mamá Cocina. La medida no implicó su venta.

Parte de ese patrimonio se había construido varias décadas antes. En 1985, la compañía lanzó 9 de Oro, Pureza y Cañuelas. Ese mismo año compró una planta de galletitas en Rosario y comenzó a crecer con fuerza en alimentos de consumo masivo.

Para 2018, la primera concentraba el 44% del mercado argentino de bizcochos, mientras la segunda se había convertido en uno de sus principales nombres dentro de harinas.

Con los años también aparecieron nuevas marcas y productos. Mamá Cocina comenzó a venderse en 2006, inicialmente con premezclas, pan rallado, rebozadores y panificados congelados. Paseo se incorporó después con galletitas, crackers, tostadas y grisines.

En 2016, con la compra de la operación de molienda de trigo de Cargill, sumó Letizia, además de otros nombres vinculados con harinas y Trigalia, que quedó dentro de su división industrial.

Durante el concurso, la compañía siguió desarrollando varias de esas líneas. La oferta se extendió a nuevas variedades de galletitas y snacks, mientras en harinas se agregaron premezclas y productos libres de gluten, entre otros alimentos.

La compañía también comenzó a desprenderse de activos que ya no utilizaba. Uno de los primeros casos fue el de Puerto Vilelas, Chaco, donde tenía una planta que llevaba cerca de tres años sin actividad.

A fines de 2021, la Justicia autorizó el alquiler del establecimiento a Glencore. El contrato fijó un canon de u$s 22.704 mensuales y contempló además el abastecimiento de trigo destinado a otra planta ubicada en Resistencia.

En ese momento, la empresa calculó un ahorro de alrededor de u$s 400.000 anuales en costos operativos y de mantenimiento.

Más adelante, también avanzó con la venta de otros activos. Durante 2026, se desprendió de dos propiedades en Río Cuarto, un inmueble en San Justo, partido de La Matanza, y automotores.

A la lista se sumó un predio de 10,8 hectáreas en Coronel Hilario Lagos, La Pampa, que contaba con edificios, silos, instalaciones y maquinaria para el almacenamiento y acopio de cereales y oleaginosas.

El inmueble ya estaba alquilado desde antes de la presentación judicial. En marzo de 2021, Los Grobo Agropecuaria lo tomó por cinco años, por u$s 60.000 anuales más IVA, con una opción de compra de u$s 1,2 millones.

En febrero de 2024, Los Grobo decidió ejercer esa opción. Sin embargo, tiempo después ingresó en concurso preventivo y Amaggi Argentina terminó ocupando su lugar como comprador del inmueble.

El precio final de la operación quedó en u$s 1,14 millones, tras descontar parte de los alquileres abonados.

Molino Cañuelas explicó que ya no utilizaba el predio en su actividad productiva y tampoco tenía previsto volver a hacerlo. Finalmente, en julio de 2026, la Justicia autorizó la venta a Amaggi.