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En el peronismo cada uno hace su juego, aunque digan que buscan la unidad

En el peronismo están convencidos de que el programa económico de Javier Milei entró en una “fase crítica”. El hecho de que el presidente haya tenido que afrontar en Estados Unidos inquietudes sobre una posible recesión y que, a su regreso al país, pusiera en cuestión la eficacia de los indicadores oficiales del Indec, no hizo más que confirmar, para el principal partido de oposición, que el rumbo libertario no está firme como sostiene el Gobierno.

El diagnóstico de los referentes del PJ y sus aliados ya se reflejaba en las intervenciones de los congresistas de Unión por la Patria y en los discursos del gobernador Axel Kicillof, que llevó sus cuestionamientos hasta la capital financiera norteamericana, pero a puertas cerradas los comentarios son aún más punzantes. Esa es la conclusión que se llevan quienes visitan a Cristina Kirchner en San José 1111 y a Sergio Massa en sus oficinas de Retiro.

La expresidenta no está solamente ocupada de sus causas judiciales. Lo comprobó días atrás Juan Manzur, el exgobernador de Tucumán y exjefe de Gabinete del extinto Frente de Todos, que pasó un par de horas conversando con ella en el departamento de Constitución, centralmente sobre la marcha de la economía y su “impacto negativo” en las provincias. Cristina no baja más mensajes por las redes, pero quienes la visitan se llevan su opinión.

El diagnóstico que hace la jefa del PJ nacional tiene una traducción política. Manzur no llegó a San José 1111 solo a hablar de variables económicas, sino a conseguir una foto con Cristina y dejarle claro a los tucumanos que cuenta con su aval para competir por la gobernación el año próximo. Lo hizo con encuestas en mano, según las cuales la expresidenta tiene una aceptación en torno al 50% en los sondeos que se hacen en provincias norteñas, sobre todo en Tucumán.

En la cumbre del Grupo de los 10 que se realizó el 12 de agosto en el hotel Emperador porteño, los principales referentes del peronismo habían acordado iniciar acciones en las provincias cuyos gobernadores con origen peronista estaban negociando y pactando con la Casa Rosada. Ese operativo ya comenzó: en el caso de Tucumán, la figura que se instala en paralelo al gobernador Osvaldo Jaldo –que quiere su reelección- es la de Manzur.

Catamarca es otro caso emblemático. Allí el apuntado es el gobernador Raúl Jalil, tal vez el que más sintonía tuvo con los libertarios en el poder nacional desde 2023. El peronismo eligió un apellido histórico de la provincia para destronarlo. Se trata de Gustavo Saadi, intendente de la ciudad capital de San Fernando del Valle y primo del exgobernador Ramón Saadi. Para la oferta nacional, la candidata a senadora podría ser la exmandataria kirchnerista Lucía Corpacci.

Aunque no está tan claro que el peronismo vaya a jugar a fondo contra los actuales gobernadores, a los que sigue considerando “compañeros” pese a que destiñeron hacia el violeta mileísta. “Jalil ya está levantando la bandera de rendición”, deslizó uno de los miembros del Grupo de los 10, al que se sumaron Massa, Kicillof y Máximo Kirchner, pese a sus diferencias explícitas. Es que van a necesitar los votos de esas provincias en el Congreso.

La propia Cristina, de imagen intransigente cuando tenía participación pública, envía en ese punto un mensaje interno más conciliador. “Recibiría a todo aquel que quiera charlar con ella. Si piden una reunión en San José 1111, que den por hecho que los recibe”, afirmó un estrecho colaborador de la expresidenta, al ser consultado sobre un eventual regreso al ruedo de los gobernadores Jaldo y Jalil, presionados por la posibilidad de perder sus provincias.

Hay un tercer gobernador de origen peronista que está apuntado desde el PJ en Buenos Aires. Es el salteño Gustavo Sáenz, quien fuera compañero de fórmula de Massa en 2015 y que, a diferencia del exministro de Economía, se mantiene en una línea política abiertamente anti-kirchnerista. Después de Jaldo y Jalil, el próximo mensaje del peronismo llegaría directo a la gobernación salteña.

En vuelos que pagará el Consejo Federal de Inversiones (CFI), tanto Sáenz como Jalil viajarán a París esta semana para participar del Argentina Week, un evento al cual el Gobierno otorga mucha importancia para captar inversiones. Los gobernadores de Salta y Catamarca no parecen intimidados por las presiones del PJ para tomar distancia de Milei, con quien se tomarán en los próximos días una fotografía política de alta densidad.

En sus conversaciones con dirigentes y militantes, por ahora todas a puertas cerradas, Massa también aborda la cuestión económica. Aunque fiel a su estilo, pide bajar los números que juzga negativos a la realidad cotidiana de la población. En la reciente charla con los jóvenes del Frente Renovador, les pidió ser “empáticos con los jubilados y discapacitados, con los endeudados y con los pibes que están precarizados y explotados en su laburo”.

En el entorno de Massa reaccionaron ante las críticas de Milei a su jefe y al exviceministro de Economía Gabriel Rubinstein, sobre quien remarcaron que “hace tres años” que no integra los equipos del Frente Renovador. El tigrense advierte a sus interlocutores que, pese a las críticas a la economía de Milei, no deben sobregirarse ni tampoco ponerse “ansiosos” porque todavía falta un año para el proceso electoral y un eventual recambio presidencial.

En el caso de Kicillof, sus cuestionamientos al rumbo económico que fijó Milei son públicos y los llevó a Nueva York, donde dijo que “no hay milagro en la Argentina”, en presentaciones que hizo en paralelo a las del presidente en la capital financiera global. El gobernador de Buenos Aires es quien más claramente se posicionó como contrafigura de Milei –con ayuda del propio jefe de Estado- y como economista expresa un modelo diametralmente opuesto.

La instalación de Kicillof, que parece haber inaugurado su campaña cuando dijo “pueden contar conmigo para el año que viene”, contrasta con la reserva con la que se sigue manejando Massa y, sobre todo, con la estrategia de Cristina de no participar del debate público directamente sino a través de lo que comunican los dirigentes que la visitan. Por eso sigue sin estar claro si serán capaces de confluir en un programa común o deberán dirimirlo en una interna.