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La OMS creó la red ciudades amigables con los mayores. San Miguel de Tucumán no se sumó todavía

La Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsa una red internacional de ciudades y comunidades comprometidas con la adaptación de sus entornos a las necesidades de las personas mayores. La iniciativa busca promover condiciones que favorezcan la autonomía, la seguridad, la salud y la participación social durante el envejecimiento.

La adhesión no constituye una certificación ni un premio. Implica el compromiso de los gobiernos locales de escuchar a las personas mayores, identificar las barreras que enfrentan y diseñar políticas y servicios que respondan a sus necesidades y preferencias.

En las Américas, la red cuenta con presencia en 18 países y territorios. En marzo de 2026, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que más de mil ciudades de la región habían ingresado o estaban en proceso de incorporación. La cifra refleja la expansión de una iniciativa que promueve la participación de las personas mayores en el diseño y la evaluación de los entornos donde viven.

Argentina integra esta red con municipios de distintas provincias. El registro de la OPS incluye localidades incorporadas en diferentes años, entre ellas La Plata, Vicente López, Mar del Plata, municipios mendocinos y, más recientemente, Bahía Blanca, Escobar, Jáchal y Formosa.

Argentina participa en la iniciativa con localidades de distintas provincias. El registro de la OPS, que permite consultar las incorporaciones por año, incluye a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Plata, Vicente López, Mar del Plata y Batán, además de municipios de Mendoza y localidades de otras jurisdicciones.

La nómina también registra a San Martín, Azul, General La Madrid, San Isidro y Saladillo, entre otras localidades. En 2024 se incorporaron Bahía Blanca, Escobar, el departamento de Jáchal, en San Juan, y la ciudad de Formosa. General Viamonte y Camilo Aldao figuran con año de incorporación 2023, mientras que Monte Cristo aparece en 2022.

El objetivo común es construir entornos en los que las personas mayores puedan conservar su autonomía, acceder a servicios y participar de la vida comunitaria. Las intervenciones pueden abarcar desde mejoras en la infraestructura urbana hasta cambios en la organización del transporte, la información pública y los sistemas de atención.

El modelo parte de una definición amplia de envejecimiento saludable. No se limita a prevenir enfermedades: también busca mantener la capacidad funcional que permite a las personas hacer aquello que valoran, de acuerdo con sus condiciones, necesidades y preferencias. La adaptación de los entornos puede beneficiar, además, a personas con discapacidad, familias con niños y otros grupos que encuentran barreras para desplazarse o acceder a servicios.

El diagnóstico de una ciudad amigable examina ocho dimensiones de la vida urbana: espacios al aire libre y edificios; transporte; vivienda; respeto e inclusión social; participación social; participación cívica y empleo; comunicación e información; y servicios de apoyo comunitario y de salud.

La metodología de la OMS propone incorporar las experiencias de las personas mayores en el diagnóstico de cada comunidad. Las consultas permiten reconocer problemas que pueden pasar inadvertidos en los registros administrativos, como dificultades para cruzar una avenida, esperar un colectivo sin asiento o ingresar a un edificio público.

El Protocolo de Vancouver constituye uno de los antecedentes metodológicos del proyecto global. Su enfoque combina información sobre las condiciones de la comunidad con consultas cualitativas a personas mayores y otros actores, entre ellos cuidadores y proveedores de servicios públicos, privados y de organizaciones de la sociedad civil.

La guía de la OMS organiza las preocupaciones recogidas en las consultas alrededor de las ocho dimensiones urbanas. A partir de ese análisis, cada localidad puede identificar fortalezas, obstáculos y prioridades para elaborar una estrategia de intervención.

Los diagnósticos realizados en ciudades argentinas identificaron reclamos recurrentes por el mal estado de las veredas, la falta de accesibilidad en edificios públicos y las dificultades para utilizar el transporte público. También se registraron quejas por el trato de algunos choferes.

Las personas consultadas valoraron el diseño urbano, los espacios verdes y la oferta de actividades culturales y recreativas, aunque señalaron que los horarios no siempre resultan adecuados. La inseguridad, el deterioro de los espacios públicos, el incumplimiento de normas de tránsito y la inaccesibilidad de edificios aparecieron como obstáculos para la participación social.

El acceso a la salud concentró otra serie de dificultades en los sistemas público, de obras sociales y privado. Los copagos en consultas y medicamentos, las demoras para obtener turnos y la escasez de prestaciones destinadas a situaciones de dependencia afectan con mayor intensidad a quienes tienen menores ingresos o edades más avanzadas.

Las consultas también mostraron problemas vinculados con la digitalización obligatoria de trámites, el uso de cajeros automáticos, los centros de atención telefónica y otros dispositivos para los cuales muchas personas mayores no tuvieron oportunidades de aprendizaje. Las personas mayores denominaron esa situación maltrato tecnológico.

El enfoque de la OMS plantea que el envejecimiento saludable consiste en fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Para ello propone reconocer la diversidad de las personas mayores, reducir desigualdades, garantizar el derecho a elegir y favorecer la posibilidad de envejecer en el lugar donde cada persona vive.

La planificación local comprende cuatro etapas: planificación, ejecución, evaluación y mejora continua. Las personas mayores intervienen en el diagnóstico, la ejecución, el seguimiento y la evaluación mediante instancias como consejos de personas mayores, consejos intersectoriales o grupos de trabajo comunitario.