La recuperación del papa León XIV tras la operación en la que el martes le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho por un tumor maligno se desarrolla sin problemas, dentro de lo esperable, según el parte médico del segundo día de la internación. Pero sigue abierta la expectativa acerca de si ya no quedan restos del cáncer como suponen las fuentes vaticanas más optimistas o hay que esperar el resultado de los estudios de rigor como creen las más cautelosas.
Tras informarse que Robert Prevost había pasado “tranquilo” la primera noche, el segundo parte de los médicos Luigi Carbone -el facultativo papal- y Stefano Margaritora -quien lo operó- consignaba que se le había hecho “un análisis de sangre y la radiografía de tórax programados tras la cirugía” y que “los resultados confirman una recuperación postoperatoria normal: los valores se encuentran dentro de los límites normales para el tipo de cirugía que se realizó.
Ademas, los médicos señalaban que el papa “recibió fisioterapia respiratoria”. También que “ha comenzado a caminar por la habitación y retomado su dieta habitual, desayunando y almorzando”. Por lo que concluía que “su recuperación transcurre según lo previsto”. Aunque no dieron precisiones sobre días que insumirá la internación que el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, inicialmente dijo sería de una semana.
A su vez, el cirujano español Diego González Rivas, cabeza del equipo que desarrolló la técnica mínimamente invasiva con la que fue operado el papa, habló acerca de la terapia que podría requerir para prevenir nuevas células cancerígenas. Estimó que “en unos diez o quince días” se sabrá la agresividad del tumor, pero que “por lo que me dicen estaba en fase inicial y probablemente no necesite tratamiento, pero dependerá del resultado de la patología”.
Quizá sin proponérselo, González Rivas alimentó la esperanza de los muchos que en Uruguay, Argentina y Perú esperan ansiosamente la visita de León XIV, al señalar que la técnica de su equipo permite “una recuperación más rápida del paciente”. Si bien no mencionó un lapso determinado -que seguramente tiene mucho que ver con el estado de cada uno- los médicos suelen barajar para este tipo de intervención entre dos semanas y un mes.
En principio, está previsto que León XIV parte el 6 de noviembre a la mañana rumbo a Uruguay, donde estará un día y medio, luego siga a Argentina para una estadía de tres días y medio y finalmente concluya en Perú por un lapso de seis días. Si bien Bruni dijo este martes que el papa “manifestó su deseo e intención de ir” y el viaje formalmente continúa programado, sigue siendo una incógnita si efectivamente se concretará.
En ese contexto, cobraron relevancia las declaraciones de la presidente de Perú -país adoptivo de Robert Prevost-, Keiko Fujimori, quien pareció ir preparando el terreno entre los fervorosos peruanos ante una eventual postergación del viaje. “Entendemos que esta recuperación va a tomar varias semanas más de lo previsto. Por lo tanto, entendemos que podría haber algún cambio en el calendario de su visita”, dijo.
Otro que “abrió el paraguas” fue el presidente de la Conferencia Episcopal de Uruguay, el cardenal Daniel Sturla. Consideró “posible que los médicos no le permitan ver ahora porque necesita tratamiento, pero puede venir más adelante”. En tanto, su par de la Iglesia argentina, monseñor Marcelo Colombo, dijo que si bien la visita “sigue vigente” hay que esperar una ratificación del Vaticano.
Eso sí, la confirmación o cancelación del viaje no puede demorar por todo lo que implica su organización. Hay quienes creen que la fecha límite es el martes de la semana que viene cuando se cumplan los siete días que presuntamente demandará la internación. Habrá que ver si el papa reaparece el domingo en la ventada de su habitación para el rezo del Ángelus como había hecho Francisco y hace alguna alusión.
Después de la sorpresa que causó el anuncio del papa el domingo tras el rezo del Ángelus de que iba a ser operado por un nódulo en un pulmón y el golpe el martes de conocerse que se le había extraído un tumor maligno, el Vaticano comenzó su jornada este miércoles con una misa en la Plaza de San Pedro que debía presidir León XIV con motivo de la clausura de un encuentro de presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo.
El papa envió un mensaje a la misa en la que, además, de agradecer las oraciones, dijo que leerá “los frutos de su trabajo y sus debates” que giraron en torno a los desafíos que afronta la Iglesia en el acompañamiento a las familias ante la crisis que esta sufre y que ofrecerá “sus reflexiones a su debido tiempo”, no permitiendo una declaración final sin su consentimiento.
Además de ser una reafirmación de su autoridad, revela lo delicado que es el tema porque en su encíclica Amoris Laetitia Francisco habilitó a que los católicos divorciados en nueva unión pudieran comulgar bajo ciertas condiciones suscitando la ira de los sectores más conservadores. El cardenal Luis Tagle, que lo reemplazó, advirtió en la homilía que «sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, el mundo no tiene futuro”.
La convalecencia de un pontífice es un problema para el gobierno de la Iglesia porque el Sucesor de Pedro es un monarca absoluto y muchas de las decisiones pasan por él. Lo cual implica que durante su internación el Vaticano entra “en pausa”, más allá de la marcha de las cuestiones cotidianas que no requieren de su aprobación. No hay “vicepapa”, ni papa suplente. Sólo hay un responsable de la transición cuando un papa muere o renuncia: el camarlengo.
Mientras tanto, en todo el mundo se multiplicaron las misas y encuentros de oración por el pronto restablecimiento del papa como fue el caso de la ciudad de Buenos Aires, donde el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, ofició una misa en la catedral metropolitana. El déjà-vu respecto de las internaciones de Juan Pablo II y Francisco que implica la de León XIV, más allá del éxito de la operación, conlleva una cuota de angustia en el Vaticano.
