La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para la producción de contenidos, pero también plantea interrogantes sobre el futuro de la voz humana, la identidad y el trabajo de los profesionales de la comunicación. Omar González Frau, locutor y productor con más de tres décadas de experiencia en medios de América Latina, abordó estos desafíos.
González Frau es autor de «¿Y ahora qué carajo hacemos? Inteligencia artificial: más de 50 voces», libro en el que reúne distintas miradas sobre una tecnología que avanza a gran velocidad.
A lo largo de su carrera, narró documentales para señales internacionales como Discovery Channel, Animal Planet y Nat Geo. Además, su voz formó parte de la identidad de canales como Europa Europa, Hallmark Channel, Space, ESPN y ZEE Mundo, entre otros.
Al explicar sus inquietudes sobre la tecnología, el locutor aclaró que no es especialista en inteligencia artificial, sino alguien que busca comprender sus alcances y consecuencias desde su experiencia profesional.
“Al hacer el libro me preguntaba por mi trabajo. Yo no soy especialista en tecnología: sí un conversador”, señaló.
Sobre la clonación de voces, explicó que replicar la identidad vocal de una persona requiere material de referencia y que la calidad del resultado depende, entre otros factores, de los recursos disponibles.
“Para clonar tu voz no es que la clonan fácilmente; necesitan cierto material. Nos pueden clonar a cualquiera de cualquier lado con horas de radio. Toman eso, lo graban y pasan, pero la calidad es menor. Eso es lo más probable hoy, pero esto escala a un vértigo tremendo”, advirtió.
El avance de estas herramientas también abre interrogantes sobre la posibilidad de utilizar voces ajenas sin autorización, incluso para suplantar identidades o cometer estafas.
González Frau también cuestionó la idea de que la inteligencia artificial pueda producir contenidos de calidad sin intervención humana. En particular, se refirió a las exigencias de la radio y de los audiolibros, ámbitos en los que la voz, la interpretación y la operación técnica tienen un papel central.
“La IA no estaría funcionando demasiado bien para hacer una mañana de radio. Se la puede hacer interactuar. Mucha gente cree que apretás un botón y se hace solo. En audiolibros, quien lo hace con IA tiene que trabajar mucho”, explicó.
Y agregó: “Una cosa son las voces grabadas; la IA puede hacer muchas cosas, pero alguien las tiene que operar. No deja de ser una herramienta”.
Para el profesional, el debate no pasa únicamente por lo que la tecnología puede hacer, sino también por las decisiones humanas que determinan cómo se utiliza.
La regulación es otro de los puntos que considera centrales frente al avance de la inteligencia artificial. González Frau planteó que las normas y las condiciones institucionales del trabajo profesional deben formar parte de la discusión.
“Regulación sería la palabra que va primero en la lista, pero la realidad nos muestra otra cosa. Para la institucionalidad de una emisora, tiene que ser un locutor matriculado. Si se desregulase, dejaría de ser así”, sostuvo.
También puso el foco en la responsabilidad individual frente a estos cambios y en la relación que cada profesional decide establecer con las nuevas herramientas.
“Está la decisión personal de cómo me planto ante determinadas cosas. Las voces clonadas salen casi del mismo lugar, salvo que clones tu propia voz y la administres”, reflexionó.
Aun con las posibilidades que ofrece la tecnología, González Frau destacó un aspecto que considera difícil de reproducir: la pasión humana.
“La IA no se va a pinchar con una rosa y no va a tener la pasión que uno tiene”, concluyó.
