La inteligencia artificial promete transformar la economía, el empleo y prácticamente todas las actividades humanas. Pero también plantea interrogantes sobre el futuro del trabajo, la desigualdad social y las posibilidades reales de que la Argentina encuentre un lugar en esta revolución tecnológica. Alexander Ditzend, presidente de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA), tiene una mirada que combina optimismo tecnológico con algunas advertencias incómodas.
Para el especialista, la reconversión laboral será inevitable, aunque eso no significa que todos los trabajadores deban convertirse en programadores. También considera que la Argentina tiene oportunidades concretas para desarrollar soluciones de IA en sectores como el agro, la minería y el petróleo. Sin embargo, advierte que el país difícilmente puede competir como potencia tecnológica con Estados Unidos o China y cuestiona la contradicción entre impulsar una estrategia ambiciosa de inteligencia artificial y restringir los recursos destinados a la ciencia y las universidades.
En diálogo con PERFIL, Ditzend analiza estos desafíos y plantea una cuestión central: la inteligencia artificial debe servir para mejorar las decisiones humanas, pero nunca reemplazar la responsabilidad de las personas en asuntos sensibles.
-Usted ha dicho que la IA reemplazará tareas repetitivas y que los trabajadores deberán reinventarse. En un país con problemas de empleo, bajos salarios y dificultades educativas, ¿no es demasiado optimista pensar que todos podamos reconvertinos?
-Cuando digo que los trabajadores deberán reinventarse, no lo planteo como una opción ni como una propuesta: es una realidad que todos tenemos que afrontar. Eso no significa que un empleado administrativo de 50 años tenga que convertirse en especialista tecnológico. Significa que podrá concentrarse en tareas más complejas, que impliquen resolver situaciones contradictorias y que requieran de su experiencia, mientras los sistemas de inteligencia artificial se ocupan de las tareas simples y repetitivas.
-Suele decirse que la IA generará más puestos de trabajo de los que destruya. Esa proyección, válida para anteriores revoluciones tecnológicas, ¿se aplicará también a esta?
-Hasta ahora, no he visto métricas que permitan aislar el efecto de la inteligencia artificial sobre el desempleo. Muchas veces, los países manipulan las estadísticas para ocultar sus propias crisis económicas y atribuirle la responsabilidad a la IA. Al mismo tiempo, la incorporación de automatizaciones genera nuevos problemas en una escala exponencial, y eso también da lugar a nuevas formas de trabajo.
-Las empresas pueden aumentar su productividad y reducir costos. ¿Algo garantiza que esos beneficios lleguen al conjunto de la sociedad? ¿Podría ocurrir que la IA haga crecer la economía, pero también aumente la desigualdad?
-La brecha entre los más ricos y los más pobres va a seguir ampliándose. Lo novedoso es que la inteligencia artificial permite reducir cada vez más los costos de la salud, los alimentos, la vivienda, la vestimenta y la educación. Así, aunque la distancia aumente, también puede mejorar el piso de las condiciones de vida.
-¿Argentina tiene posibilidades reales de convertirse en una potencia en IA o existe una sobreventa gubernamental del tema?
-Solo hay dos países con potencial de seguir siendo potencias en inteligencia artificial: Estados Unidos y China. Argentina, por su parte, tiene todo para convertirse en un actor relevante. Cuenta con un talento y una cultura de adaptación únicos, además de condiciones ideales para instalar centros de datos. La tercera pata de ese posicionamiento es construir un ecosistema que permita florecer la innovación, acompañado por una regulación moderna. Pero ser un actor relevante no es lo mismo que ser una potencia. Para eso hacen falta muchos años de acumulación de capital: la industria de la IA exige inversiones de una magnitud que a la Argentina todavía le llevará tiempo alcanzar.
-¿Qué rol podría ocupar Argentina en el negocio global de la IA que no puedan desempeñar mejor Estados Unidos, China u otros países?
-Ningún país puede resolver todos los problemas. Argentina puede especializarse, por ejemplo, en soluciones para el agro, la minería y el petróleo, sectores en los que cuenta con profesionales experimentados y datos propios. Sobre esa base, podría desarrollar modelos de inteligencia artificial, convertirlos en servicios y exportarlos. En esas industrias, podríamos ofrecer soluciones de mayor calidad que las de Estados Unidos o China.
-¿Es compatible una estrategia ambiciosa de desarrollo de IA con las crecientes restricciones presupuestarias sobre el sistema científico y universitario argentino?
-Para nada. Una estrategia ambiciosa en IA requiere muchas más personas formadas, con conocimientos sólidos en ciencias básicas.
-¿Debería existir alguna regulación estatal específica sobre la inteligencia artificial? ¿Cuáles serían los principales aspectos que habría que regular?
—La inteligencia artificial se aplica a todas las actividades humanas, por lo que resulta muy difícil abordarla con una única ley general. Desde SAIA proponemos pensar la regulación poniendo a las víctimas en el centro. Hoy, por ejemplo, entre las principales víctimas están las chicas de entre 14 y 16 años cuyos compañeros de colegio toman fotos de sus redes sociales y usan IA para generar imágenes de desnudos y venderlas. Para proteger a esas chicas no hace falta una ley general de inteligencia artificial: hacen falta decisión política, foco y un conjunto de medidas coordinadas.
-La mentalidad argentina ¿aceptaría que una IA decidiera quién recibe un tratamiento médico, un subsidio o una condena judicial?
-Creo que no. Y tampoco me parece correcto que eso ocurra en ninguna parte del mundo. La inteligencia artificial debe ayudar a las personas a tomar mejores decisiones, no reemplazarlas en decisiones que les corresponden. Puede potenciar el criterio humano, pero la decisión final tiene que quedar en manos de una persona.
-¿Somos conscientes de que entregamos nuestros datos para entrenar modelos de lenguaje? ¿Debería existir alguna retribución por ese uso?
-Creo que estamos atravesando una reconfiguración muy rápida y profunda. Podemos trazar una analogía con lo que ocurrió cuando cayó la venta de discos y se extendió la circulación de archivos MP3 pirateados por internet. Luego llegó el iTunes Store de Steve Jobs, con un modelo de venta de canciones por la web que se ajustaba a las necesidades y a la tecnología de ese momento. Cuando cambió el modelo de negocio, la piratería bajó drásticamente. Creo que hoy volvemos a estar en una etapa intermedia: los creadores de modelos y los dueños de los datos están definiendo un nuevo sistema de retribución. Todavía está tomando forma, pero creo que avanzamos en esa dirección.
El 20 de octubre, Buenos Aires será sede de la cuarta edición de SAIACONF 2026, uno de los principales encuentros del ecosistema argentino de inteligencia artificial. Organizado por la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA), se realizará entre las 9 y las 14 en BA Ferial, Centro Costa Salguero, como parte de TECweek 2026.
Bajo el lema “Más Capacidad. Más Rentabilidad. Más Humanidad”, la jornada reunirá a especialistas, empresarios, investigadores, emprendedores y representantes del sector público para debatir cómo transformar los avances de la IA en mejoras concretas de productividad, nuevos negocios y soluciones para la sociedad.
Entre los temas previstos figuran la aplicación de IA en salud y educación, las empresas algorítmicas, el futuro del empleo, el surgimiento de una eventual superinteligencia y el papel de las personas frente a sistemas cada vez más sofisticados. El encuentro buscará combinar las oportunidades económicas de esta tecnología con una discusión sobre sus consecuencias sociales y éticas.
La edición de 2025 reunió a más de 3.000 asistentes y 60 oradores. Este año, SAIACONF se integra a TECweek, una agenda de innovación y tecnología que se extenderá hasta el 31 de octubre en la Ciudad de Buenos Aires.
