añana los estadounidenses volverán a las urnas para elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, renovar 35 de los 100 escaños del Senado y votar por gobernadores en decenas de estados. Las elecciones de medio término, que se celebran a mitad del mandato presidencial, pondrán a prueba el respaldo a Donald Trump y definirán cuánto margen tendrá para impulsar su agenda durante los dos últimos años de su gobierno. Con los republicanos aferrados a mayorías estrechas en ambas cámaras del Congreso y los demócratas con la expectativa de recuperar terreno, la elección estará atravesada por tres factores que están estrechamente vinculados entre sí. La suba del costo de vida, las controversias en torno a la política migratoria y la impopularidad de Trump. Según una nueva encuesta nacional de The New York Times y la Universidad de Siena, solo el 36% de los votantes probables dijo que aprobaba el desempeño de Trump, mientras que el 59% lo desaprobaba. El índice de aprobación del mandatario se encuentra en niveles históricamente bajos para un presidente que enfrenta unas elecciones de medio término.
Bruce Stokes, exdirector de Actitudes Económicas Globales del Pew Research Center e investigador asociado de Chatham House, sintetiza esa combinación con una adaptación de una célebre consigna electoral de James Carville, asesor de Bill Clinton: durante décadas, afirma a LA NACION, las elecciones estuvieron dominadas por la idea de que “es la economía, estúpido”. Esta vez, también se trata de “es Trump, estúpido”. El malestar económico y el rechazo al presidente podrían favorecer a los demócratas, aunque el resultado no necesariamente anunciaría un cambio duradero en las preferencias del electorado.
El líder republicano corre el riesgo de perder el control del Congreso
El principal riesgo para Trump es perder el control de una o ambas cámaras del Congreso. Una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, en el Senado o en ambas complicaría la aprobación de nuevas leyes, obligaría al gobierno a negociar con la oposición y ampliaría la capacidad de los legisladores para investigar a la administración. En cambio, conservar el control legislativo permitiría a los republicanos defender las principales iniciativas presidenciales y limitar las posibilidades de la oposición de imponer su agenda. Una derrota republicana también podría tener consecuencias para la política exterior de Trump, ya que los demócratas podrían obstaculizar la aprobación de fondos para determinadas iniciativas, cuestionar operaciones militares y abrir investigaciones sobre las decisiones de la Casa Blanca y sus acuerdos internacionales. Sin embargo, el presidente conservaría amplias facultades ejecutivas en materia diplomática y militar, por lo que el principal efecto sería un aumento de los controles políticos y de las dificultades para implementar su agenda internacional. La disputa tiene además una dimensión política, ya que las elecciones de medio término suelen funcionar como un referéndum sobre el presidente. El partido que ocupa la Casa Blanca suele afrontar una elección difícil cuando los votantes expresan frustración con la economía o con la gestión del gobierno. En esta campaña, los demócratas buscan convertir el costo de vida en el centro de la discusión, mientras los republicanos intentan movilizar a su base y defender los resultados de la administración en materia migratoria y de seguridad nacional.
En la Cámara de Representantes, los pronósticos favorecen especialmente a la oposición. Matthew Green, politólogo y profesor de la Universidad Católica de Estados Unidos, señala que el partido del presidente casi siempre pierde bancas en las elecciones de medio término y que, en esta ocasión, esa tendencia se combina con la baja popularidad de Trump y el pesimismo de los estadounidenses respecto de la economía. Los tres factores configuran un escenario adverso para los republicanos. “Dadas estas condiciones, a esta altura sería necesario casi un milagro para que los republicanos conservaran su mayoría”, sostiene. Sin embargo, una derrota republicana no significaría necesariamente que Estados Unidos está abandonando de manera permanente el trumpismo. Stokes advierte que los votantes estadounidenses han mostrado poca paciencia con sus dirigentes: en 11 de las últimas 13 elecciones, cambiaron el control de la Cámara de Representantes, el Senado o la Casa Blanca. En su interpretación, una victoria demócrata podría expresar tanto un rechazo específico a Trump como una tendencia recurrente a castigar al partido gobernante. Para resumir esa volatilidad, recupera una frase de su padre: “A veces, simplemente echás a los inútiles y los reemplazás por otros inútiles”. Por eso, una victoria importante de los demócratas en noviembre no garantizaría que el partido conserve ese respaldo en 2028. El resultado dependerá de la capacidad de la oposición para transformar el descontento en una alternativa política convincente, más allá del rechazo al presidente.
