Cuando Roberto Gómez Bolaños dejó de respirar en su casa de Cancún, en el estado de Quintana Roo, su media decena de perros chihuahua aulló al unísono, como anunciando la partida. Lo cuenta Florinda Meza, que entonces sostenía la mano de ese pequeño Shakespeare (de allí el apodo Chespirito). Después de aquel 28 de noviembre de […]
