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La primera novela española contra la prostitución la escribió una mujer hace 150 años

Poco, apenas cuatro pinceladas, se conoce de la biografía de Rafael Luna, un escritor de la segunda mitad del siglo XIX que publicó sobre todo en prensa. Nació en Salamanca en 1833 y apoyaba decididamente el republicanismo. Se ignoran su formación e intereses, aunque tuvo que ser una persona culta: dominaba el latín y el francés y practicó todos los géneros literarios, de la narrativa al ensayo, la poesía, el teatro y el artículo periodístico. Fue alguien de ideas avanzadas para su época, tanto como para redactar textos en favor de la igualdad de mujeres y hombres además de firmar la primera novela española que critica abiertamente la prostitución: María Magdalena (Estudio Social).

Contada desde el punto de vista de una niña de 15 años captada por una vieja proxeneta, se trata de una narración “naturalista” que cuestiona la indignidad y la hipocresía de una práctica legal de la que se pregunta: “¿Y esto se escribe? ¿Y esto se tolera? ¿Y esto se convierte de crimen en necesidad? ¿De vicio en ley? ¿Y los hombres lo proclaman? ¿Y las sociedades lo fomentan? ¿Y los gobiernos lo autorizan?”. Además de todos estos datos, ha trascendido otro detalle de la vida del autor: Rafael Luna era, en realidad, Matilde Cherner.

La escritora española Matilde Cherner que firmaba sus libros como Rafael Luna
La escritora española Matilde Cherner que firmaba sus libros como Rafael Luna

María Magdalena vio la luz en 1880, un año antes que La desheredada, el primer título del ciclo de las novelas españolas contemporáneas de Benito Pérez Galdós, que narra las desgracias de Isadora, una joven que emigra a la gran ciudad cargada de esperanzas y acaba prostituida y en la cárcel. La Magdalena de Cherner, siempre disfrazada bajo el seudónimo masculino, se queda huérfana y, dispuesta a suicidarse al verse sola y sin dinero, acaba siendo recogida de las calles por La Celestina, una alcahueta conocida por todos los estudiantes de la Universidad de Salamanca -clientes habituales-, que la obligará a prostituirse durante años antes de que cambie su destino, no necesariamente para mejor.

Escrita a modo de diario, la novela no se recrea tanto en las descripciones de los hechos como en los pensamientos y emociones de la protagonista, una persona inteligente que acaba recibiendo primero el apodo de Solita, por su aislamiento, y después el de Aspasia, como la maestra ateniense.

Un mensaje al comienzo de la primera edición de la novela (digitalizada en la Biblioteca Nacional de España) da a entender que la propia Cherner se autopublicó: “Se halla de venta en las principales librerías, al precio de 10 reales en toda España. Los pedidos se harán á (sic) su autor, calle de La Palma Alta, núm. 21, cuarto 3″. En esa misma dirección encontraron sin vida a la escritora solo unos meses después, cuando solo tenía 47 años.

Tal revuelo suponía abordar un tema tabú como el de la prostitución que se llegó a pensar que se había suicidado. No era cierto: más tarde se supo que la causa de la muerte fue un aneurisma de aorta ventral. En el prólogo del libro, no obstante, ella misma reconoce que esperó varios años hasta que su nombre de pluma alcanzó algo de notoriedad para desempolvar esta historia, una acción que califica de “osadía”. Y añade, con resignación, que “si este libro viera la luz en Francia […], daría la vuelta al mundo”.

Lo cierto es que el libro no solo no dio la vuelta al mundo, sino que cayó al fondo del olvido. Estuvo descatalogado desde la primera edición y ha sido rescatado hace apenas unos meses por Espinas, una joven editorial que recupera títulos de mujeres borradas de la historia como Dostoievski, mi marido, de Ana Dostoievskaia, y la novela social Blanca Sol, de Mercedes Cabello de Carbonera. En 2020, Seix Barral ya editó otra novela de Matilde Cherner, Ocaso y aurora, una historia de conspiraciones cortesanas al final de la vida de Carlos II El Hechizado, que salió originalmente por entregas.

“El canon literario ha estado históricamente representado por escritores hombres, blancos en su mayoría, que han decidido cuáles eran los grandes temas sobre los que había que poner el foco”, defiende la editorial Espinas en su web. “Hoy, qué duda cabe, se ha feminizado la literatura. Son muchas las escritoras que ya copan páginas y páginas en periódicos y revistas. Sin embargo, la historia que nos cuentan sigue sin modificarse”.

Con prólogo de Mabel Lozano, directora de documentales que denuncian la explotación de las mujeres, María Magdalena abrió hace dos siglos en España un debate que sigue sin cerrarse. Como apunta Lozano en su texto, al igual que la protagonista del relato, “miles de mujeres y menores en el mundo se ven abocadas a la prostitución por falta de recursos, por la violencia que sufren, por la falta de herramientas que les permiten subsistir”.

Se trata de un tema trascendental pero soterrado que Cherner quiso visibilizar antes que nadie: “No es una novela propiamente dicha lo que hoy ofrecemos al público”, apuntó en el prólogo. “Es un libro cuyo importante asunto hace tiempo que está pidiendo la atención de los sabios y los filósofos, y que otra pluma más autorizada a la nuestra debería ser la llamada a tratarlo”.

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