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La enfermedad cardíaca que puede multiplicar las chances de sufrir un ACV

La fibrilación auricular (FA) es uno de los problemas cardíacos más frecuentes y subdiagnosticados. Se trata de un trastorno del ritmo cardíaco y es uno de los cinco factores de riesgo que más accidentes cerebrovasculares (ACV) provoca. Eso es lo que señalan desde la Federación Argentina de Cardiología (FAC), que abrió el primer registro nacional para generar una base de datos que permita conocer cuántas personas en la Argentina la padecen.

Luis Aguinaga, presidente de la FAC, resalta que esta enfermedad, junto con la insuficiencia cardíaca, es algo así como la “pandemia cardiovascular de este siglo”. “Esta arritmia es la principal causante de ACV a nivel mundial y la Argentina es uno de los lugares con más prevalencia de FA en el mundo. De hecho, en el planeta hay un ACV cada 15 segundos debido a la FA. Una de las cuestiones más graves es que cerca del 30% de los ACV por FA se descubren una vez que ocurrió el ACV. Por eso, el registro que abrimos se propone conseguir información, no solo para mejorar el tratamiento de los casos que son detectados, sino también aumentar el número de pacientes diagnosticados en tiempo y forma. Los cardiólogos pueden inscribir los casos en la página web disponible (www.argentinasinfa.com.ar)”, argumenta Aguinaga.

El trastorno

César Monie, especialista en electrofisiología cardíaca del Hospital Británico, explica que la FA es un trastorno del ritmo cardíaco (arritmia) que comienza en una de las cavidades del corazón, la aurícula izquierda, que se desorganiza eléctricamente y provoca que está cámara no se contraiga en forma uniforme y efectiva.

El especialista advierte que, en el mundo, entre el 2 y el 4% de la población adulta tienen este tipo de arritmia, y señala que ese porcentaje crece según la edad de la persona. “Con el paso de los años se prevé que este porcentaje se duplique o triplique debido al aumento de la expectativa de vida, como así también el marcado aumento de otras enfermedades que son generadoras de esta arritmia, como la hipertensión arterial, diabetes, obesidad, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca o renal, enfermedades respiratorias crónicas como el EPOC y las apneas del sueño”, describe Monie.

El médico resalta que uno de los grandes problemas es que este tipo de arritmias no siempre son sintomáticas. “En muchos casos puede generar un aumento de la frecuencia cardíaca (taquicardia), palpitaciones, sensación de falta de aire, poca tolerancia al ejercicio, dolor de pecho, mareos o desmayos. Sin embargo, otras veces la persona puede cursar esta arritmia en forma asintomática, lo cual es peor ya que luego se manifestará con complicaciones como un ACV, insuficiencia cardíaca o enfermedad coronaria, entre otras”.

Una de las formas de detectar la fibrilación auricular, en caso de ser asintomática, es tomándose con cierta frecuencia el pulso, que podría estar acelerado o presentarse de manera irregular.

Luego, explica Monie, la confirmación se hace a través de un electrocardiograma, un Holter y otros estudios cardiólogos pensados para detectar la arritmia en cualquier hora de día, por si en el momento de la consulta el corazón no presentó ninguna irregularidad en la frecuencia cardíaca.

“El hecho que la FA sea ocasional, no deja de ser un problema. Muchos pacientes presentan complicaciones por esta arritmia presentándose esporádicamente. La presentación ocasional (FA paroxística) o permanente tienen riesgos similares de complicaciones”, agrega Monie.

Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires, indica que la FA aumenta cinco veces el riesgo de un ACV. “Uno normalmente tiene siempre el mismo espacio de tiempo entre latido y latido. Como con la fibrilación auricular el latido es más caótico, la sangre se moviliza de manera irregular y eso facilita las condiciones para que se formen trombos. Cuando estos se desprenden los llamamos émbolos y se pueden enclavar en una arteria más chica y formar una embolia”, detalla.

El tratamiento

“Hay que ver por qué tiene esa arritmia. Si no hubiera una causa evidente que la desencadene, el paciente debería iniciar un tratamiento. Lo más importante es comenzar la medicación antiarrítmica. Luego habrá que evaluar el riesgo que el paciente tiene de sufrir un ACV. A más factores de riesgo, más posibilidades tendrá de sufrirlo. A medida que el riesgo aumenta siempre se usan drogas anticoagulantes. Esa sería la primera etapa del tratamiento. Sin embargo, hay que continuar evaluando al paciente y se le suelen indicar ejercicios y cambios en el estilo de vida. Pero, si la arritmia vuelve, la segunda instancia es la ablación, es decir, hacer un cateterismo, buscar donde está el foco de la arritmia y eliminarla con calor. Eso se llama ablación por radiofrecuencia. Este tratamiento busca la curación de la arritmia y poder liberar al paciente de la medicación, del riesgo de embolia y de insuficiencia cardíaca”, detalla Fernando Scazzuso, jefe de Electrofisiología y Arritmias del ICBA Instituto Cardiovascular.

Oscar Mendiz, director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular del Hospital Universitario Fundación Favaloro, agrega que cuando no se puede corregir la arritmia a través de la radiofrecuencia y se transforma en un problema crónico, el paciente deberá tomar anticoagulantes para que no se formen trombos. “En el caso de los pacientes que no pueden tomar anticoagulantes, se debe colocar por cateterismo una especie de tapón en la orejuela de la aurícula que es el lugar donde generalmente se forman los coágulos. Eso se llama cierre de la orejuela auricular”, aclara el especialista.

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