Karina Milei y Santiago Caputo acordaron una tregua en su dura interna por espacios de poder. La información transita precisamente en el círculo rojo, donde se afirma que el pacto entre ambos es temporal, precario y atado con alambres.
Pero ambos aceptaron el armisticio por un pedido clave: una invitación a ambos del propio Javier Milei a deponer armas. Una señal de la tregua fue el escándalo de la SIDE. Se sabe que el ridículo accionar de los jefes de Inteligencia reeditó una de los Superagentes y sus personaje de ficción: Tiburón, Delfín y Mojarrita.
Ahí, Karina contuvo su ansia de poder para complacer a su hermano. Evitó avanzar sobre la SIDE y El Pibe pudo sostener el control sobre el organismo. Antes, Caputo Jr. amenazó a Milei con “correrse” si le sacaban la SIDE. También la tregua se concretó por una cuestión estratégica en Olivos: quieren abroquelarse frente al desafío en el Parlamento.
Primero, buscan explotar al máximo al “ejército de los Borocotó” que se acercaron a Milei. Son los radicales, PRO y hasta peronistas que buscan el calor de los cargos y el favorcito oficial.
Hasta la noche del miércoles, El Pibe y su archienemigo Martín Menem estuvieron negociando juntos con la CGT. Ambos confrontaron con la pureza dogmática de Federico Sturzenegger y Patricia Bullrich. El Coloso y la Pato tienen fobia a los sindicatos y no querían flexibilizar en nada la reforma laboral.
Se conoce que el armisticio es endeble y que tiene fisuras: Karina le sigue haciendo maldades a El Pibe. Y Peaky Blinders trata de contraatacar a la hermanísima. Pero es una guerra de guerrillas larvada. El Jefe no le perdona una cosa: para ella, los audios de Spagnuolo fueron fomentados por El Pibe para esconder a la mafia de Calvete, relacionado con el líder de las Fuerzas del Cielo. Ornella Calvete afirmó: “No me hagas ‘karinearte’ la comisión”.
En el círculo rojo dicen que marzo será clave. Karina quiere monopolizar –y así desplazar a El Pibe– la negociación para rearmar la Corte Suprema y meter los nuevos magistrados. Ya se habla de ampliar a siete los miembros de la Corte, para complacer a Cristina y los gobernadores.
