Manuel Adorni viajó el 20 de junio de 2024 a Bariloche con sus dos hijos y su esposa, Bettina Angeletti, en un vuelo de Aerolíneas Argentinas que costó $1.737.432. La familia se alojó durante cinco noches en el Llao Llao Hotel & Resort Golf-Spa y realizó gastos en excursiones y comidas por $2.435.344. En el entorno del jefe de Gabinete aseguran que pagó esos consumos de su bolsillo, aunque fuentes que conocen la trastienda del viaje dan detalles de otra versión: que la deuda se canceló con un llamativo retraso de tres meses desde una cuenta bancaria, lo que garantiza su trazabilidad.
Los Adorni descansaron en las habitaciones Studio Lago Moreno de Lujo, una de las más exclusivas del hotel que creó el magnífico arquitecto Alejandro Bustillo, que fueron modernizadas hace muy poco. No se privaron de nada: hay gastos registrados hasta de peluquería, un hermoso servicio que el hotel tiene reservado para sus huéspedes más coquetos.
El establecimiento emitió una factura por esas cinco noches por $4.931.993,97. Existen dudas sobre quién habría absorbido ese costo. Los Adorni regresaron a Buenos Aires sin pagar el hotel. Como en el caso de las comidas y excursiones, el alojamiento fue cancelado mucho tiempo después, un privilegio que -hasta donde se sabe- no existe en ningún lugar del mundo.
Los detalles del viaje a los que accedió Clarín vienen a revelar nuevos gastos del conductor del Gabinete que no estarían emparentados con sus ingresos y que se suman a otros que la Justicia ya procesó, como los que efectuó para viajar a Aruba y a Punta del Este, mientras compraba propiedades.
El total de la escapada a Bariloche ascendió a $9.104.769,97. En ese momento, Adorni era vocero de Javier Milei y percibía un salario neto de menos de tres millones de pesos. Su esposa era monotributista y estaba inscripta en una de las categorías más bajas.
Por más empeño que el Gobierno haga, el caso que involucra a una de sus principales figuras no terminó. Ni en términos políticos ni, mucho menos, judiciales. Tampoco desaparecerá de las pantallas de TV: el público sigue la saga con una fascinación tal que hasta los propios ministros asumen que, cuando van a un asado familiar, les preguntan por los viajes y las propiedades del jefe de Gabinete.
“Se instaló el mito del mendigo que pasó a millonario, una fantasía eficaz porque Adorni no era un mendigo y ahora tampoco es millonario”, cuenta un asesor externo de La Libertad Avanza que, cuando se lo requieren, presenta sus investigaciones de campo en la cima de la Casa Rosada. Ahora hace tiempo que no asiste. Lo tantean por WhatsApp pero, cuando desanda un relato que no coincide con el interés de los Milei, prefieren postergar su visita.
Es parte de la lógica libertaria en épocas de turbulencias. El Presidente prefiere encerrarse en su círculo áulico, lo mismo que la hermanísima. Cada vez cuesta más acceder a ellos si el que lo hace mantiene una posición distinta a la que reza el dogma. La Residencia de Olivos pasó a ser un lugar reservado para los obsecuentes e, incluso, hasta para varios de ellos puede volverse hostil ante la primera disidencia.
Eso explicaría, entre otras cosas, por qué se alejaron muchos funcionarios importantes. O por qué Santiago Caputo ya no concurre como antes del enfrentamiento directo con Karina, pese a que su vínculo con Milei sigue fuerte. “Cuando me citan a Olivos prefiero que hablemos de ópera y preservar la relación”, describe uno de los legisladores oficialistas.
Después de la exposición de Adorni del miércoles frente a los diputados, Milei abandonó el Congreso del mismo modo en el que había entrado: a los gritos, con insultos hacia periodistas y diputados, y con la idea de poner punto final a la historia. “Ya está, ya pasó”, dijo el propio Adorni frente a quienes lo consultaron. Sus pares del Gabinete lo felicitaron en el chat que los agrupa. Lo de siempre: una cosa es lo que dicen y otra lo que realmente piensan.
¿Qué piensan? Los que confían en su honestidad sostienen que fue torpe y que está pagando el precio de su falta de experiencia para el cargo. Los que lo quieren menos o sospechan de movimientos espurios hablan de su altanería permanente, de la creación de enemigos que ahora van por él, y, en cierto modo, advierten sobre su egoísmo: “Sabe que le hace daño a Milei y no se quiere ir”.
Como sea, todos coinciden en que la Casa Rosada está ante un desgaste innecesario que ya lleva 54 días. La imagen presidencial se resiente, el Gobierno carece de iniciativa y no puede controlar la agenda pública. Eso lleva a pensar al ala política que el camino hacia los planes de reelección no están allanados, como auguraban hace solo dos meses.
Es Luis Caputo, el ministro de Economía, el que más lo padece. No faltan actores del Círculo Rojo que, medio en broma y medio en serio, preguntan: “¿No volverán los kukas, no?” Quizá no haya daño más grave que esa humorada para quienes evalúan invertir en la Argentina y aspiraban a la extinción del kirchnerismo.
El oficialismo intentará ponerse de pie en el Parlamento. Impulsa allí una agenda variada, que ahora parece eclipsada por el ambicioso envío del Poder Ejecutivo de más de cien pliegos para ocupar vacantes en el Poder Judicial. Es una iniciativa que el ministro Juan Bautista Mahiques habló con Karina Milei antes de jurar -y, luego de asumir, con el mismo Milei- como reemplazante de Mariano Cúneo Libarona.
Es decir, se trata de una de las grandes prioridades del oficialismo. Hay lugares determinantes para esas vacantes. Entre ellos, surgen dos sitios que la política sigue con mucha ansiedad: se trata de las sillas de Leonardo Bruglia y Pablo Bertuzzi en la Cámara Federal. Son quienes definirán las causas de corrupción. Por ejemplo, si un procesado sigue o no en esa situacióno si un sobreseído permanece o no en esa condición.
Aunque Milei demuestra un escaso interés por el futuro de los Tribunales, en su propia administración se libra una batalla entre caputistas y karinistas desde que se decidió designar a Mahiques y desplazar a quien era el segundo de Cúneo Libarona, Sebastián Amerio, que respondía a Caputo. La secretaria General exhibió los dientes y se quedó con la conducción del Ministerio de Justicia, donde además de Mahiques nombró a su segundo, Santiago Viola. Cerca de Caputo evalúan que Karina no termina de comprender el poder de Comodoro Py ni cómo se mueven sus protagonistas. Hay quienes, incluso, arriesgan que la situación de Adorni podría haber sido menos dramática con otra cintura política. Contrafáctico, pero de eso se habla y puede que haya algo de cierto.
En lo que no hay matices es que el Gobierno se puso a los pies del jefe de Gabinete y en que eso obstaculiza la gestión en momentos de complicaciones económicas por la suba de la inflación y la caída de la recaudación nacional, que se traslada a las provincias y a los municipios. En el Conurbano el panorama es tenebroso. Conviven allí la inseguridad y la falta de recursos económicos de miles de familia con el crecimiento de la ludopatía y las adicciones por drogas. “Todo sería peor si no estuviéramos nosotros. El país de Milei se viene abajo”, suele decir Axel Kicillof. ¿Y la autocrítica?
Diego Santilli, el ministro del Interior, hace malabares para seducir a los gobernadores con promesas de un futuro mejor. Lo mismo hace Luis Caputo frente a los empresarios que le piden precisiones. “Tuvimos un pico inflacionario en marzo, pero desde ahora la tendencia será para abajo -les dice el ministro de Economía-. Van a converger la baja de la inflación y el crecimiento de la economía”.
Al combo que une sospechas de corrupción con las internas en el Ejecutivo y las fricciones por el rumbo económico podría sumarse un asunto no menos comprometedor para el oficialismo. Son cada vez más las voces que sospechan que, en algunos sectores del Gobierno, hay funcionarios y asesores que recibirían pagos mensuales por fuera de lo establecido. ¿Los famosos sobresueldos?
Al menos dos personas confesaron que los tentaron para diferentes puestos en la Casa Rosada y que, cuando se sentaron a hablar del sueldo, les blanquearon que, en algunos casos puntuales, existía esa anomalía.
Un tercer caso es el de una persona a la que convocaron para un puesto importante en la Unidad de Información Financiera. El hombre, por supuesto, preguntó a cuánto ascendería su salario. Le dijeron y le pareció poco. “Pero hay más por afuera”, lo alentaron. El candidato lo pensó y rechazó la oferta. Quizá, algún día, se anime a contarlo.
