El Tribunal de la Sala III, compuesto por los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica, dictará sentencia en el Caso Paulina Lebbos. La joven que fue brutalmente asesina, su cadáver preservado y luego arrojado como si fuera un residuo tóxico a la vera de la ruta que conduce a Raco en la zona de Tapia. Un espanto.
El imputado en esta causa es Cesar Soto, su ex pareja, con quien la joven Paulina se fue a encontrar la madrugada del 26 de febrero de 2006, y nunca más apareció con vida. Se lo responsabiliza de haberla ahorcado manualmente aprovechando su diferencia física y que la víctima no podía oponer resistencia porque llevaba varias horas despierta y había ido a festejar y tomar unos tragos con unas amigas, porque había rendido bien un examen en la carrera de Comunicación Social de la UNT, donde se la recuerda como una muy buena alumna.
La jornada, comenzará a las 8 en el edificio de calle España al 400. Alberto Lebbos pidió que se aparte al fiscal Carlos Sale quien adujo en sus alegatos que no encontró elementos de prueba para incriminar por encubrimiento a Sergio Kaleñuk, un hombre de confianza absoluta del ex gobernador José «violín» Alperovich.
Hay que recordar que hubo juicios donde se condenaron por encubrimiento a ex funcionarios y altos miembros de la policía, pero no se conoce al autor, al personaje encubierto hasta ahora. La incógnita, es si se conocerá ese dato hoy. Lo dirá la sentencia, que podría generar mayor indignación que la que produce la Justicia que demoró 20 años para llegar a esta instancia. en el medio se condenó al ex fiscal Carlos Albaca por ser parte de la trama mafiosa de encubrimiento del femicidio. La Justicia llega a esta instancia con lo zapatos sucios.
En el alegato el fiscal Carlos Sale fue contundente al afirmar que “todos los caminos conducen a César Soto”. Por ese motivo solicitó la pena máxima. Las pruebas más contundentes son el destino que tuvo Paulina esa madrugada y los testimonios de sus amigas que sostienen que Soto es un personaje marginal y violento.
La defensa técnica de Soto, liderada por Roque Araujo, sostuvo que no hay un solo mensaje ni prueba física que ubique a Paulina en la vivienda de Soto aquella noche. Adujo que sería una injusticia que se lo condenara. Pareciera que Paulina decidió morir sin dejar ningún responsable. Cada jugador juega su propio juego.
Si lo condenan a Soto la sociedad se preguntará legítimamente si todo el encubrimiento fue para tapar a este personaje menor de la vida social provincial. Si no lo condenan entonces la vida no estuvo garantizada durante el período en que gobernó ese nefasto ser humano que está condenado por violación. El «Violador de Puerto Madero». Fue la cabeza de un Estado cómplice con el asesinato e ineficiente en la investigación. El poderoso salió ileso de este caso. En Tucumán tenía garantizada la impunidad, en Buenos Aires no.

Alberto Lebbos, el peregrino de este calvario espera la sentencia. La sociedad quiere saber qué ocurrió y mira desconfiada a la Justicia. Los hechos existieron lo que no se sabe es por qué se demoraron en decirle a los tucumanos quienes fueron los partícipes. Por qué toda esta trama siniestra en una sociedad regida por normas y leyes que le dan cobertura y garantía a las personas.
