Leticia Nieva, es la hija de Paulina Lebbos y de Cesar Soto. No vive en Tucumán, se cambió el apellido. En el juicio contra el ex fiscal Carlos Albaca, primero le había otorgado un poder a su abuelo Alberto Lebbos, para que lleve adelante la causa. Junto al abogado Emilio Mrad realizaron la instrucción, buscaron las pruebas y llevaron a cabo todos los pasos para que el juicio se realice. Después ella, no trascendieron los motivos, le retiró el poder a su abuelo y su representante legal en el proceso contra Albaca, que se llevaba a cabo, fue la Dra. Soledad Deza, reconocida abogada feminista y fundadora de la Fundación Mujeres x Mujeres. Finalizado el proceso cobró la indemnización que le correspondió.

En el juicio contra Cesar Soto, Leticia ni la abogada Deza fueron parte. Estuvieron ausentes.
Conocido el fallo absolutorio a favor de Cesar Soto y Sergio Kaleñuk, publicó en la redes un mensaje, como hija de Paulina Lebbos.
Este es el texto completo de Leticia :
Hay días en que el cuerpo no entra en sí mismo
No por sorpresa, sino por la confirmación
Por ese momento en el que algo se nombra y, aun así, no cierra nada
El cuerpo lo sabe antes…
Se endurece. Respira corto
Como si tuviera que prepararse para algo que en realidad ya pasó, pero sigue pasando
A mi mamá la asesinaron
Y el estado decidió no saber quién fue.
Y hoy, otra vez, eso quedó sin respuesta
No alcanza con decirlo
No alcanza con que exista un fallo, una decisión, un cierre escrito
El cuerpo no entiende de eso, el sistema nervioso no archiva
Queda todo
La pregunta la bronca
la sensación de injusticia que no baja
Queda esa certeza incómoda no buscaron hasta el final no investigaron, destrozaron las pruebas
Y entonces todo vuelve al cuerpo
A esta mezcla de enojo y tristeza que no tiene un lugar claro donde ir
No es solo lo que pasó
Es lo que sigue pasando
La vida de una mujer vale menos, su muerte se diluye en expedientes, su historia se fragmenta, se desgasta,
se abandona
Es tener que convivir con algo que no cierra, que vuelve una y otra vez a lo mismo
que no termina, que no tiene respuesta
Es vivir con dos ausencias
la de mi mamá y la de la verdad
Y el cuerpo lo registra todo.
En la tensión.
En el cansancio
En las ganas de desaparecer un rato
En la imposibilidad de seguir como si nada
No hay enseñanza acá
No hay consuelo
«aprender» con ausencias y con la forma en que la vaciaron de sentido
Hoy no puedo ordenar esto
es inentendible
Solo puedo decirlo así
me duele, me enoja,
el cuerpo no se adapta a la impunidad.
