El conflicto salarial en las universidades públicas empieza a mostrar efectos concretos y en áreas estratégicas. En la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, un paro docente que arrancó en marzo mantiene sin clases a dos carreras clave para la era de la Inteligencia Artificial y ya hay alumnos que comienzan a irse a otras universidades.
La situación está centrada en el Departamento de Computación de esa facultad, donde la mayoría de los docentes sostiene un paro desde hace más de dos meses. Reclaman que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario y la actualización salarial contemplada en esa norma.
El conflicto afecta de lleno a Ciencias de Datos y Ciencias de la Computación, dos de las carreras con mayor demanda laboral vinculadas a la IA y la tecnología, que todavía no pudieron comenzar el ciclo lectivo. Y a esta altura, se corre serio riesgo de perder el primer cuatrimestre.
Ante la falta de clases, algunos estudiantes ya comenzaron a migrar a Ingeniería de la UBA y a universidades públicas y privadas con ofertas similares. Quienes toman esta decisión son, especialmente, los alumnos que cursan sus primeros años.
Ambas carreras tienen hoy unos 3.000 estudiantes. Además, entre 600 y 700 nuevos alumnos se anotan cada año en el CBC.
La UBA no avala la medida. Desde el rectorado le dijeron a Clarín que entienden “la situación angustiante” de los docentes, pero que no son partidarios de “obstruir las clases”. Y que “trabajan activamente para resolver la situación de manera que los estudiantes no pierdan el ciclo lectivo”.
Afirman que hay otras medidas más eficientes para reclamar por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento. “Hemos realizado acciones de protesta más productivas y empáticas con una sociedad que también la está pasando mal como el paro a la japonesa realizado semanas atrás, o más orgánicas y efectivas como las marchas federales universitarias”, afirmaron desde el rectorado de la UBA.
“El Gobierno nos robó un cuatrimestre, que la Corte no nos robe el que viene”, le dijo a Clarín el doctor Rodrigo Castro, profesor del Departamento de Computación y vicedirector del Instituto de Ciencias de la Computación, que depende de la UBA y el Conicet.
Castro es uno de los docentes que está a favor de la medida. Dijo que esto no es un “paro por tiempo indeterminado”, sino que los docentes del Departamento están en “asamblea permanente” y se juntan todas las semanas para evaluar la situación y definir qué van a hacer la semana siguiente.
“Por ahora siempre se decidió seguir con el paro. Exigimos que se cumpla la ley, que la Corte se expida”, afirma.
El Departamento de Computación de Exactas administra 19 materias obligatorias cuatrimestrales, más otras tantas optativas electivas y la tesis de las licenciaturas. De ese total, solo una materia está dando clases con normalidad.
Castro explica por qué ellos están llevando adelante esta medida tan extrema y diferente al resto de los docentes de las universidades nacionales. “En Exactas el 80% de los docentes tiene dedicación exclusiva lo que no es compatible con trabajar en otra cosa. En otras facultades es muy común que los cargos sean ad honorem y en Exactas no está permitido. Ellos no viven de su salario de la facultad, nosotros sí, y en muchos casos están por debajo de la línea de la pobreza”, dijo.
Y agregó: “Acá además de docencia hacemos investigación. Casi todos tenemos un cargo en el Conicet y no se nos suman los salarios. El excedente de un cargo se lo sacan al otro. Y a esto se suma que por el recorte en el área de Ciencia cuesta hacer investigación. No podemos pagar los insumos. En Exactas el golpe es doble”.
El Departamento de Computación de Exactas tiene unos 300 docentes. Aunque no todos están de acuerdo con la medida de paralizar las clases, quienes se oponen no logran hacer valer su postura en las asambleas. Y aún si intentaran seguir trabajando, las materias igual quedarían afectadas, porque las cursadas combinan clases teóricas y laboratorios, y alcanza con que una de esas instancias no se dicte para que la materia no pueda completarse.
Esteban Mocskos es profesor con dedicación exclusiva en el Departamento de Computación de Exactas e investigador del Conicet. Ahora está dando clases en una universidad de China. Se fue por un semestre, como lo están haciendo muchos otros profesores de Exactas.
“Una de las razones muy fuertes para venir un semestre completo acá, solo, dejando a mi familia y a mis padres ancianos y con diversos problemas de salud, es la cuestión económica”, le dijo a Clarín desde China.
Y aportó su mirada sobre el conflicto. “Es difícil opinar sobre el paro desde acá. El fenómeno de pérdida de estudiantes es un riesgo y, a la vez, una realidad de la que todavía no se ha tomado real dimensión. También es cierto que la formación en Exactas, especialmente la que se solía tener hasta no hace tanto, era un diferencial (a veces difícilmente notable desde una mirada superficial) que pone a nuestros estudiantes a la par de las mejores del mundo”.
Para dar “una dimensión de la crisis estructural que amenaza el ecosistema de Exactas”, Mocskos explicó la situación de uno de sus estudiantes de doctorado, becario en la parte final de su formación, que es padre de dos hijos chicos.
“Logró, después de seis años de durísimo trabajo, ser la persona con mayor conocimiento en una técnica de criptografía de avanzada (de tal magnitud que es algo que se empuja en la mayoría de las grandes empresas tecnológicas). Hace meses que, para poder sobrevivir, tiene que hacer una combinación de pedirle a los padres y vender sus objetos personales, porque sus ahorros ya los usó completamente”, cuenta.
“El conocimiento y la posibilidad de formar otros recursos humanos que permita a nuestras propias empresas tener acceso a una tecnología de punta en temas de privacidad de datos depende ahora de que yo pueda también colaborar con esa familia para que tenga lo suficiente para cubrir sus gastos esenciales”, sumó.
Una de las voces que aún no se han pronunciado en este conflicto es la de las empresas de la industria del conocimiento, que hoy se nutren de los profesionales que se forman en Exactas de la UBA.
“Los estudiantes de nuestras carreras trabajan en esas empresas desde tercer año. Ellos ya empiezan a ver que las próximas camadas podrían llegar con menos cuatrimestres en su formación”, dice Castro.
Mocskos, por su parte, explica que los estudiantes de doctorado y grado que él formó terminaron, todos, trabajando en la industria. Algunos son parte de empresas como Mercado Libre donde lideran grupos que resuelven temas tecnológicos muy complejos. Otros, en empresas de Inteligencia Artificial, o de fuerte componente tecnológico. Y otros se han ido al exterior.
“La formación que da Exactas es la fuente donde cualquier empresa busca sus recursos humanos críticos. Supongo que los tomadores de decisión en esas empresas se imaginarán, muchas veces sesgados por su propia formación en otros ámbitos, que eso no es tan importante, o que se puede reemplazar fácilmente. O quizás imaginan que podrán encontrar esos recursos humanos formados en otros países limítrofes (donde hay universidades muy buenas también)”, se lamenta Mocskos.
¿Seguir con este conflicto no es darle la razón al Gobierno y a todos aquellos sectores que, con el desfinanciamiento, buscan dañar a la universidad pública? Para Castro es todo lo contrario y lo explica de este modo.
“No hacer el paro es justificar el desmantelamiento que están haciendo. El nivel que tiene Exactas no es por casualidad. Es porque el 80% de los profesionales le dedican toda su vida a la docencia y la investigación”, dice.

“Nosotros no somos recitadores de libros de texto. Acá producimos conocimiento, y enseñamos también lo que producimos. Este lugar se distingue por eso y eso hace que los estudiantes quieran venir”, completa.
Uno de los grandes desafíos para Exactas de la UBA es que universidades privadas están ofreciendo salarios 3 o 4 veces superiores para tomar a sus profesores. Y muchos se están yendo.
“El área de computación, datos e IA es tan demandada por empresas y otras universidades que se nos van los docentes. Están matando una gallina de los huevos de oro -dice Castro-. El paro hace que la gente tenga espíritu de comunidad y quieran mantener la carrera. Hemos llegado al límite absoluto. Si damos clases mañana sin recomposición salarial el drenaje seguiría. Perdemos un docente-investigador cada 2 días. Así, van a hacer desaparecer lo que tanto costó construir”
Castro reconoce y comparte la preocupación que existe entre los estudiantes, las familias y los mismos docentes, y cree que el reclamo debe ser conjunto, «para volver a clase lo antes posible». Dice que, para mantener la comunidad, están realizando actividades con clases informativas para los estudiantes, en donde se les enseña parte del contenido de la carrera, pero por afuera de la currícula.
Pero los estudiantes ya manifiestan su incomodidad con la medida. “Entiendo las razones del paro y comparto el diagnóstico sobre la gravedad de la situación. Pero creo que una medida de ese tipo solo podría funcionar si lograra unificar a todo el sistema universitario detrás del reclamo, algo muy difícil”, le dijo un estudiante de Ciencias de la Computación.
«Mi preocupación es que, mientras el conflicto se prolonga, la universidad deja de funcionar: los estudiantes dejan de aprender, las carreras se vacían y muchos terminan alejándose definitivamente del ámbito científico», agregó.
“Ahí aparece la contradicción: que mientras intentamos defender la universidad pública, corremos el riesgo de hacer exactamente lo que el gobierno de Javier Milei quiere que ocurra: una universidad paralizada, con investigadores abandonando y estudiantes alejándose. Los tiempos de la política y de la Corte pueden ser eternos, y si este conflicto dura años, la pregunta es si seguirá existiendo una facultad a la cual volver”, completó el estudiante.
La medida de los docentes de Computación de Exactas no está alineada con ningún gremio docente en particular, aunque sí muchos de los profesores adhieren a AGD (izquierda) u otros gremios kirchneristas..
La posición del rectorado de la UBA es firme. “Si bien la situación que se viene dando en el Computación de Exactas nos preocupa particularmente ya que se viene extendiendo en el tiempo, tenemos que aclarar, para ponerlo en un contexto justo, que es algo que afecta a dos carreras de esa casa de altos estudios y difiere sustancialmente en su forma y estilo de los conflictos gremiales que se vienen dando en nuestra Universidad a partir de la crítica situación de deterioro salarial por la que atraviesan y docentes y no docentes de la UBA”, le dijeron fuentes del rectorado.
“No somos partidarios de obstruir las clases. Las medidas de fuerza dispersas y de larga duración no son efectivas y generan una reacción social inversa a la indiscutible justicia del reclamo que las origina. Esperamos que ese conflicto en particular pueda resolverse de un mejor modo para todos sus actores”, dijeron.
Mocskos, por su parte, cree que “se deben redoblar esfuerzos para tratar de que los estudiantes no se vean expulsados de la facultad, especialmente aquellos que están en sus primeros cuatrimestres”.
“El paro resulta una medida de desesperación de una comunidad que se ve camino a la desaparición. Es un grito, que muchas veces parece realizado para que nadie escuche, que intenta visibilizar que no se puede sostener la calidad educativa en todo su amplio rango donde la investigación es una parte esencial de ese proceso educativo”, agrega.
“Y, lo que termina doliendo fundamentalmente, es que parece ser efectivamente el objetivo buscado desde las autoridades del Gobierno y, al final del día, quizás la angustia y la desesperación que alimenta al paro termina siendo también funcional a este objetivo de eliminación de Exactas como principal ámbito de formación de expertos en Computación del país”, concluyó.
