La palabra “energía” se repite 78 veces en el último staff report del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y no es una casualidad. Como es menester, el organismo difunde un informe luego de desembolsar u$s 1000 millones -como parte de un acuerdo con el país- y hacer una radiografía sobre cómo ve la política económica.
En esa descripción sobre la marcha de la economía, observa que el shock global -el aumento de los precios de la energía tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán- hace mella en todos lados y puede descarrilarse. Pero que a Argentina lo encuentra mejor parado que en otros sacudones globales del pasado.
El país se caracterizó mayormente por su vulnerabilidad frente a las crisis externas. Sin embargo, la actual expansión petrolera y energética puede convertirse en un amortiguador clave frente a shocks internacionales, volatilidad financiera y escasez de dólares, problemas que históricamente terminaron en devaluaciones, crisis cambiarias o ajustes recesivos.
“Argentina como un país emergente exportador neto de energía ha sobrellevado bien el impacto de la guerra en Medio Oriente”, plantea el FMI. El organismo observa que Argentina ahora cuenta con un factor nuevo: la capacidad de generar divisas energéticas de manera sostenida.
Las exportaciones energéticas crecieron 11% interanual incluso en un contexto de caída del precio internacional del petróleo de 2025. Y en 2026 vienen en ascenso: en abril, se vendió combustible y energía por u$s 1554 millones, un monto mensual récord histórico.
El país afronta un déficit de cuenta corriente -lo que preocupa al FMI-, pero la energía lo está moderando. “Va a mejorar un poco en 2026, apoyado en términos de intercambio comercial favorable (supéravits) y las futuras ganancias que aportarán las balanzas de energía y minería”, marcan.
Para fortalecer las reservas se necesita que ingresen dólares de inversión extranjera directa. Y el FMI nota que estarán a través del RIGI, donde la mayoría de los proyectos aprobados son de energía y minería.
Durante gran parte de las últimas décadas, cada recuperación económica terminaba chocando contra la falta de dólares.
El crecimiento de la actividad generaba aumento de importaciones, mayor consumo energético (subsidiado durante la mayor parte de 2003 a 2023), que se combinaba con una balanza comercial deficitaria. Eso condujo casi siempre a tensiones en el dólar.
Ahora el FMI observa algo distinto. Aunque las importaciones crecieron con fuerza por la apertura comercial y la recuperación del consumo, la energía comenzó a compensar parte de ese deterioro externo. Al revés que en el pasado, la energía está “alivianando” el problema y no agravándolo.
El saldo energético de 2025 fue de u$s 7815 millones. El de este año podría superar los u$s 10.000 millones. Durante el primer cuatrimestre superó los u$s 4000 millones.
Ese salto puede cambiar el patrón histórico de la economía argentina. Por primera vez en muchos años, el crecimiento podría convivir con una mejora estructural del frente externo gracias al petróleo y el gas.
El FMI analiza cómo podrían afectar a la Argentina las nuevas tensiones comerciales globales y la desaceleración internacional.
El organismo advierte que una caída del comercio mundial, un endurecimiento financiero, o un deterioro global de los mercados podrían volver a impactar sobre países con baja acumulación de reservas y alta dependencia del financiamiento externo, como Argentina.
Pero el boom energético empieza a funcionar como una protección parcial frente a esos riesgos. La mayor cantidad de exportaciones trae más dólares genuinos, más reservas, menos necesidad de endeudamiento y menor vulnerabilidad.
El petróleo deja de ser solamente un negocio sectorial y empieza a transformarse en una herramienta de estabilidad macroeconómica.
El FMI además sostiene que la expansión energética recién comienza. Las inversiones del RIGI permitirán ampliar la producción, mejorar infraestructura, incrementar exportaciones y fortalecer las reservas internacionales.
“En medio de crecientes diferencias de precios entre los mercados energéticos y de una fragmentación cada vez mayor de los mercados globales, varias reformas deberían ayudar a posicionar a la Argentina como un destino donde las perspectivas de largo plazo del sector energético justifican inversiones intensivas en capital”, puntualiza el FMI.
