El presidente Javier Milei activó hace pocos días la polémica. Atribuyó la fuerte caída de la natalidad en la última década en el país, de casi el 50% (47% para ser exactos), a la legalización del aborto. Además, fiel a su estilo, no se privó de embestir contra quienes la promovieron. “Se les pasó la mano en atacar a la familia, a las dos vidas, y ahora estamos pagándolo con caídas en la tasa de natalidad”, afirmó Javier Milei al hablar en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina.
¿Es realmente así? Ante todo hay que aclarar que se carece de cifras precisas por una serie de razones. Por lo pronto, tras la aprobación el 30 de diciembre de 2020 de la ley, que estableció un registro de las interrupciones del embarazo a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria (SISA), el ministerio de Salud de la Nación elaboraba informes periódicos, pero el gobierno actual suspendió su publicación, según denunció el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES).
Por otra parte, el doctor Ariel Karolinski, coordinador general del Centro de Investigación en Salud Poblacional del Hospital Durand de CABA, aclara que el registro del ministerio de Salud se nutre principalmente del sistema público (hospitales, centros de salud). ¿Y qué ocurre con las clínicas y obras sociales? Señala que, si bien tienen la obligación de informar sobre los abortos, se está produciendo en esos sectores un “subregistro, lo que invisibiliza parte de las estadísticas”.
De todas maneras, asevera que “la estadísticas oficiales recabadas y solicitudes de acceso a la información pública indican que, entre 2021 y fines de 2024, se reportaron aproximadamente 314.492 interrupciones voluntarias del embarazo en todo el país”. Agrega que en el primer año de la legalización fueron casi 110.000, pero después empezaron “una tendencia de estabilización, incluso de leve descenso, con un promedio de entre 75.000 y 80.000 informadas formalmente”.
Como los abortos antes de la aprobación de la ley eran clandestinos y, por tanto, se carece de registros oficiales, no es posible hacer una comparación certera con la cantidad practicados luego de su legalización. No obstante, Karolinski dice que “diversos estudios demográficos estimaban proyecciones matemáticas que arrojaban entre 370.000 y 520.000 por año”, pero considera que esos cálculos fueron desproporcionados o los actuales no están incluyendo todos los abortos.
“Al comparar con los 80.000 anuales registrados actualmente en el sistema de salud, se observa que aquellas estimaciones metodológicas previas probablemente sobredimensionaron el número real, o bien el registro actual padece de un subregistro estructural, especialmente en el sector privado y de obras sociales”, afirma. La cifra de medio millón de abortos por año fue profusamente mencionada durante los debates por los colectivos feministas que impulsaban su legalización.
En el caso de la ciudad de Buenos Aires se reportan oficialmente entre 8000 y 10.000 interrupciones del embarazo por año, detalla Karolinski. Pero también -añade- en esta jurisdicción hay limitaciones para contar con la cantidad total. Porque el ministerio de la Ciudad contabiliza principalmente los del sector público local y no accede totalmente a los realizados en los hospitales nacionales. Además, como la Nación, enfrenta el problema del subregistro en el sector privado (prepagas y obras sociales).
Llegados hasta aquí hace una aclaración: “El 90% de los abortos realizados en el sistema de salud de CABA ocurren en el primer trimestre y se resuelven mayoritariamente con medicación: Misoprostol o el tratamiento combinado con Mifepristona”. Señala que, dentro del total de interrupciones del embarazo, “no hay un número preciso” de los farmacológicos, pero que se los calcula de forma indirecta por la distribución de insumos públicos y los circuitos informales y ONG.
“Por un lado, el Estado distribuyó en 2023 más de 166.000 tratamientos a nivel nacional, mientras que las estimaciones de compra de Misoprostol en farmacias (con receta archivada) o a través de los canales informales, sugieren que podría elevar la cifra real un 20% o 30% de lo que registran los hospitales públicos”, afirma. Y dice que también a nivel nacional “la inmensa mayoría de los abortos cargados en el registro público son farmacológicos y ambulatorios (más del 85 %)”.
Ahora bien: ¿Cuál es actualmente la relación entre nacimientos y abortos? Karolisnki apunta que “en 2024 se produjeron en el país 413.135 nacimientos frente a unos 80.000 abortos informados, o sea, seis nacimientos cada un aborto”. En CABA, la proporción es menor. “En la ciudad de Buenos Aires nacen cerca de 20.000 a 25.000 niños al año mientras que los abortos registrados rondan los 9000, lo que implica que los nacimientos duplican o triplican los abortos”, puntualiza.
Así las cosas, considera que “la vinculación directa -entre caía de la natalidad y legalización del aborto- es muy baja”. Subraya que “la evidencia disponible no permite trazar una línea de causalidad directa entre estas dos variables”. Por lo pronto, destaca que “especialistas y datos demográficos indican que la caída de la natalidad en Argentina y CABA comenzó de forma pronunciada e histórica en 2014, seis años antes de que se legalizara el aborto”.
Karolinski opina que la caída de la natalidad obedece a una serie de factores. “Principalmente se atribuye a la mayor escolarización femenina, a cambios en proyectos de vida, a un mayor acceso a métodos anticonceptivos de larga duración y a la educación sexual integral”, sostiene. En ese marco, menciona “la postergación de la maternidad por razones de desarrollo profesional”, pero también a ”la crisis económica prolongada que desincentiva familias numerosas”.
Añade que a ello hay que sumar “la estrepitosa caída del embarazo adolescente, que constituye el principal factor de la caída de la natalidad”. Detalla que entre 2015 y 2025 los nacimientos de madres menores de 20 años cayeron entre un 50% y un 60%. Lo atribuye al Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia y a “la distribución masiva de los métodos anticonceptivos de larga duración como los implantes subdérmicos o chips”.
En definitiva, la afirmación de Milei de que la legalización del aborto es la culpable de la fuerte caída de la natalidad carece de fundamento. En todo caso, podría decirse que tiene una baja incidencia, más allá de la dificultad para contar con un número certero. A los defensores de “las dos vidas” les queda bregar por la prevención para evitar que el aborto -legal o clandestino- sea un método anticonceptivo y por la derogación de la ley, que parece remota.
Algo es indiscutible: la tasa de fecundidad en la Argentina fue en la Argentina de 1,23 hijos por mujer en 2023 (en la ciudad de Buenos Aires de 1,09 hijos). Lo que implica -además del envejecimiento de la población con los desafíos que conlleva- que el país está por debajo del nivel de reemplazo poblacional, que debe ser de 2,1 hijos. O sea, que cada vez habrá menos argentinos. Eso sí, no será el único país al que le pase.
