La industria textil argentina atraviesa un escenario de fuerte contracción, con caídas pronunciadas en la producción, altos niveles de capacidad ociosa y una reducción significativa del empleo registrado, en un contexto de debilitamiento del mercado interno y aumento de importaciones.
Así lo advirtió la economista Lucía Knorre, jefa de la Fundación ProTejer, quien señaló en Viva la Radio por Cadena 3 Rosario que la actividad “está en caída sostenida desde hace más de dos años” y que los últimos datos confirman la profundización de la tendencia negativa.
Según los números relevados por la entidad, la producción textil registró una baja del 31% en comparación con 2023, mientras que frente al año pasado la caída ronda el 23%. En el segmento de prendas de vestir, la retracción también es significativa: un 22% interanual y alrededor del 1% respecto del mismo período del año anterior.
Uno de los indicadores más críticos se observa en la capacidad instalada del sector. “En marzo la industria textil estuvo trabajando con seis de cada diez máquinas paradas, y en los meses previos la proporción llegó a siete de cada diez”, explicó, al describir un nivel de actividad muy por debajo del funcionamiento normal.
La economista advirtió que esta situación repercute directamente en la estructura de costos de las empresas, muchas de las cuales no logran cubrir sus gastos fijos. En ese marco, se observan ajustes generalizados que incluyen despidos, suspensiones, reducción de horas extras y vacaciones anticipadas.
En términos de empleo, el impacto también es considerable. De acuerdo con los datos presentados, la cadena de valor textil —que incluye confecciones, cuero y calzado— registró una caída del 18% en el empleo formal desde diciembre de 2023, lo que representa la pérdida de más de 22.000 puestos de trabajo registrados. A esa cifra se suman empleos indirectos e informales, especialmente en los eslabones de confección, donde la informalidad es más alta.
“Se trata de una de las caídas más fuertes en términos porcentuales dentro de la economía”, sostuvo Knorre, quien atribuyó parte del problema a la pérdida del poder adquisitivo de la población. En ese sentido, señaló que el mercado interno se encuentra deprimido por la baja de salarios reales, jubilaciones en niveles mínimos históricos y el aumento sostenido de gastos en servicios esenciales como alquileres, transporte, educación y tarifas.
“Hoy no se vende ni nacional ni importado”, resumió la economista, al describir un consumo en retroceso en el que la indumentaria ha quedado relegada frente a otros gastos considerados prioritarios.
A este escenario se suma el incremento de las importaciones, impulsado —según la especialista— por un proceso de apertura y desregulación comercial. Knorre cuestionó la falta de controles aduaneros y advirtió sobre la posible presencia de precios de competencia desleal y maniobras de subfacturación.
En ese contexto, sostuvo que la combinación entre caída del consumo interno, aumento de importaciones y menor regulación ha generado un impacto directo sobre la producción nacional. “Argentina se convirtió en un punto de ingreso de mercadería en un contexto global de sobreproducción, particularmente desde Asia”, señaló.
