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Primer año de Cristina presa

San José 1111, Constitución. La puerta del edificio es de hierro forjado y paños de vidrio, con herrería artística. Se sube por el ascensor en jaula hasta el segundo piso. Departamento «D». La puerta la abren los dos históricos secretarios privados de Cristina KirchnerMariano Cabral y Diego Bermúdez.

En la entrada al departamento, de casi 200 metros cuadrados, hay armado un escritorio para ambos colaboradores de la ex presidenta. Para ingresar hay que entregarles el celular.

Es el único requisito para ver a la ex presidenta por temor a que los teléfonos estén pinchados y pueda haber filtraciones de lo que se hable, según reconstruyó del relato de 6 dirigentes del peronismo que la visitan, algunos con regularidad.

Cristina, que lleva una tobillera de monitoreo electrónico, cumple una rutina de gimnasia que se impuso desde que fue sentenciada a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por corrupción, condena de la que se cumple ahora el primer aniversario. Todos los días camina en una cinta de correr eléctrica. También hace ejercicio con mancuernas.

Es habitual que sus visitantes, más allá de la simple cortesía o un cumplido, la piropeen. La encuentran linda. En el universo doméstico de Cristina entran pocas mujeres; la mayoría son varones.

El régimen establecido por los jueces establece que puede recibir visitas dos veces por semana, con un máximo de tres personas por ocasión, con un límite máximo de dos horas de duración.

Previamente a visitarla se debe tramitar la autorización en la Justicia. Cuando se llega, se muestra el DNI a efectivos que en ese horario se encuentran de guardia en la entrada del edificio y, si se está en la lista de autorizados, se sube.

Los únicos con libre acceso son sus familiares -sus hijos Florencia y Máximo Kirchner, sus nietos, su hermana Gisele– y sus abogados. En el listado de sus defensores incorporó a su íntimo amigo Eduardo Valdés y a Juan Grabois, con quien estableció un estrecho vínculo de afecto. Ambos, además de diputados nacionales, son abogados.

El listado de los amigos que se turnan para visitarla lo integran Oscar Parrilli, Carlos ZanniniJorge “El Topo” Devoto, la legisladora Teresa García -la relación entre ambas empezó de jefa a subordinada pero se hicieron amigas bastante íntimas con el paso de los años-, Leopoldo Moreau, y la camporista Mayra Mendoza, entre otros.

Con regularidad van también el sindicalista y dirigente peronista porteño Víctor Santa María y el senador formoseño José Mayans, quien quedó como presidente interino del PJ a raíz de la inhabilitación de Cristina.

Pero también han ido en las últimas semanas referentes peronistas que estaban alejados de ella, como Miguel Pichetto, el ex canciller Rafael Bielsa, Juan José Álvarez y el ex dirigente de La Cámpora José Ottavis. Alguna vez también fue Sergio Massa, según cuentan en el Frente Renovador. Y un ex embajador duda sobre cuándo pedir para ir a verla.

Lo usual es que reciba a sus visitantes en la cocina con comedor diario del departamento. Allí siempre hay una tele prendida, aunque con el volumen bajo. Algunos de los que estuvieron allí recuerdan xque el aparato comúnmente está sintonizado en TN o La Nación +. “Te va a hacer mal”, la han cargado.

La mesa del comedor diario es rectangular, y lo común es que tenga encima pilas de libros, diarios, estudios e informes. Recientemente había uno del Fondo Monetario Internacional. También estaba el libro “Ingenieros del caos”, del italiano Giuliano Da Empoli, regalo de Leopoldo Moreau.

La obra es un manual de lectura casi obligatoria para entender la lógica de la comunicación digital de líderes como Javier Miley y Donald Trump.

La ex presidenta suele tomar mate cocido y sus visitantes lo que prefieran. Para acercar las bebidas se turnan los secretarios Mariano Cabral y Diego Bermúdez, quienes fueron acercados a Cristina hace años por Oscar Parrilli. Un legislador dice que una vez que fue, vio una empleada doméstica en el departamento.

La ex presidenta tiene rosácea, lo que le inflama y enrojece el rostro. Por eso, salvo las excepciones que hace con sus íntimos, recibe siempre maquillada a sus visitantes.

Las visitas tienen muy presente el límite de dos horas para verla. Antes de que se cumpla el plazo bajan para evitar que se le impongan más restricciones.

La ex presidenta habla regularmente por teléfono, aunque tras la filtración de aquellas famosas conversaciones privadas con Parrilli ahora es muy cuidadosa con lo que dice cuando se trata de cosas políticas.

A veces habla en clave, pero sabe que lo que está diciendo puede entenderse igual en caso de que la estén escuchando. Cuentan que a veces en vez de mencionar por el nombre a algún gobernador o dirigente se refiere a él por la región del país a la que pertenece. “Ella te manda siempre muchos emoticones”, agrega con gracia un amigo.

Su rutina diaria empieza a terminar cerca de las 20.30, cuando ve alguna película o serie en plataformas.

Los que participan de su intimidad enumeran diferentes razones acerca de lo que fue una decisión política meditada: de forma sorpresiva Cristina prácticamente se llamó a silencio público.

En lo que va del año solo realizó 8 posteos en X, ninguno contra la administración libertaria. Algunos fueron por agradecimientos, otros contra el Poder Judicial, uno por el secuestro y detención de Nicolás Maduro y el último en despedida al Indio Solari.

Quedaron atrás las cartas públicas con el formato “Che, Milei” en las que cuestionó desde la supuesta vulnerabilidad cambiaria hasta un discurso del Presidente en Davos.

“Decidió guardar silencio para que surjan nuevas voces en el peronismo”, interpreta un dirigente que la visitó por última vez hace cerca de un mes. “Pero no salió nadie con una voz como la de ella para fijar posiciones. Axel (Kicillof) no penetra. Los liderazgos y el carisma no se heredan…Es lo mismo que le pasa a Máximo (Kirchner)”, agrega.

“Su silencio aturde. Por eso está más presente que nunca”, sostiene un amigo de la ex presidenta y menciona la reciente encuesta de Hugo Haime que la muestra como la dirigente política con mejor imagen positiva de la actualidad.

“Nunca le pregunté por su silencio, pero me parece una decisión estratégica. El silencio de ella expone al resto, a que cada uno en el peronismo diga lo que piensa”, expone un ex ministro.

“Hasta Pichetto fue a verla”, dice un dirigente cristinista de la Provincia para remarcar la diferencia entre el diputado que se fue del PJ y Axel Kicillof, que nunca la visitó.

“Ni siquiera mostró algo de humanidad cuando estuvo internada por apendicitis (hace unos meses)», apunta con rencor ese mismo referente, quien tiene trato regular con Cristina.

La última vez que ambos hablaron fue en octubre de 2024, cuando el gobernador viajó a México para la asunción de la presidenta mexicana Claudia Scheinbaum. Mantuvieron una charla breve y su ex ministro le dijo que a su regreso se comunicaría con ella. Nunca ocurrió.

Hasta hace poco hubo nuevos intentos de convencer al gobernador para que fuera a verla a San José 1111. Fue en conversaciones telefónicas, por mensajes de WhatsApp y también cara a cara, confían distintos dirigentes alineados con Cristina.

Comentan que a veces se sorprendieron porque Kicillof incluso buscó hacerse el desentendido, como que no entendía, para evitar decir directamente un incómodo “no”.

El gobernador parece convencido de que la etapa política de la ex presidenta se terminó. Con malicia, un dirigente kirchnerista dice: “Piensa que el traje de etiqueta para entrar al sistema es decir ‘Cristina ya fue’ y se trata de un error político muy grande”.

En el círculo cercano a la ex presidenta hablan de la “ingratitud” de Kicillof con su ex jefa política. Refieren que, al fin de cuentas, ella le abrió las puertas para la política de gran escala cuando lo hizo ministro, luego diputado nacional y lo impulsó a pelear por la gobernación bonaerense.

“Y cuando fue gobernador, lo único que hizo fue encargarse de que Axel tuviera recursos para que la Provincia pudiera asegurarse gobernabilidad”, argumentan en el kirchnerismo. Y agregan: “La ingratitud es una mala moneda de pago en política”.

En el kirchnerismo no solo están convencidos de que Cristina, pese a su condena y prisión, sigue en carrera política sino también que a Kicillof le saldrá caro mantener distancia de la ex presidenta.

“Axel tiene el voto de Cristina, no hay diferencias. ¿Qué hace si rompe con ella?”, se pregunta un diputado K. “¿Qué opción tiene Axel de no llamarla e ir a verla en algún momento? Es no querer los votos de ella”, suma un dirigente peronista con mando territorial.

Mientras, hay elucubraciones. Algunos evalúan un plan para el caso de que no haya paz con el gobernador. Plantean que, como contó Clarín, Cristina podría anunciar su candidatura a presidenta el año que viene y ser proclamada por la Junta Electoral del PJ.

Pero inmediatamente, la Justicia Electoral intervendría para bajar su candidatura debido a que se encuentra, por su condena, inhabilitada perpetuamente a ejercer cargos públicos.

En ese supuesto escenario se sucederían varios acontecimientos, según proyectan. Cristina alegaría que fue proscripta y de candidato a presidente entonces quedaría quien ella haya elegido como compañero de fórmula -“ella es mala, podría inclinarse por Mariano Recalde”, imagina un dirigente en referencia al senador de La Cámpora que fue compañero del secundario de Kicillof- y la oferta electoral del peronismo quedar fragmentada.

Por un lado Kicillof, por el otro el kirchnerismo y por el otro el Frente Renovador de Massa.

Un dirigente alineado con Kicillof considera que la mejor garantía para que Cristina recupere su libertad es que el gobernador llegue a la Casa Rosada y pueda indultarla. Pero ese no es el deseo de la ex presidenta, quien insiste en su inocencia y con que su condena por corrupción obedecen únicamente al supuesto “lawfare” y a las decisiones políticas que tomó en sus gestiones.

La carta legal que apuesta a jugar es la de un recurso de revisión de su condena, acción contemplada en el artículo 366 del nuevo Código Procesal Penal Federal y que se puede interponer contra una sentencia condenatoria firme.

El inciso F de ese artículo estipula de manera expresa que la revisión de una condena firme procede cuando se dicte sentencia de un tribunal internacional. Uno de sus defensores, incluso, ya se presentó en la Corte Penal Internacional de La Haya.

Pero la jugada jurídica del recurso de revisión está en pausa. Para usar esa bala de plata esperarían que haya algún pronunciamiento judicial desde el exterior y que, a nivel doméstico, cambie la configuración de la Corte Suprema. Por ahora ni siquiera hay postulantes para ocupar las dos vacantes que tiene el máximo tribunal.

El año pasado, el santiagueño Gerardo Zamora y otro aliado clave del peronismo le insistieron a Cristina para que apoyara la llegada del juez Ariel Lijo a la Corte, candidatura que impulsaba Javier Milei. En algún momento la ex presidenta pareció entusiasmarse, pero finalmente la convencieron de que lo más seguro era que el peronismo tuviera un postulante propio.

Cerca de Cristina sostienen que fue condenada a 6 años de prisión pero que la inhabilitación especial que recibió es perpetua, algo que consideran desproporcionado y proscriptivo. Alegan que directamente es inconstitucional.

Al cumplirse el primer año de su encierro, hay en estos días concentraciones y muestras de afecto en San José 1111. Pero lo cierto es que poco a poco los militantes que se acercan allí de manera espontánea son cada vez menos.

El lunes pasado al anochecer en el segundo piso solo había una ventana con las luces encendidas. En la esquina de San José y Humberto Primo reinaba la indiferencia, sin militantes ni custodia a la vista.

En el único movimiento notorio de esa hora, una mujer abrió la puerta de hierro forjado del edificio para hacer entrar a un bulldog francés negro. “Apolo”, lo llamó. Y desapareció con el perro en las sombras del edificio.