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El quiebre en el peronismo se profundiza 

La pelea entre el ala dura kirchnerista y Axel Kicillof escaló a su punto más crítico en una disputa abierta por la conducción del peronismo. Los cruces de los últimos días terminaron de romper los pocos puentes políticos que seguían en pie y volvieron mucho más incierta la posibilidad de construir una propuesta unificada para las elecciones presidenciales de 2027.

Además de las dificultades que enfrenta puertas adentro, esa pelea alcanza también a otras esferas del armado político. Mientras el gobierno de Javier Milei enfrenta un desgaste propio de la gestión, especialmente de las causas judiciales que pesan sobre Manuel Adorni y José Luis Espert —dos exalfiles del Presidente—, el peronismo aparece como la única fuerza con volumen suficiente para aspirar a una competencia electoral, pero con esas posibilidades debilitadas si la confrontación interna no encuentra una válvula de escape o un punto de síntesis.

En ese contexto, una eventual presentación de boletas separadas beneficiaría al oficialismo, al igual que el desgaste de los principales dirigentes peronistas en una disputa prolongada por quién asume el liderazgo.

La condena que dejó a Cristina Kirchner fuera de la competencia electoral abrió un problema que el peronismo nunca tuvo que resolver en las últimas dos décadas. Sin una figura con capacidad para ordenar por sí sola al conjunto del espacio, la discusión por la conducción pasó a ocupar el centro de la estrategia hacia 2027.

El banderazo en Parque Lezama, al cumplirse un año del encarcelamiento de Cristina Kirchner, terminó de consolidar esa discusión. Máximo Kirchner reclamó que la expresidenta siga conduciendo el proceso político y aseguró que trabajarán para que sea candidata. “Está muy claro quién debe ser la conductora de este proceso”, afirmó. También cuestionó a quienes “todos los días hablan de unidad”, pero “ni siquiera son capaces de ir a San José 1111 para ver cómo está”, y sostuvo que “hay millones de argentinos que quieren votar a Cristina y no pueden”.

Durante los días siguientes, distintos dirigentes kirchneristas insistieron en la necesidad de que el resto del peronismo reconozca la centralidad política de Cristina Kirchner. En La Cámpora sostienen que el gobernador bonaerense debe ordenar su estrategia detrás de ese liderazgo y consideran que cualquier proyecto presidencial debería partir de ese reconocimiento, aun cuando la expresidenta no pueda competir.

La respuesta desde la gobernación no se hizo esperar. “Hay sectores del peronismo más preocupados por criticar a los compañeros que por criticar a Milei, que es el verdadero adversario y quien está destruyendo a nuestro país”, respondió el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco.

Detrás de ese intercambio quedó expuesta una diferencia política más profunda que una discusión entre dirigentes. Mientras el kirchnerismo interpreta que el proyecto de Kicillof busca construir un peronismo sin Cristina Kirchner, el Gobernador intenta consolidar una estructura propia sin aceptar un esquema de subordinación política a La Cámpora.

Las expectativas de un acercamiento duraron poco luego de la conversación que mantuvieron Kicillof y Máximo Kirchner para organizar la despedida del Indio Solari. Había despertado especulaciones sobre una recomposición de la relación, pero ambos sectores aclararon que se trató únicamente de un intercambio organizativo.

Pocos días después, las declaraciones de la legisladora porteña Berenice Iañez, muy cercana al gobernador, reabrieron el conflicto. Dijo que Cristina Kirchner está “bastante equivocada y jode bastante las pelotas” y cuestionó la forma en que la exmandataria definió la candidatura presidencial de Alberto Fernández. “Pensamos que alguien va a venir con un video y nos va a decir quién es el candidato a presidente”. Para el kirchnerismo, esas declaraciones expresaron públicamente una posición que el kicillofismo sostiene desde hace tiempo.

En espejo, Sergio Berni, cercano a Cristina Kirchner, formuló luego una de las críticas más duras al gobernador. “Nos encantaría que Kicillof sea candidato, sigo sosteniendo sus bondades políticas, pero no en estas condiciones”, afirmó en Urbana Play. Después agregó que “todo este problema se arma porque nadie conduce nada” y concluyó que “por renegar de su origen, Kicillof perdió todo tipo de identidad”. Sus declaraciones reflejan una posición que vienen sosteniendo distintos sectores del kirchnerismo duro.

La tensión volvió a hacerse visible en la primera sesión ordinaria del año del Senado bonaerense, donde Verónica Magario le cortó el micrófono a Berni y Mario Ishii en medio de un fuerte cruce. La escena tuvo un valor simbólico porque mostró que la confrontación ya atraviesa también el funcionamiento cotidiano de las instituciones del territorio que gobierna el propio peronismo y que entre ambas partes está todo roto.

Mientras el enfrentamiento político se profundiza, el margen para una fórmula de consenso se reduce. La posibilidad de que el Gobierno reúna los votos para eliminar o suspender las PASO agrega un elemento de presión, porque el PJ tendría que definir por sus propios medios cómo resolver una competencia que hoy no encuentra árbitros aceptados por todos.

En ese escenario empiezan a mencionarse posibles postulantes como Kicillof, Sergio Massa, Juan Grabois, Sergio Uñac e incluso el banquero Jorge Brito dentro del universo panperonista. En La Plata creen que el gobernador podría imponerse en una primaria frente a cualquiera de ellos, mientras que en La Cámpora sostienen que ningún candidato podría ganarle a Cristina Kirchner.

Por ahora, la única coincidencia entre los distintos sectores es que no existen las condiciones para cerrar una candidatura de síntesis. Si una primaria partidaria consigue ordenar esa disputa o si la fractura termina expresándose en listas separadas, será una de las decisiones políticas más determinantes para el futuro cercano del peronismo. También puede ser una de las variables que más incidan en el resultado electoral que proyecta Javier Milei.