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Caponio criticó la inseguridad que hay en la provincia

Un niño se accidentó al caer en una boca de tormenta sin tapa en pasaje Miguel Cané antes de llegar a la esquina con Saavedra de nuestra Capital. Se encuentra internado en el Hospital de Niños.

Los concejales opositores José María Canelada y Gustavo Cobos dijeron que en este sentido se observa palmariamente la inacción del Estado para resolver este tipo de problemas.

La respuesta vino de Marcelo Caponio, titular de la Sociedad Aguas de Tucumán (SAT), quien afirmó que la tapa había sido robada.

Pero los más insólito fue lo que agregó el funcionario: “Estamos sufriendo el robo de tapas de bocas de tormenta. En los últimos dos años hemos repuesto 400 elementos de estas características en toda la provincia. Es una situación preocupante”, señaló haciendo una crítica abierta a la inseguridad que hay en la provincia.

El funcionario, corto de entendederas, ahondó especificando que “el mayor problema con el que nos encontramos es que reponemos un elemento y nos roban tres». Por las dudas que no haya quedado claro sobre la inseguridad que reina en las calles.

Caponio admitió que en los últimos tiempos este tipo de delito se incrementó considerablemente. Fuentes policiales informaron que la mayor cantidad de denuncias se registra en la periferia de la capital y en localidades del Gran San Miguel de Tucumán.

Las declaraciones del interventor de la SAT no cayeron bien en el Ministerio de Seguridad, a cargo de Eugenio Agüero Gamboa. Las palabras de Caponio golpean de frente a la política llevada a cabo por el área y a las estadísticas que afirman que bajaron los hechos de inseguridad, donde estos robos no están contabilizados.

En el lugar hubo varios accidentes protagonizados por motociclistas y autos, lo que demuestra que la SAT no tiene un sistema de alerta ante estos casos. O sea, que la tragedia convive con los vecinos de la Capital y otros municipios por la ineficiente gestión de Caponio.

Finalmente los concejales plantearon “El abandono de la infraestructura urbana y la reacción tardía del Estado se han vuelto situaciones demasiado comunes. Los vecinos reclaman durante meses o años, pero las respuestas aparecen recién cuando alguien resulta herido. ¿Tiene que ocurrir una tragedia para que el Estado actúe con rapidez?”.