No hay una corrida cambiaria. Adorni renunció hace 40 días. No tiemblan los mercados del mundo. No se disparó la inflación ni aparecieron videos de bolsos con plata de la corrupción. Cristina Kirchner está presa. El peronismo parece atrapado en lógicas del pasado, con dirigentes que amenazan con expropiaciones si llegaran al poder en 2027. Tampoco emergen opciones disruptivas en el radicalismo ni en el PRO y los outsiders que amagan con saltar a la política casi no se dejan ver. El escenario, en suma, no es de catástrofe, pero el Gobierno terminó de entrar esta semana en una fase de turbulencias. “Milei pelea contra Milei, pero está perdiendo”, apunta un funcionario de la primera línea de la Casa Rosada.
Karina Milei, la responsable de la política según su propio hermano, convocó en los últimos días a distintas reuniones a los principales actores del universo libertario. O a los que ella considera determinantes, más allá del cargo formal. Hizo reuniones grupales, pero también largos mano a mano, herméticos, donde habría habido confesiones que la hermanísima en general no hace. Está preocupada. Alguien se animó a preguntarle si tiene en mente recambios en el Gabinete. La secretaria general de la Presidencia dijo que no. No, por ahora.
La semana arrancó con picos de tensión por el sorpresivo paro de los prácticos en los puertos, luego de que el Ejecutivo decidiera desregular integralmente el servicio de practicaje y pilotaje mediante un decreto que fue iniciativa del ministro Federico Sturzenegger. El conflicto amenazaba con escalar y producir pérdidas diarias por 20 millones de dólares. El Gobierno se vio obligado a anular el decreto el martes. Fue la primera derrota de la semana.
Al otro día se produjo un traspié en el Senado. Por presión de los gobernadores y de los bloques legislativos aliados, el oficialismo tuvo que retirar un capítulo clave del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, el que suprimía los porcentajes para la compra de tierras en el país por parte de extranjeros. Segunda derrota. O tercera, porque el primer intento, antes del retiro, había sido ceder para elevar el porcentaje del 15% actual al 25%. Tampoco había funcionado. Otra vez las miradas se dirigieron hacia Sturzenegger. Las de Karina, sobre todo, que acaba de resolver que, desde la próxima semana, antes de enviar un proyecto, primero debe pasar el filtro de la mesa política que ella misma comanda para que todos sus miembros lo analicen en profundidad y se hagan cargo.
Pero no solo el malestar recae sobre Sturzenegger. La falta de explicaciones claras de los ministros acerca del proyecto que había llegado al Congreso provocaron deslices que fueron agravando el panorama. La impericia para encarar micrófonos quedó al desnudo cuando el canciller Pablo Quirno declaró que si un extranjero quería comprar un pueblo, o incluso una provincia, podía. Que era bienvenido.
Ese tipo de declaraciones se volvieron un búmeran. Las redes ardieron y un grupo de artistas famosos instaló una frase letal y efectiva: “La tierra no se vende”. Se convirtió en un exitoso disparador. Lo agitaron, entre otros, Emilia Mernes, Lali Espósito y Tini Stoessel. Tres mujeres que tienen una incidencia impresionante en el público joven. Emilia cuenta con 9,6 millones de seguidores en Instagram; Lali, 11,9 millones; Tini, que además es la novia de Rodrigo De Paul, 21,5 millones.
Los artistas, deportistas e influencers hallaron un hilo que unió el contenido de la ley con el mensaje a favor de las Islas Malvinas que levantaron los jugadores de la Selección de Scaloni, con aquella imagen de la bandera (“las Malvinas son argentinas”) que recorrió el mundo después del partido con Inglaterra.
Esos mensajes, para la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, estaban prohibidos y no se podían ingresar al estadio. Pero un grupo de hinchas entró la bandera a escondidas y, al final del partido, se la arrojó a los jugadores. Para Monteoliva, acceder con esos mensajes, debía ser tomado como una provocación. Los ídolos de la Selección creyeron lo contrario. El Gobierno quedó en off side. Monteoliva tuvo que suspender las entrevistas en televisión.
Aquella consigna sobre las Islas Malvinas y el mensaje de “la tierra no se vende” de esta semana sirvieron como insumo para la retórica de un sector social politizado, no necesariamente identificado con un mismo partido, y contagió a aquellos que miran de soslayo los acontecimientos públicos. La mesa estaba servida para quienes apuestan a desgastar al Gobierno rumbo a las próximas presidenciales. Sectores enigmáticos de poder se movieron en penumbras para herir a la administración libertaria.
Surgió, en ese sentido, un dato revelador. En la última semana, el análisis de la Biblioteca de Anuncios de Meta —matriz de Instagram, Facebook, WhatsApp y Threads — permitió descubrir que, entre los 20 mayores anunciantes, aparecen cinco cuentas sin descargo de responsabilidad que, en su conjunto, desembolsaron 238.797.384 pesos para motorizar una campaña contra la supuesta extranjerización de la tierra. Es decir, una campaña anti Milei.
¿Quién financió esa maniobra? Se trata de perfiles que no poseen antecedentes como grandes jugadores en la distribución de la pauta de la Argentina. Aunque fueron lo suficientemente hábiles como para saturar algoritmos y generar conversación efusiva en las redes. Puede afirmarse también que actuaron como verdaderos profesionales. Las publicaciones ya no se encuentran disponibles ni se puede reconstruir el contenido difundido.
Tanto ruido derivó el viernes en una última concesión del oficialismo, la cuarta, cuando debió resignar el capítulo que modificaba la ley de manejo del fuego para que el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada pudiera aprobarse por 37 votos a favor y 33 en contra. Un tercio del proyecto original.
La Iglesia Católica trabajó para que las reformas parlamentarias naufragaran. En varias provincias, sus máximos representantes hablaron directamente con los gobernadores. Algunos, que en otro momento hubieran apoyado sin matices, saltaron del sillón y avisaron que sus legisladores votarían en contra. Un senador bonaerense reconoció que el fin de semana pasado, cuando volvió a su ciudad, un obispo se le plantó: “¿Vos vas a votar a favor de la venta de tierras?”
Al Gobierno se le escurren los logros, incluso los que podrían unir a militantes de diferentes partidos a los que los vincula la misma fe. El anuncio de la visita del papa León XIV se produjo la misma semana en que el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, criticó al Ejecutivo en la homilía por San Cayetano por la actualidad económica e hizo un llamado a la sociedad a no resignarse «pasiva y silenciosamente a que las cosas aumenten» y el «sueldo no alcance». Fue una estocada precisa, premeditada, que pone en tela de juicio lo que Milei considera un proceso económico exitoso.
En el ala política del Ejecutivo se estremecen con manifestaciones así porque van en sintonía con lo que la gente de a pie empieza a expresar en los focus group. Incluso los mismos que celebran el achique del Estado, el ordenamiento de la macroeconomía y la baja de la inflación, suelen decir: Todo bien, pero a mí no me alcanza la plata. Deudas y sueldos retrasados en la carrera contra la inflación podrían transformarse en una bola de nieve gigante rumbo a 2027.
Axel Kicillof presiona a quienes quieren ayudarlo para pelear la sucesión de Milei. Les pide que machaquen sobre los errores del Gobierno y el estado de la economía real. El gobernador bloqueó cualquier intento de negociación con Cristina. La última vez que se vieron, en octubre del año pasado, ella le ordenó que se sentara a negociar cara a cara con Máximo Kirchner. El gobernador rechaza esa disposición. Máximo trabaja para desgatar a Axel y fantasea con una candidatura propia, pero enfrenta un alto nivel de rechazo. No es lo único que lo complica: en poco tiempo deberá sentarse en el banquillo de los acusados, por primera vez, en la causa Hotesur-Los Sauces.
La escasez de oferta electoral envalentona a los outsiders. El jueves al mediodía, en un restaurante de La Recova se encontraron dos viejos enemigos: Emilio Monzó y Jaime Durán Barba, que comían al lado de la mesa que ocupaban Eben Etzebeth y otras estrellas del rugby sudafricano. Monzó y Durán Barba construyeron la candidatura de Mauricio Macri en 2015 y luego se pelearon. Ahora podrían trabajar juntos en la campaña de Jorge Brito, si es que el banquero se decide a competir. Se puso un plazo de 120 días. Brito, predecesor de Stéfano Di Carlo en River, estaría esperando que se corte la peor racha del club desde 1911 antes de salir a la cancha.
Otro que expresó sus ganas es el economista Carlos Melconian, que se mueve ágilmente en el Círculo Rojo. Con ambos pretendía reunirse en los últimos días el empresario de medios Daniel Hadad, que también coquetea con una postulación, aunque -cuando le preguntan- no dice ni sí ni no.
¿Y Dante Gebel? Vendrá a la Argentina a fin de año para hacer un show con tinte religioso. Aspira a llenar el estadio de River o Vélez. Sus colaboradores lo promocionan como el pastor de los jóvenes. Aunque en su último paso por Buenos Aires, Gebel dijo que no era pastor. Que eso, en verdad, era un invento.
