La República Democrática del Congo atraviesa una de las peores epidemias de ébola registradas en su historia. El brote, que ya superó los 5.500 casos, dejó más de 2.600 muertos en seis provincias y, según la médica argentina Carolina Nanclares, su velocidad de expansión supera la capacidad de respuesta disponible, en un escenario agravado por la circulación del virus Bundibugyo, para el que no existe una vacuna aprobada.

La letalidad ronda el 50% y el brote avanza con un ritmo que, de acuerdo con Nanclares, implica 24 muertes por día, el equivalente a una persona fallecida cada 30 minutos. Esa dinámica convirtió a esta crisis en la epidemia con más muertes registrada en el país y la colocó solo por debajo de la de África occidental de 2014-2016 en cantidad de víctimas a nivel global.
Nanclares, coordinadora de Médicos Sin Fronteras en Congo, llegó hace pocos días a Kisangani para dirigir un centro de tratamiento de ébola. Describió el panorama con una frase contundente: “La situación es muy preocupante”.
La médica explicó que esta epidemia se distingue de las anteriores por la presencia del virus Bundibugyo, una cepa poco frecuente. “Esta es la tercera epidemia a nivel histórico de este virus”, indicó.

La respuesta sanitaria enfrenta allí una limitación central: hasta ahora no hay una vacuna aprobada para esa variante. Lo que la comunidad internacional evalúa es el uso, bajo protocolos de investigación, de la vacuna que sí fue aprobada para otro tipo de virus ébola durante la crisis de 2014-2016, aunque su eficacia frente a Bundibugyo no está confirmada.
“En este momento lo que se está considerando es desplegar la vacuna que sí está aprobada para el otro tipo de virus ébola”, precisó la especialista. La ausencia de un tratamiento específico también reduce las herramientas disponibles para contener la transmisión y mejorar el pronóstico de los pacientes.
En el centro de tratamiento de Kisangani, el personal trabaja con zonas diferenciadas para disminuir el peligro de contagio. Nanclares explicó que el equipo se mueve en espacios de bajo riesgo y que el contacto con pacientes infectados exige protección total de la piel mediante equipamiento individual.
Al mismo tiempo, el uso de trajes integrales, guantes y mascarillas forma parte de una rutina diseñada para sostener la atención sin exponer al personal. El momento más delicado no termina cuando concluye la asistencia: retirar ese equipo requiere un cuidado extremo para evitar la contaminación.
“No hay nunca cero riesgo”, advirtió la médica. Por eso, los protocolos se aplican antes y después de cada atención, con el objetivo de preservar la seguridad de los equipos y mantener operativos los centros.
La epidemia comenzó en la provincia de Ituri, pero ya se extendió a seis provincias y a múltiples áreas de salud. Para Nanclares, el problema no se resuelve solo con más camas o con la apertura de nuevos centros de tratamiento, porque la respuesta depende también de la relación con las comunidades.
“No es solamente meter camas y centros de tratamiento, sino también tiene mucho que ver con el involucramiento y la participación comunitaria”, señaló. En ese punto, la desconfianza y los rumores dentro de la población funcionan como un obstáculo adicional para frenar los contagios.
La coordinadora de Médicos Sin Fronteras pidió más ayuda internacional y más actores con experiencia en este tipo de intervenciones. También remarcó que el ébola se expande en medio de otras emergencias que aumentan la vulnerabilidad de la población.
“Además del ébola, hay epidemias de malaria, de cólera, hay inseguridad y conflicto, hay desplazamiento de población”, dijo. Esa superposición de crisis humanitarias complejiza la tarea sanitaria en terreno y eleva la presión sobre equipos que ya trabajan al límite.
Aunque la tasa de letalidad es alta y no hay tratamientos aprobados para Bundibugyo, Nanclares sostuvo que parte de los pacientes logra recuperarse con seguimiento clínico y manejo adecuado de las complicaciones. “Con un buen seguimiento se pueden curar, pero es una enfermedad con una tasa de letalidad muy alta”, explicó.
