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Donde comenzó todo

Es imposible no unir la bandera que los jugadores de la Selección argentina agitaron hace 45 días, tras perder la final del Mundial, con el discurso que el presidente Javier Milei pronunció anoche por cadena nacional. La causa Malvinas volvió al primer plano de la mano del fútbol y del agónico 2 a 1 sobre Inglaterra, pero esta vez ese sentimiento no se evaporó. Hombres, y mujeres de todas las edades (en particular chicos que solo escucharon hablar de la guerra) se hicieron eco de ese gesto rebelde del equipo albiceleste y el mensaje “Las Malvinas son argentinas” empezó a repetirse en la calle y en las redes sociales.

Fue Donald Trump, en el marco de una pelea caprichosa con el gobierno de Reino Unido por el gasto militar de la OTAN, quien abrió hace apenas 48 horas una oportunidad que el Gobierno no tardó en aprovechar. “En el mundo corren vientos de cambio”, celebró el primer mandatario, que justificó el giro de EE.UU. en el hecho de que la Casa Blanca considera a la Argentina de Milei como un socio más confiable que UK.

La nueva estrategia entusiasma a la Casa Rosada por su potencial efecto político y mediático. Además de ratificar el reclamo de soberanía, Milei reveló que endurecerán las sanciones económicas a las petroleras que buscarán petróleo en el archipiélago. Para ello, buscarán modificar una ley de 2011, conocida por el nombre de su impulsor, Pino Solanas. La norma original castiga a las empresas involucradas en Sea Lion, pero con la modificación apuntan a sus accionistas y proveedores.

El Gobierno convocó a todas las fuerzas políticas a dar su apoyo a esta jugada de alto impacto pero de alcance aún incierto. Milei aceptó hacer a un lado la grieta (hasta reemplazó su clásico “viva la libertad carajo” con un universal “viva la patria”), si con eso logra reconectar con una sociedad todavía busca una causa nacional que la represente.