Hace una semana, el ministro de Economía, Luis Caputo, había anunciado un plan de créditos hipotecarios con fondos de la Anses, con una frase que llamó la atención: dijo que era una forma de hacer “justicia social”, una expresión que el Presidente aborrece.
Luego de que también se habilitara el crédito en dólares para más empresas y de que el jefe del Banco Central, Santiago Bausili, hablara de que la actividad crece menos de lo esperado, había quedado flotando la impresión de que algo, desde lo instrumental a lo comunicacional, había cambiado en una administración que hace gala de la no intervención estatal en el proceso en marcha.
Además, el hecho de que las medidas que lanzó “Toto” se hubieran presentado tras un encuentro entre el ministro y su sobrino asesor Santiago Caputo, había alentado la idea de que había una búsqueda en el oficialismo de enviar un mensaje más empático en momentos de críticas por el incremento de la morosidad en deudas bancarias y con las fintechs. Pero durante la última semana se sucedieron mensajes del ala dura que encabeza el primer mandatario que ratifican la postura original, en contradicción con cualquier matiz o giro pragmático.
“Si ustedes se fijan en el debate reciente hay muchas personas que a la luz del año electoral que se viene, y lo hacen con buena intención, queriendo que se asegure la reelección y que podamos continuar con este rumbo, piden que flexibilicemos nuestra política monetaria y nuestra política fiscal. Y la respuesta es: nosotros no vamos a hacer eso”, subrayó Javier Milei al hablar en el encuentro titulado Vientos de Cambio, organizado por la Fundación Libertad y Progreso.
Acto seguido, resaltó el artículo que escribió el domingo en el diario La Nación el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, a quien llama “El Coloso”. El texto, titulado “Más allá del ruido”, destaca números de la gestión actual para tratar de rebatir argumentos en contra que hacen economistas independientes y la oposición. Sin embargo, el detalle que se remarcó dentro del gabinete es el primer párrafo, con una referencia -cada vez más presente en los discursos oficiales- al fracaso de la presidencia de Mauricio Macri.
Sturzenegger comienza con la idea de que a fines de 2017 la economía estaba bien, pero que “se instaló la idea de que iba todo mal”. Y señala: “Caló tan hondo eso que el gobierno perdió el rumbo. Se desvió de su camino, agobiado por la supuesta urgencia. Lo que vino después es historia conocida”.
Basta googlear para entender de qué habla quien entonces era presidente del Banco Central. El 28 de diciembre de aquél año se realizó la recordada conferencia en la Casa Rosada en la que -con su presencia junto al ministro Nicolás Dujovne, el secretario de Finanzas, Luis Caputo y el jefe de gabinete, Marcos Peña- se relajaron las metas de inflación para intentar que la política monetaria no fuera tan restrictiva y se favoreciera la actividad económica.
Milei recoge justamente ese punto en su discurso. “Ahí también hay una lección muy importante, que la señala Federico”, dijo, y retoma que en 2017 “todo estaba funcionando bien”, pero “los medios se dedicaron a crear la idea de que era un caos y que todo iba a explotar y terminó explotando”. “Gracias malditos periodistas del 95% por habernos traído a Alberto Fernández”, añadió.
Según pudo reconstruir este medio, hay una diferencia en el Gobierno respecto de la mirada del proceso económico que está atravesando la Argentina. El Palacio de Hacienda entiende que, sin poner en riesgo el equilibrio fiscal, hay que buscar mecanismos para que se generalice una recuperación de la economía que por ahora se siente más fuerte en sectores con menos mano de obra.
El ingreso del uruguayo Ernesto Talvi y su idea de “paciencia estratégica” apunta en una dirección menos dogmática. Ahí juega la idea de apuntalar la construcción, que pareciera haber tocado un piso en materia de empleo. Con el “plan vial”, que Caputo nombra todo el tiempo, más el fondeo de hipotecarios, no se oculta la voluntad de “reactivar”, como está diciendo el ministro en encuentros con representantes de empresas.
Algunos en el equipo económico asocian con esta diferencia de enfoque el enojo que tuvo el jefe de Estado hace diez días con el periodista Marcelo Bonelli que había revelado que Caputo le había dicho a banqueros que él estaba dispuesto a estimular la actividad pero que el Presidente no accedía. “Mierdas humanas”, escribió Milei en una escalada de insultos escatológicos en redes. A los pocos días, sin embargo, el ministro de Economía anunció un plan para que unas 18 mil familias accedan a su primera vivienda y habló del “efecto multiplicador” que podría generar en el sector inmobiliario y la actividad de la construcción.
Pero esta semana, se impuso en varias oportunidades la vigencia del mantra oficial. No tocar nada. ¿Puede ser que el Presidente ofrece un mensaje para los mercados mientras Caputo con disimulo apela a una reacción de cara al electorado? En ese caso sería una combinación planeada. De lo contrario, habría que ver cuánto se profundiza en caso de que hubiera una caída en el apoyo producto de problemas en el empleo y los ingresos. “Pero claramente si el crecimiento es a dos velocidades, la reacción se da también en dos modalidades, la de Milei-Sturzenegger y la de Caputo”, indicaron en la Casa Rosada.
Como sea, al hablar en el mismo seminario que Milei, Sturzenegger fue más explícito aún en la postura contraria a la de Caputo. “Siempre me preguntan cuál es el plan para el crecimiento económico: la defensa de los derechos de propiedad. Fin. Punto”, indicó.
