Siete de cada diez adultos en la Argentina tiene exceso de peso. Cuatro de ellos padece obesidad. Las proyecciones para 2030, es decir, dentro de apenas cuatro años, indican que 26.320.000 personas, en el país, presentarán un alto Indice de Masa Corporal (IMC). En 2021, las muertes prematuras vinculadas con esta variable alcanzaron las 10.524.
Las cifras pertenecen al World Obesity Atlas, y permiten trazar un panorama más que preocupante, por estos lados, en lo que respecta a una auténtica epidemia. Porque como insisten los especialistas, la obesidad no tiene nada que ver con la estética: es un problema de salud pública, y uno de los más acuciantes.
El IMC se utiliza en Medicina para evaluar la adecuación del peso corporal de una persona en relación con su altura, y es una herramienta que sirve para identificar categorías de peso -bajo peso, sobrepeso u obesidad- que pueden derivar en problemas de salud. Un alto nivel de IMC está asociado con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, alteraciones en los niveles normales de grasas como el colesterol y los triglicéridos; apnea del sueño y algunos tipos de cáncer.
Hace años que la obesidad se viene incrementando en todo el mundo. Un estudio reciente publicado en la revista Nature deja algunos datos interesantes: es un problema mundial, sí, pero presente de manera desigual. Mientras se desacelera en los países más desarrollados, se acelera en los más pobres y en los de desarrollo medio.
El trabajo analizó informaciones de 232 millones de personas, a lo largo de 4.050 estudios poblacionales entre 1980 y 2024 en 200 países y territorios. Concluyó así que, en los últimos 45 años, la obesidad aumentó en prácticamente todas las geografías. Lo que varió es la velocidad a la que se produjo.
En las naciones con mayor nivel de desarrollo, como Estados Unidos, Canadá y Europa occidental, donde la obesidad creció más tempranamente, las cifras se desaceleraron o, al menos, se estabilizaron y en algunos casos incluso cayeron, como entre los chicos y adolescentes. Pero, en la otra punta del espectro, como Africa, Asia y América latina y el Caribe, donde el problema llegó más tarde, el crecimiento hoy es mucho mayor y más rápido. Según los autores, “las tendencias sociales, económicas y tecnológicas que influyen en la disponibilidad, asequibilidad y el consumo de diferentes alimentos pueden haber contribuido a controlar el aumento de la obesidad en los países de altos ingresos, pero requieren intervenciones políticas en los de ingresos bajos y medios”.
Intervenciones políticas. Si no es por conciencia, que al menos sea por interés: es enorme el gasto económico que generan la obesidad y sus problemas consecuentes, como los tratamientos para las enfermedades crónicas derivadas, pérdida de productividad por ausentismo, menor rendimiento en el trabajo, jubilaciones anticipadas o muertes prematuras.
Un cálculo establece que, de seguir la tendencia, el impacto económico de esta epidemia podría ser equivalente al 3% del PBI mundial para 2035.
Consumo de alimentos ultraprocesados; sedentarismo, favorecido por el uso de tecnología también como entretenimiento, en desmedro de los juegos al aire libre o los deportes; el home-office, y la mayor dependencia de medios de transporte en las grandes ciudades, son algunos de los factores que a grandes rasgos contribuyen al avance de la obesidad, más allá de las especificidades propias de cada sociedad. Al margen del esfuerzo individual, hay medidas que se deben implementar desde otros niveles.
“Let’s move”, una exhortación a moverse, fue la campaña que Michelle Obama lanzó en EE.UU. durante la presidencia de su marido, promoviendo la alimentación sana -se modificaron los menúes escolares y se logró el asesoramiento de chefs reconocidos- y la actividad física, además de acordar con supermercados y alimenticias para disponer de mejores productos a precios más accesibles. Es apenas un ejemplo.
Con datos oficiales y de Unicef según los cuales alrededor del 41% de los chicos de entre 5 y 17 años en Argentina tiene sobrepeso u obesidad, sería un buen momento para poner las manos en la masa.
