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El fiscal pidió 27 y 20 años de prisión para los presuntos asesinos de Federico Aramburú en París

La audiencia N° 13 del debate no fue una más. Trinidad, Justina y Santiago, los tres hijos del ex jugador de Los Pumas Federico Martín Aramburú (42), tomaron el tren desde Biarritz hacia Paris junto a su madre, María. Trini, la hija menor ingresó de la mano de su mamá a la sala Voltaire del Palacio de Justicia de la capital francesa y se instaló frente al box de los acusados de asesinar a su papá para escuchar los alegatos de las partes.

El recinto en el histórico edificio parisino estaba repleto. Familiares y amigos de la víctima, rugbiers y abogados dijeron presente en una jornada otoñal.

Mientras que en el box permanecían los dos presuntos asesinos: los ultraderechistas Loik Le Priol (32) y Romaín Bouvier (34).

Por su parte, Sophie Thonon-Wesfried fue la primera en alegar ante el tribunal de juicio. Es la abogada de Cecilia Aramburú, la madre de Federico, y una reconocida representa legal de los desaparecidos franceses en Argentina. «Tengo el difícil honor de defender el dolor de una madre. Perder a un hijo es indescriptible, impensable«, dijo al arrancar su exposición.

Luego repasó parte de la violenta historia de Argentina, los golpes de Estado, en particular el de 1976, y remarcó que «el tema de los desaparecidos impregna toda la sociedad» del país y que «la figura de la madre es una figura mítica de la memoria».

“En Argentina, el fascismo mató. También mató a su hijo», afirmó la abogada en clara referencia al perfil ideológico y político de los dos acusados.

También se refirió a «la impunidad» con la que actuaron los imputados y, antes de finalizar, les hizo una pregunta: «¿Llegarán a comprender de verdad lo que ocurrió aquella noche, para que puedan convertirse en hombres dignos, para que algún día puedan pertenecer a la comunidad humana?».

El fiscal Phillipe Carrouye es una celebridad en la justicia francesa. Un personaje encargado de los grandes casos y probablemente, este sea el último de este “abogado general”, con su toga colorada y su sarcástico humor.

En su alegato repasó la secuencia de los hechos paso a paso y describió cada acción de Le Priol y Bouvier. Mencionó que los acusados se defendieron con el argumento de que no tuvieron intenciones de matar, pero les recordó que no hicieron nada para ayudar a la víctima cuando la vieron herida en el suelo. No llamaron a la Policía ni a una ambulancia, sino que escaparon.

Contó que tras la pelea en el bar Le Mabillon no hubo una fuga por parte de los sospechosos, sino «una cacería» contra Aramburú y su socio y amigo Shaun Hegarty.

También cuestionó a la abogada defensora Lucie Garçon, quien sostuvo que Le Priol disparó “porque se sintió amenazado” y lo hizo «en legítima defensa».

«Pero ¿de qué tenía miedo Le Priol? ¿Del repasador con cubitos de hielo que sostenía Shaun Hegarty para pegarle? Un ex comando de la Marina con miedo a tres cubitos de hielo… Eso sería más bien un tratamiento de spa…», dijo con ironía.

Sobre la postura de legítima defensa de Le Priol, el fiscal explicó que «esto le permite presentarse como víctima ante su familia» y señaló que en el juicio #su hermana y su padre explicaron que los jugadores de rugby eran matones y que el arma le salvó la vida».

Luego repasó el testimonio de un guardia de la prisión que escuchó a Le Priol en su celda alardeando. Según ese testigo, el acusado dijo: «Lo que más me gustó fueron las últimas cuatro balas que le metí en el ..»

«Eso encaja con la personalidad de Le Priol. Es difícil imaginar que dijera que se arrepintió de esos últimos cuatro disparos”, argumentó el fiscal.

Y agregó: “Tras el incidente, Le Priol huyó de la justicia. Escapó y escondió el arma. Si no sabe dónde disparó, si actuó en defensa propia… ¿Qué haría usted en su lugar? Se entregaría a la policía. Él no lo hizo. Tomó un taxi… Para alguien que sufre estrés postraumático, está tranquilo y tiene todas las características de un fugitivo”.

Respecto de Bouvier, el fiscal marcó que al escapar de la escena del crimen y se dirigió hasta la Abadía de Solesmes, aunque dijo que el acusado no quería confesarse allí, sino «refugiarse tras los muros de la iglesia» y lo comparó con el personaje de Quasimodo de Víctor Hugo y el pasaje en el que entra a la catedral de Notre Dame.

Al momento de pedir pena, el fiscal solicitó 27 años de prisión para Le Priol como autor del asesinato y 20 para Bouvier por el mismo delito, pero en grado de tentativa.

Es que, de acuerdo a la acusación, primero fue Bouvier quien disparó contra Aramburú y lo dejó herido cuando lo fue a buscar a la puerta del hotel tras la pelea en el bar. Mientras que Le Priol llegó después y ejecutó a la víctima de varios balazos más.

Luego, el fiscal mencionó a Antony S., quien se declaró como un amigo fiel de Bouvier, y pidió para él una pena de 3 años de prisión por haberlo ayudado a escapar. Le imputó los delitos de robo, receptación de bienes robados y destrucción de pruebas.

La misma condena, por iguales delitos solicitó para Lyson R. la ex novia de Le Priol.

El fiscal volvió a recordar a la víctima, al hombre que era. Un buen hombre, de carácter alegre. Bouvier y Le Priol arrebataron un hijo, un esposo, un amigo…. «En sus deliberaciones, les pido que consideren esta profunda pérdida y devastación», dijo al jurado.

Para Courroye los cuatro acusados tuvieron opciones: «¡Todo fue una elección! Tomaron decisiones equivocadas… También está la gravedad de la situación ¿Qué podría ser peor que la muerte?».

«El héroe de guerra que Bouvier idealiza, Le Priol, está fascinado por el pseudo intelectual. Es un dúo perverso, y el experto los describió como inseparables. ¡Y el 19, estos dos hombres llevarán a cabo su fuga en dos partes en un arpegio criminal!», resumió.

El fiscal también subrayó los antecedentes penales de los dos principales acusados. Son numerosos y algunos con tintes racistas. Fueron condenados. Le Priol tenía prohibido ir a París y cumplía con una libertad bajo fianza. Bouvier también.

«Es la peligrosidad criminal de los dos acusados«, afirma sobre el vínculo de ambos con la GUD, el grupo de ultraderecha al que pertenecían, y a la fascinación por las armas.

«Me habría preocupado menos si Bouvier hubiera sido miembro del Auxilio Católico o de la asociación Amigos de Marcel Proust. «En cambio, encontramos un ejemplar de Mein Kampf (en su casa», describió.

Tras los alegatos, ahora queda la deliberación del jurado y este viernes se conocerá si los acusados son condenados y a qué pena. Le Priol y Bouvier enfrentan la posibilidad de recibir perpetua.