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Manzano se acercó a Kicillof pensando en futuros negocios si llega a la presidencia

Se ha dicho: José Luis Manzano es un tipo que fuma debajo del agua. Una inteligencia tan fuera de lo común como la ambición de hacer plata, y una dosis de oportunismo político que nunca abandonó y que le permitió aprovechar como ninguno las oportunidades de negocios que da el Estado, o que le hacen dar al Estado. Obvio, los negocios inventados siempre son más . Manzano es un lobista que viene de la política y que vende sus productos como si te estuviera ayudando.

Llegó de Mendoza en los 80 como diputado por la renovación peronista y fue el primero en saltar al menemismo luego de que Menem sacara a Cafiero de la carrera presidencial. Hizo célebre la frase robo para la corona, cuando la corona era Menem. Desde entonces, transó con todos y se convirtió en operador estrella de Massa antes de terminar siéndolo de Milei. Se metió en el poder detrás del poder a través de Karina Milei, a quien llegó por doble vía: Bettina Bulgheroni y Santiago Viola, que maneja gran parte de la relación de Manzano con el Gobierno. Viola es apoderado de la Libertad Avanza y el hijo de Claudia Balbín, asesora judicial de Manzano. También, el número dos del Ministerio de Justicia.

Son datos de sus relaciones políticas. ¿Cómo le fue con los negocios? En estos años de Milei realizó grandes compras que abarcan medios de comunicación, distribución de gas y combustibles. Con Alberto Fernández y la billetera de grupos de inversión, se había convertido en un jugador fuerte en el sector energético: avanzó sobre la minera Aguilar en Jujuy y se quedó con 163 mil hectáreas con potencial de explotación de litio en Catamarca y otras para producir uranio en Río Negro.

Otros datos imprescindibles: con Milei compró en 2025 Telefe junto a sus socios de América TV. No dijeron cuánto pagaron; se cree que cerca de US$ 100 millones. La última operación importante fue el mes pasado, cuando YPF les vendió por US$ 780 millones el 70% de Metrogas, de la que ya tenían el 9,23%. Por eso manejan hoy la distribución de gas. Ya tenían parte de la de luz con Edenor, otra compra hecha con Fernández presidente. Ahora van por Aysa.

Esta semana, Manzano apareció por Nueva York. Venía de Porto Cervo, uno de los lugares más exclusivos de Cerdeña, donde había corrido la regata Rolex Swan Cup al frente de su velero Aristarchos. ¿Quién no corrió alguna vez una regata en el Mediterráneo? Entre paréntesis: hace un año, había sido noticia por otra historia de barcos. Cerca de allí, en Saint Tropez, se incendió el Sea Lady II, otro yate suyo.

Volvamos al viaje a Nueva York, adonde no fue para acompañar a Milei, que era lo esperable, sino para sumarse a la comitiva de Kicillof, que en plan candidato organizó una visita paralela y muy crítica a la del Presidente. Manzano elogió a Kicillof en una reunión con empresarios en el hotel Michelángelo y Kicillof lo distinguió sentándolo casi en la cabecera.

Hace muy poco, en noviembre, Manzano había caído por otro hotel, el Marriot Marquis de Miami, para presentarle a Milei los accionistas de Mercuria Energy Group, uno de los mayores traders del mundo. Tenían en la mira la red Raizen, unas 900 gasolineras que con la marca Shell representan el 18% de las ventas de nafta y de gasoil Se las quedaron por US$ 1.420 millones.

El salto de Manzano al kicilllofismo desconcierta al Gobierno. Dicen que sólo mandó a decir: “no podía dejar de ir”. No le creen. Encima, en la ley de Presupuesto aprobada el jueves, Milei le perdonó a Edenor y Edesur una deuda enorme con Cammesa, que es como decir con el Estado argentino. Para Edenor significa US$ 600 millones.

Ni a Milei ni a Kicillof les fue demasiado bien en Nueva York. Milei se trajo un paquete de plata para inversiones en infraestructura y pudo lanzar otro discurso electoral por Malvinas en Naciones Unidas. Y aunque Trump lo puso en el club de los ganadores, no consiguió una reunión privada. Tampoco con el secretario de Estado Marco Rubio. La venezolana Delcy Rodríguez las tuvo. Kicillof se abrazó al alcalde Zohran Mamdani, un progre victorioso, lo cual es bueno para su público. También se vio con el español Pedro Sánchez, envuelto en denuncias y graves problemas de gestión. No se sabe si eso lo ayuda o lo perjudica.

En Nueva York se enteró de una mala noticia: volvió el escándalo por las cajas negras en la Legislatura. Es una historia que mezcla políticos de todos los colores, desde el massismo a los libertarios, a los que los une no el amor sino el encubrimiento. Oficialismo y oposición, socios de un sindicato único. Una foto, si las hay, de la casta. El juez los denunció por proteger la corrupción. La legislatura de Buenos Aires gasta casi 400 mil millones al año. Es la que más gasta: $2.746 millones por legislador.

Y es el organismo más opaco de una provincia opaca. Lo que se ve en el caso Chocolate Rigau no es una excepción, sino un sistema de financiamiento ilegal, que se ha ido incrementando y degradando. Y, en paralelo, la acción legislativa se ha vuelto más infrecuente y superflua. Es muy difícil encontrar algo más representativo de la crisis de representación de la política.

También es difícil encontrar algo que se parezca más a los escraches de Milei a medio mundo que las cancelaciones que hacen la izquierda y el kirchnerismo a los que piensan distinto. Cancelar comparte su raíz con términos como cárcel y encarcelar. Pero desde hace un tiempo devino común cancelar personas por sus opiniones.

Fanáticos ideologizados que actúan como si contaran con superioridad moral para juzgar a alguien y borrarlo. Igual que los escraches, estigmatizan, condenan, silencian y violentan a una persona. La cancelación manipula violencia. Es decir, es una acción fascista. Escudada en la defensa de ideales, reproduce la violencia que supuestamente pretende subsanar.

Le tocó ahora a la escritora Ariana Harwicz, echada de un festival de cultura por negarse a boicotear a Israel. ¿Cómo pueden defender esta violencia, aunque sea simbólica y no física? Uno podría decir: mientras la intención sea excluir sólo con papeles, todo bien. Pero eso no oculta una sencilla verdad: después de lo que pasamos en la Dictadura, ya sabemos cómo pueden terminar esas cosas.