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El modelo no se toca, pero necesita cambios

Lo mejor siempre está por venir. Es un viejo truco de la psicología política. La utopía futura actúa como un artilugio discursivo para tratar de hacer más leves las penurias cotidianas. Javier Milei, que no se considera ni es un político tradicional, lleva varias semanas apelando a aquella lógica. La fomenta con promesas desmesuradas, cada vez más desmesuradas. Ha dicho que solo es cuestión de esperar hasta 2028 para que el país tenga el mejor año económico de su historia y los argentinos lleguen, al fin, a la ansiada tierra prometida. Así se lo planteó a los empresarios y a los trece gobernadores que lo acompañaron en la Argentina Week de París. Atrás quedaron los postulados, también exorbitantes y recurrentes a lo largo de los casi tres años de gestión, sobre un crecimiento inminente. Ahora el Presidente pide paciencia. Literal.

El Gobierno asume que hay que prepararse para meses zigzagueantes en lo económico, lo político y lo financiero, acaso con turbulencias en los tres frentes, que podrían alargarse hasta el mismo inicio del tramo decisivo de la campaña electoral por la reelección de su líder. En ese sentido, acaba de arrancar un mes que podría ser determinante. “Octubre es nuestro deadline”, asumían en París los integrantes de la comitiva.

En las próximas dos semanas, los hermanos Milei, pero sobre todo Karina, quieren tener resueltas dos cosas: si se aprobará en el Congreso la reforma política -en rigor, si habrá o no elecciones primarias y obligatorias el año próximo- y si se cristaliza, o naufraga, el incipiente acuerdo electoral en las provincias con buena parte de los gobernadores que acompañaron al jefe de Estado en Francia. Son resoluciones vitales para la estrategia proselitista y los movimientos presidenciales.

La suerte no está echada. Milei, a diferencia de otras épocas en las que pretendía sumisión o cataclismo, buscó seducir a los gobernadores durante la estadía en la capital francesa, aun con los que ha tenido algún roce público. Los convocó a una reunión, los hizo partícipes de la gira, les cruzó bromas y les agradeció el acompañamiento. Es posible que París no haya terminado de ser una fiesta para los mandatarios, pero, al menos, todos sintieron que querían cortejarlos, ponerlos en valor y resguardarlos de la maldita casta.

El Presidente les pidió trabajar juntos para que no vuelva el kirchnerismo al poder. “Si no, este esfuerzo no habrá valido la pena”, afirmó. El contraste con la Argentina Week en Nueva York fue notorio, no solo porque ningún funcionario asistió con su pareja escondida en el vuelo oficial, como había hecho Manuel Adorni aquella vez, sino porque a ninguno se le ocurrió decir que había ido a deslomarse a la capital francesa. Y hubo hechos concretos: los inversores vieron con buenos ojos la convivencia entre protagonistas de distintos espacios políticos y, al cabo, se anunciaron inversiones, principalmente en energía y minería, por 27 mil millones de dólares.

Habrá que ver si los guiños que el oficialismo recibió en el exterior se trasladan al Parlamento. Karina presiona por la suspensión de las PASO. Es cierto que a Milei nunca le agradaron, pero está en juego más que una exposición de principios: en la Libertad Avanza consideran que las internas abiertas y obligatorias favorecen al peronismo, que se encuentra fraccionado y podría dirimir sus diferencias en las urnas.

Al mismo tiempo, sobrevuela otro fantasma: que entre las PASO y las generales se plantee un escenario de mayor volatilidad en los mercados. Ni hablar de si al kirchnerismo le fuese bien en la primera contienda, como sucedió en la era Macri. En aquella oportunidad, el viernes 9 de agosto el dólar oficial cerró a $45 y el blue a $47. El lunes 12, las cotizaciones saltaron a $58 y $60, respectivamente. El Banco Central trabaja para blindarse y evitar sacudones. Es cierto que ha acumulado más reservas de lo previsto durante 2026, pero los ahorristas también emiten señales y se hacen de dólares, mientras el Gobierno proyecta que el dólar mayorista cerrará a $1.847 en diciembre del año que viene.

El antecedente de la administración macrista forma parte de las deliberaciones libertarias. “Yo no soy Macri”, ha sentenciado Milei en más de una ocasión. Su vínculo con el fundador del PRO es ambivalente y resulta otra de las cuestiones que quiere resolver Karina: si el PRO, finalmente, será un aliado electoral en 2027. No solo a nivel nacional.

Primarias sí o primarias no, como se ve, podrían ordenar o terminar de desordenar el escenario. Los números para avanzar con el proyecto legislativo hoy no están, aunque Diego Santilli sostiene lo contrario. Quizá sepa algo que no cuenta. El jefe de Gabinete se sentó a hablar con los gobernadores, casi uno por uno, para ofrecerles un acuerdo. “Está todo en tus manos”, le dijo Patricia Bullrich a Santilli antes del viaje. Santilli le ruega a Luis Caputo que abra las arcas del Estado para envíos discrecionales que ayuden a destrabar obras. Otro viejo truco de la política.

La hermanísima está inquieta. Ofrece compartir listas con los gobernadores y negociar nombres y lugares, tanto a nivel local como provincial y nacional. No es la misma Karina que quería pintar el país de violeta el año pasado, cuando Santiago Caputo quiso instalar esta misma propuesta y perdió la batalla interna con ella. Lecciones que deja el ejercicio diario del poder.

Los días en París no apaciguaron las luchas internas. Bullrich viajó a Mar del Plata para participar del Coloquio de IDEA y almorzar con 34 ejecutivos de compañías muy importantes. Desde allí, se las ingenió para dejar en claro que su ambición, su máxima ambición, sigue intacta. “Tiene licencia para hacerlo y no hay que subirle el precio”, susurran en el entorno de los hermanos Milei.

Bullrich aprovecha cada hueco para marcar diferencias. Varios de los empresarios que se la cruzaron en Mar del Plata empujan esa postura. La consideran necesaria, sobre todo aquellos que apuestan a la industria y a la construcción, que sufren los cimbronazos del modelo. Piden retoques, aunque más no sean quirúrgicos, para dinamizar la actividad. Es un reclamo que se oye seguido en el establishment. Hasta el Fondo Monetario Internacional acaba de sugerir que el crecimiento de los sectores más pujantes de la economía debe ayudar a una distribución “más equitativa”.

La senadora observa que son cada vez más los protagonistas del Círculo Rojo que piden revisar los alcances del modelo libertario antes de que sea demasiado tarde. Pertenece a la dirigencia que piensa que la gente, al final del camino, vota con el bolsillo. Ya lo ha hablado con Luis Caputo, pero no solo con él.

Carlos Melconian es uno de sus economistas favoritos. Lo eligió como eventual ministro de Economía en la campaña de 2023 y lo visita con frecuencia, pese a que Milei lo considera un enemigo. Se ven más de una vez por mes en su departamento de Palermo, en unas oficinas de la calle Bulnes o en el Senado. Melconian, que tampoco descarta ser él mismo candidato a la presidencia, suele decir que Milei conspira contra él mismo: “Eso de que va a morir con las botas puestas o de que vienen los kukas entorpecen las expectativas”.

En sus diálogos con Bullrich, el economista alerta sobre el nivel de actividad, la parálisis del crédito y la baja del poder adquisitivo. En una charla privada con empresarios, Melconian acaba de decir que hay que mantener la dirección actual, pero con alguien que esté a la izquierda de Milei. En su boca, suena fuerte. ¿Pensará lo mismo Bullrich?/Clarín