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Javier Milei festeja y el Kirchnerismo quedó golpeado

El intenso período internacional del gobierno argentino, iniciado hace dos semanas en Estados Unidos, encontró en Brasil un indiscutido motivo de satisfacción para Javier Milei. Muy superior al esperado.

Aún cuando los brasileños deberán ir a una segunda vuelta, todo indica que Flavio Bolsonaro, por quien Milei hizo campaña abiertamente, hasta fisurar como nunca las relaciones diplomáticas entre ambos países, será el próximo presidente de la primera potencia sudamericana, luego de haber sido el candidato más votado en el primer turno.

A eso se agrega una performance peor de la pronosticada por las encuestas del actual primer mandatario de centro izquierda Luiz Inácio Lula Da Silva, a quien el presidente argentino erigió como un rival personal y no meramente político.

El resultado tiene, así, en la Argentina una fuerte carga simbólica de enorme repercusión, además del impacto real y sus derivaciones, que el oficialismo potenciará: la nueva derecha internacional, de la que Milei es uno de los principales exponentes, estaría pintando de su color casi totalmente el subcontinente, con la pequeña excepción de Uruguay y la anomalía de Venezuela.

Se trataría de una hegemonía de orientación libremercadista, que celebra más que nadie el Estados Unidos de Donald Trump: desde la recuperación de la democracia, tras el predominio de los regímenes dictatoriales, la región nunca había estado tan alineada con Washington.

Es ese un dato de índole geopolítica de suma relevancia para el objetivo estratégico estadounidense en su disputa con China y su penetración en la región. Aunque, en el plano de las relaciones económico-comerciales entre Brasil y China podría no cambiar mucho, según coincide la mayoría de los principales analistas internacionales. Por ahora, nadie pronostica, por ejemplo, que Bolsonaro apartará a su país de los BRICS, la alianza que integra con Rusia, India, China y Sudáfrica.

En ese punto al presidente argentino le asoma un competidor de mucho peso por la atención de Trump y los recursos estadounidenses. La relevancia económica y geopolítica de Brasil es infinitamente superior a la de la Argentina.

Pero eso es el futuro, por más cercano que resulte y cuando, además, todavía al trumpismo le queda por delante un desafío demasiado importante como son las elecciones de medio término, el 3 del mes próximo, en la que los republicanos pondrán en juego el control del Congreso.

En lo inmediato para Milei la alegría no es solo brasileña, pero sí viene de ahí, también por otros motivos. Además de otra derrota electoral de la centro-izquierda y, en particular, de alguien a quien él enfrentó abiertamente, como Lula, el resultado también es un golpe para algunos de sus adversarios argentinos.

Además, la elección brasileña parece haber estado marcada por algo que el mileísmo ha sabido explotar con extrema eficacia, como es la polarización afectiva, que subraya el peso de la adhesión emocional y relativiza el de los argumentos racionales y los resultados concretos.

Como contrapartida, especialmente doloroso es este desenlace para el perokirchnerismo, que tuvo este domingo una nutrida delegación de dirigentes y legisladores en tierra brasileña, ilusionados con festejar una victoria de Lula, aunque solo fuera en primera vuelta, como se pronosticaba.

Quien más afectada quedaría de concretarse en el balotaje el triunfo de Bolsonaro, que ya mayoritariamente se pronostica, es, obviamente, Cristina Kirchner, a quien Lula visitó en su casa-prisión el 3 de julio de 2025.

Un triunfo del actual presidente brasileño se esperaba y se deseaba en San José 1111 como una cuota de oxígeno para las pretensiones políticas de su facción y, especialmente, para su aspiración de que se revise la condena firme que pesa sobre ella y, en particular, la inhabilitación a perpetuidad para ejercer cargos públicos.

Uno de los dos abogados extranjeros que la expresidenta contrató para llevar su caso el comité de derechos humanos de las Naciones Unidas es Rafael Valim, quien defendió a Lula en el caso Lava Jato. No sorprende que anoche, en el cristinismo dominara la pesadumbre y la preocupación.

Pero todavía la pesadilla podría ser peor si Jair Bolsonaro, padre del candidato triunfante y dueño real de los votos, hoy condenado y en prisión por el intento de golpe de Estado que prohijó, terminara en libertad y Cristina Kirchner siguiera en su prisión domiciliaria. Mucho más si ella recibiera una segunda condena en el caso Hotesur-Los Sauces, cuyo juicio está por iniciarse, y donde las pruebas acumuladas en contra de la expresidenta parecerían ser más contundentes que las que valoraron los jueces en la causa Vialidad.

De todas maneras, hay un punto de análisis que podría alegrar el luto kirchnerista: los oficialismos siguen perdiendo las elecciones. No es un dato menor, que también debería observar el mileísmo.

Y el kirchnerismo podría agregar otro elemento, que con no poca ironía señaló el polítólogo Andrés Malamud: “No solo el partido de un condenado puede ganar una elección presidencial, sino que puede lograrlo hasta el hijo de un condenado”. ¿Máximo Kirchner se mirará en el hoy indeseado espejo de Flavio Bolsonaro?

Sin embargo, las elecciones brasileñas no deben verse solo en clave de la disputa político electoral argentina, el clivaje mileísmo-perokirchnerismo o la batalla de facciones entre derecha e izquierda, con su proyección hacia las todavía muy lejanas elecciones presidenciales de 2027.

Por lo pronto, el mileísmo deberá estirar en el tiempo y ampliar el clima triunfalista entre los propios que acaba de instalar el éxito de Bolsonaro en primera vuelta y potenciarlo con respuestas a las demandas insatisfechas, sobre todo económicas, de una parte muy significativa de la sociedad para empezar a despejar el horizonte electoral. Si Brasil, con Bolsonaro de presidente compitiera por la ayuda estadounidense no sería lo ideal, más aún si el trumpismo fuera derrotado en las elecciones de medio término.

Todavía el Gobierno tiene mucho por hacer en lo económico y, sobre todo, en lo que se refiere a los acuerdos políticos que necesita para avanzar. En primer lugar, con la reforma política-electoral y con otros temas que se debaten en el Congreso. Entre ellos, acaba de colarse, sin que nadie lo esperara, la necesidad blindar el mega decreto 70/2023, que fue la llave maestra de la oleada desreguladora, ajustadora y aperturista inicial.

Ahora distintos bloques opositores quieren darle el tiro de gracia en la Cámara de Diputados, después de la larga hibernación que tuvo tras el rechazo del Senado, hace ya dos años y medio, por una mayoría de 42 votos. El fallo de la Corte que la semana pasada reinstaló la posibilidad de compra ilimitada de tierras por parte de extranjeros, habilitada por ese DNU, abrió un nuevo frente de conflicto y obliga a ampliar el temario de los acuerdos buscados. Nuevas complicaciones para los avances en temas electorales que se habrían logrado en el viaje a París con los 13 gobernadores beneficiados por estos aportes personales del Tesoro.

Los opositores al mileísmo, en tanto, se ilusionan con que sea efímero el impacto del duro golpe, particularmente simbólico, que significa la victoria derechista, agravada por haber sido obtenida por un vicario del líder real de ese espacio.

Los efectos negativos en la economía real de las políticas libertarias, ratificados por diversos indicadores oficiales, le devolvieron un poco de optimismo, respecto de sus probabilidades electorales. Las encuestas potenciaron esa ilusión. Pero, acaba de demostrarse en Brasil, las encuestas vuelven a ser un predictor muy poco fiable.

Por fuera de la dimensión electoral, aunque con posibles consecuencias sobre este, la Argentina en su totalidad se verá impactada por estos comicios.

En primer lugar, es altamente relevante para la economía nacional tanto en términos de intercambio comercial, como por el impacto financiero y cambiario que tiene lo que sucede en Brasil. Un real más o menos apreciado tienen efectos en el flujo comercial, pero también en áreas donde ambas son convergentes y compiten por mercados externos, sobre todo del complejo agroindustrial.

En ese plano, los analistas económicos consideran que un triunfo de Bolsonaro apreciaría el real, lo que en principio beneficiaría a la Argentina, donde para muchos el tipo de cambio está artificialmente atrasado.

“La elección presidencial brasileña es la más importante no solo para la Argentina sino para toda América”, concluye el experto Juan Gabriel Tokatlian. Y en ese cotejo incluye, nada menos, que las otras dos que se celebran en un lapso de 30 días: las legislativas de medio término en los Estados Unidos de Donald Trump, el 3 de noviembre próximo, y la del 27 de este mes en el Israel, Benjamin Netanyahu, a cuyo liderazgo se ató el presidente argentino. Dos días antes, el domingo 25, Brasil ya tendrá presidente electo.

Mientras tanto, Milei podía brindar con caipirinha.