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Gestión Tapia. El maltrato a Lionel Messi en su despedida y los escándalos de AFA

Todos hicieron lo suyo la noche de la despedida de Lionel Messi, menos quien debía organizar el evento con el nivel que la ocasión merecía. Sobre todo, cuando el responsable de esa organización debería agradecerles a Messi y a la Selección el milagro de poder seguir sentado en el sillón que ocupa.

La AFA, una vez más y para sorpresa de nadie, volvió a mostrar, sin vergüenza alguna, que los negocios están por encima de cualquier bandera. No respetó ni el momento más sacrosanto que podía tener un hincha argentino al despedir a un héroe nacional, porque así sienten los argentinos a Messi, y no solo por la forma maravillosa en la que juega al fútbol.

No hubo nada de eso, sino solo señales claras de un sistema que se pudre lentamente y sobre el que la Justicia nunca pone la lupa como corresponde. Y, cuando la pone, lo hace con un cristal completamente empañado.

La despedida de Lionel Messi debió ser el homenaje al mayor ídolo deportivo, moral y ético que el deporte argentino registre en décadas.

Esa es la diferencia esencial de Messi frente al resto y lo que hace que cualquier debate sobre a quién le corresponde la corona del mejor quede cerrado.

El rango genera obligaciones y una de ellas, quizás la primera, es que quien lidera, le guste o no, hace docencia sobre la sociedad que lo admira.

Messi lo hizo con sus conductas deportivas, es obvio, pero sobre todo con las personales.

Ese ejemplo debió ser celebrado en su despedida de la Selección Nacional y, lamentablemente, no lo fue.

Quien escribe estas líneas sabe poco o nada de fútbol, pero trabaja observando conductas humanas. Y la noche de la despedida hubo muchas para marcar y recordar.

Creo que puede decirse que el equipo nacional de Benín cumplió con creces el desafío que tenía por delante. Le hizo partido a una selección tricampeona y hasta logró sobreponerse al shock que significaba jugar por primera vez frente a un ídolo de la dimensión de Messi, nada menos que en su partido de despedida.

Aplauso para el seleccionado de Benín y para Sessi Octave Emile D’Almeida, su capitán, que hasta cumplió con el rito de entregarles regalos a Messi y a su esposa y darle el tono que debía tener la despedida.

Ya no había estado a la altura, como no lo está frecuentemente, la organización de la venta de entradas. ¿Vamos a seguir preguntándonos retóricamente por qué se venden las entradas para los partidos de la Selección Nacional como no se venden en ningún lugar del mundo civilizado? ¿Vamos a seguir manteniendo las dudas sobre por qué aparecen entradas oficiales vendidas a través de empresas prestadoras en otros países a precios de reventa?

El fútbol estuvo y la Selección también. Y así llegamos al final del partido. Emoción y expectativa por un show que venía con una carga especial para todos: para los argentinos, para Messi y para su familia.

Las luces del estadio se apagaron y los ojos de todos miraron al cielo, por encima del Monumental de River, para presenciar el espectáculo de drones. Todo parecía dirigirse hacia un momento insuperable.

Las cámaras apuntaron a los ojos de Messi, que miraban al cielo, y los relojes parecían detenerse cuando, de repente, se iluminaron los primeros drones: “Sancor Seguros” se dibujó en el cielo.

Pocos entendían, pero muchos intuimos que Messi intentaba mantener la postura y no revelar sentimientos. Era como si Chiqui Tapia le estuviera diciendo en la cara: “Estos son los que pagaron la fiesta”.

Punto para marcar: hay una doble crítica para esto. Ni la AFA estuvo a la altura ni la empresa debió haber pedido la mención en ese momento. El buen gusto estuvo absolutamente ausente de una ceremonia que merecía otra altura.

El resto fue todo en caída. Sin escenario, Soledad Pastorutti parecía no saber dónde ubicarse. Las cámaras seguían a la familia de Messi, siempre impecable en sus conductas, que no tenía un lugar de honor donde mostrarse. La vuelta final de Messi para saludar al estadio pareció ser el único momento de cierre para festejar.

El show terminó inexplicablemente, como cuando alguien se cansa, apaga la luz, corta la música y se va en medio de una fiesta que ya perdió sentido.

¿Sorprende a alguien lo que pasó? Sería extraño que así sucediera.

Quien organizó lo que debió ser una fiesta a la altura de un ídolo máximo es quien lidera la AFA y representa al fútbol argentino en el mundo. Pero es también quien, para viajar al Mundial de Estados Unidos, debió pedirle autorización a la Justicia, que le dictó una interdicción para salir del país porque lo investiga o aparece relacionado con causas por retención indebida de impuestos y aportes previsionales, enriquecimiento ilícito y el expediente de Sur Finanzas, por presunto lavado de dinero y evasión.

La Justicia investiga las operaciones de la financiera vinculada con Ariel Vallejo, las sospechas sobre la megamansión de Pilar y las consecuencias de la investigación sobre TourProdEnter LLC por presunto lavado de activos y fraude bancario en Estados Unidos.

El volumen judicial es tan grande que la mano derecha de Tapia, Pablo Toviggino, ni siquiera se animó a pedir también autorización a la Justicia para viajar al Mundial, quizás por temor a lo que podía suceder con la Justicia en Estados Unidos, donde las cosas, como todos sabemos, no se tramitan por los mismos carriles que en la Argentina.

De nuevo: ¿sorprende lo que pasó esa noche en el Monumental? No. Lo que sorprende es que, después de tantas décadas de escándalos en la AFA, los argentinos sigan convalidando este juego.