El Gobierno va a mostrar el dato de esta semana como una buena noticia: según el Indec, entre mediados de 2025 y mediados de 2026 la Argentina sumó 101.000 puestos de trabajo. También es verdad que en el mismo período desaparecieron 156.000 empleos registrados y aparecieron 229.000 cuentapropistas más. Traducido: hay menos gente con recibo de sueldo y más gente haciendo changas, manejando para una aplicación o facturando como monotributista a la misma empresa que antes le pagaba un sueldo.
El que tiene un empleo en blanco tiene aguinaldo, vacaciones pagas, obra social, ART si se lastima, aportes para jubilarse e indemnización si lo echan. El que hace changas tiene lo que cobra ese día. Si se enferma, no cobra. Si llueve, no cobra. Y cuando llegue a los 65 va a descubrir que le faltan años de aportes. Hoy, apenas el 48% de los que trabajan en el país tiene un empleo registrado. La otra mitad trabaja sin red.
Entre diciembre y julio la provincia perdió 7.025 empleos formales, un 2,9%, una de las caídas más fuertes del país. Al sur, Neuquén sumó 6.909 de la mano de Vaca Muerta. La diferencia entre una provincia y otra no la hizo la reforma laboral: la hizo la actividad económica. En septiembre la inflación volvió a subir y marcó 1,9%. Una familia tipo, dos adultos y dos chicos, necesitó $1.632.505 para no caer bajo la línea de pobreza. El salario promedio de los trabajadores registrados, el RIPTE, fue de $1.982.518 brutos en agosto, el último dato disponible. Después de los descuentos de ley quedan unos $1.645.000 en mano. Es decir: el sueldo promedio en blanco cubre, justito, la canasta de una familia. Y ese es el promedio de los que tienen recibo; los que viven de changas, en general, cobran bastante menos.
En los primeros ocho meses del año los salarios registrados subieron 21,3%, exactamente lo mismo que la inflación. Empataron. Y empatar, después de dos años de pérdida, es seguir abajo. ¿Por qué se pierden empleos en blanco y crecen las changas? Porque contratar en regla sigue siendo caro y no hacerlo se volvió barato. Como venimos explicando en esta columna, la reforma laboral eliminó las multas por trabajo no registrado. Al que tenía gente en negro le bajaron el castigo; al que tenía todo en blanco no le bajaron nada. Si cumplir cuesta lo mismo y no cumplir cuesta menos, nadie debería sorprenderse del resultado.
Si sos vos el que factura todos los meses a una sola empresa, con horario, con un jefe que te da órdenes y con las herramientas de la empresa, la ley dice que sos un empleado, aunque tengas monotributo. Guardá las facturas, los mails, los chats con horarios y las transferencias: esa prueba vale. Y si te ofrecen pasar de empleado a monotributista para que te quede un poco más en el bolsillo, hacé la cuenta completa: resignás el aguinaldo, las vacaciones pagas, la obra social, la ART y la antigüedad para una futura indemnización. Lo que ganás hoy en mano casi siempre es menos de lo que perdés.
Si sos empleador y tenés gente en negro o disfrazada de monotributista, hasta el 28 de noviembre está abierto el régimen de regularización de ARCA, con condonación de intereses y multas. Después la ventana se cierra, pero la deuda no.
Un país donde la mitad de la gente trabaja sin red no tiene un problema de empleo: tiene un problema de futuro. La changa resuelve la cena de hoy, pero no paga la jubilación de mañana. Hay más trabajo, sí, lo que falta es empleo de calidad. Y no es lo mismo, por más que el titular diga otra cosa.
