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Qué les pasó a los animales que murieron en el Jockey Club de San Isidro

Cuatro yeguas de polo murieron este miércoles por la mañana tras haber sido alcanzadas por un rayo en el predio del Jockey Club de San Isidro, dentro del hipódromo, debido al impacto de la descarga eléctrica sobre un cable de acero al que estaban atadas.

Los animales permanecían a la espera de comenzar su entrenamiento cuando la descarga, que se generó de forma aislada en medio de un día inestable, impactó directamente sobre el cable al que estaban amarrados, lo que provocó su muerte inmediata.

Fuentes cercanas al caso informaron que no se registraron personas heridas de gravedad, aunque uno de los petiseros —trabajadores encargados del cuidado de los caballos— sufrió una leve descompensación y recibió asistencia médica en el mismo predio.

Según Ignacio López Amorín, especialista del Servicio Meteorológico Nacional, si bien el lugar donde cae un rayo es una cuestión de azar, hay ciertas condiciones que pueden atraerlos. Los rayos de este miércoles se relacionaron con tormentas aisladas que aparecieron en algunos barrios dado el ingreso de aire húmedo y templado del norte del país.

“Hay que hacer un trabajo de campo para saber si el rayo cayó en el poste y la electricidad se transmitió por las correas o no. Pero es cierto que los lugares abiertos y descampados son los lugares donde mayor probabilidad hay de que un rayo impacte”, explicó.

Estas descargas eléctricas afectan a los animales a través de distintos mecanismos: por una descarga directa; daños por contacto al tocar elementos metálicos o conductores como postes; por las corrientes que se trasladan desde un punto de impacto o por los efectos de la onda expansiva de un trueno.

En tanto, el veterinario y exdirectivo de la Asociación Argentina de Polo Carlos Orive afirmó ante este medio que, en el caso de los caballos, la corriente suele difundirse de dos formas particulares. “Las descargas se trasladan a través de las herraduras de hierro o aluminio, en las ocasiones donde el rayo cae en el suelo, o a través de los palenques donde son atados, que suelen ser de quebracho y tener un cuadrado de metal en la parte superior”, expresó.

Según un informe veterinario al que accedió LA NACION, cuando el rayo tocó el suelo, la electricidad se expandió en círculos y, como los caballos tienen sus patas muy separadas, absorbieron una enorme descarga, que viajó de un extremo al otro del cuerpo. Las herraduras de metal y la humedad del palenque facilitaron el traslado de la electricidad a los animales.

En ese proceso la corriente pasó directo por el corazón de los animales, generando un paro. Esto es diferente a lo que suele ocurrir con las personas, donde ingresa una menor cantidad de electricidad, que entra por un pie y baja por el otro sin subir al pecho.

El caso que se conoció este miércoles es poco frecuente, en particular -destacó Orive-, por la potencia que tuvo el rayo para matar a cuatro caballos. “En el campo suele ocurrir que los rayos caigan sobre los caballos que están pegados al alambre o que se meten abajo de un árbol. El animal es muy sensible a la electricidad y tiene poca resistencia. Pero este caso no es común”, indicó.

La sensibilidad de los caballos es mayor a la de otros animales, como las vacas. “Por ejemplo, al tocar el alambre eléctrico, la vaca suele aguantar más, mientras que el caballo apenas lo toca sale disparado y absorbe más el impacto”, indicó el especialista.

El peligro no se limita estrictamente a los momentos de lluvia fuerte, ya que las descargas pueden registrarse fuera de las áreas de precipitación y los rayos pueden golpear reiteradamente un mismo objeto alto, puntiagudo o metálico, como ocurre con estructuras y árboles aislados.

“La mayor probabilidad de tormentas ocurre cuando hace calor, desde la primavera hasta marzo o abril”, señaló, por su parte, Amorín.

Agregó que hay probabilidad de tormentas aisladas hacia la noche de este miércoles y anticipó además que para este jueves se esperan tormentas más extensas y de mayor intensidad en toda la zona central, inclusive la ciudad de Buenos Aires, durante la tarde y noche.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la agencia federal de salud pública de Estados Unidos, reportó que los hombres tienen cinco veces más chances que las mujeres de atraer un rayo. La mayoría de las víctimas son niños y adultos jóvenes entre 15 y 34 años que trabajan afuera o participan en actividades recreativas al aire libre.

Entre las ocupaciones más comunes de las víctimas se encuentran la construcción y los trabajos agropecuarios. Según la agencia federal, el 10% de las personas a las que les cae un rayo mueren, en su mayoría por un infarto.

Las lesiones pueden generarse por descarga eléctrica directa -frecuentemente mortal-; por contacto, donde el rayo se descarga sobre un objeto que la víctima está tocando; por descarga lateral, cuando el rayo salpica o rebota de un objeto a la víctima, o por corrientes en el suelo, cuando el rayo cae en la tierra y se traslada a la víctima.

También por serpentina, cuando el aire está cargado de electricidad en una tormenta y los estallidos de energía pueden saltar hacia arriba desde objetos que están cerca del suelo hacia la víctima; y por estallidos, es decir, por los truenos que pueden causar ruptura de tímpanos o lesiones terciarias.