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Cómo funciona en Dubái el Ministerio de la Felicidad

En una visita de trabajo a Dubái, una de las dos ciudades más importantes de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), junto a Abu Dhabi, se pudo conocer de primera mano los objetivos de un gobierno que busca duplicar su población a partir la generación de una serie de incentivos que convenzan a los visitantes temporales a radicarse de manera permanente. En ese sentido, medir la satisfacción de los ciudadanos pasó a ocupar un rol central en la estrategia del sector público.

Un representante del Departamento de Economía y Turismo (DET) de Dubái destacó en diálogo con la prensa latinoamericana que el anhelo máximo del gobierno es transformar a la ciudad «en la mejor para vivir y trabajar». Para ello, hacen énfasis en cuatro ejes: la seguridad tanto a nivel interno como en materia de defensa, la normal convivencia de diversas culturas, la calidad de la infraestructura y el potencial de la ciudad como polo tecnológico.

«Una de las cosas de las que estamos orgullosos es de haber creado un entorno en el que las personas son libres, independientemente de su raza, cultura, origen o religión», aseguró el mencionado funcionario.

Con la meta de llegar a los 7 millones de habitantes como horizonte (hoy son 4,8 millones y antes de la pandemia eran 3), hace 10 años el gobierno creó los ministerios de la Felicidad y de la Tolerancia. Respecto del primero de ellos, este medio pudo averiguar que cada persona que interactúa con una entidad pública debe completar (generalmente de manera digital) una encuesta de satisfacción que mide su nivel de felicidad con el servicio recibido. A los encargados de ofrecer servicios que no alcanzan los objetivos se los convoca y se les fija un plazo concreto para corregir las deficiencias.

Es habitual que el gobierno publique listas oficiales de las entidades con mejor y peor desempeño. Los directores de los departamentos públicos que quedan en los últimos puestos se enfrentan a la exposición pública, lo que genera una enorme presión reputacional en la cultura emiratí.

En ese plazo de gracia determinado para corregir deficiencias, la oficina del primer ministro interviene para rediseñar los procesos informáticos, simplificar trámites y capacitar intensivamente al personal a través de los denominados Líderes de la Felicidad. En caso de que, al finalizar el período, no se solucionen las fallas, es habitual que el funcionario sea corrido de su cargo.

Si bien hay muchos datos objetivos que suelen correlacionar con el bienestar de las personas, como lo es un mayor ingreso o un empleo con cobertura de derechos, hay especialistas que defienden la importancia de evaluar la subjetividad de las personas para tener una noción más clara de cuáles son las aspiraciones reales de determinada población. Esto va más allá de la relación de los ciudadanos con determinado servicio público al estilo Dubái.

Según Daniel Schteingart, sociólogo y director de Planificación Productiva de Fundar, las encuestas sobre felicidad a nivel local muestran que hasta 2010 hubo una clara mejora, para luego estancarse. «Dependiendo la encuesta que se tome, el pico se alcanzó o a fines de 2015 o en 2017. Tiene sentido dado que fueron períodos de relativa bonanza económica, aunque hoy no estamos en una situación de particular infelicidad, ya que las respuestas son mejores que en los 80′ y los 90′. Lo que me llama la atención es que, ante la pregunta sobre si las personas se sienten libre con el estilo de vida que llevan, las respuestas son mejores», dijo en diálogo con Radio con Vos, y deslizó su hipótesis de que la mayor libertad de las mujeres y las mayores libertades culturales, como por ejemplo en materia sexual, pueden tener incidencia en ese cambio.

Al respecto, también cabe mencionar el pensamiento de dirigentes como Juan Grabois, que defienden la idea de que un trabajador o una trabajadora de la economía popular, sin acceso a aportes u obra social, tranquilamente puede ser más feliz que un empleado formal en una fábrica con derechos. Su postura es que el principal problema radica en el diseño del sistema, que ata la cobertura de servicios públicos solamente a determinado tipo de empleos.