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Una odontóloga entrena a su perra para calmar el miedo de sus pacientes

“No podemos quedarnos solamente con que ‘no se deja atender’“, afirmó Nayla Sanchez Tobares, odontóloga fueguina, que reparte su tiempo entre Ushuaia y Buenos Aires, al referirse a los pacientes que sienten miedo, angustia o tienen un trauma asociado con la atención odontológica.

En su consultorio, su perra Hope de un año y 4 meses acompaña con toda su dulzura los procesos de adaptación de algunos niños.

“Hope es una perra extremadamente amorosa, sociable y compañera. Tiene algo muy particular: cuando ve a un niño se entusiasma muchísimo. Le encanta acercarse, pero suele hacerlo con una suavidad que me sorprende”, destacó.

Hope no participa en todos los procedimientos ni interactúa con todos los pacientes. En cada caso, el equipo evalúa la situación, el consentimiento de las familias, las condiciones de seguridad y el bienestar de la perra.

Para algunos niños, en especial aquellos que tienen dificultades sensoriales o experiencias previas negativas, entrar al consultorio puede ser un desafío. Antes de hablar de dientes, instrumentos o tratamientos, Sanchez Tobares propone jugar con Hope.

Ese juego puede ser el primer paso para construir confianza. “En vez de enfrentarse directamente a un ambiente que les genera miedo, encuentran una experiencia diferente, más cercana al juego y al afecto”, explicó.

La odontóloga observó que, en algunos pacientes, la presencia de su perra puede favorecer la tranquilidad, la comunicación y la disposición a participar en las consultas.

Hope todavía está en formación. Sanchez Tobares la prepara para presentarse a una evaluación de certificación durante 2027 y distingue su actividad de la de los perros de asistencia.

Nayla Sanchez Tobares nació y se crió en Ushuaia, Tierra del Fuego. A los 18 años se mudó para estudiar Odontología en la Universidad Católica de La Plata (UCALP). Se recibió en 2016. Luego continuó su formación en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Se especializó en Prótesis Dento-Buco-Maxilar y en Odontología Integral para Personas con Riesgo Médico y Discapacidad. Actualmente cursa una tercera especialidad: Periodoncia. También es ayudante de segunda en la cátedra de Medicina Interna de la Facultad de Odontología de la UBA. Allí trabaja con pacientes con discapacidad y Hope la acompaña.

Su actividad profesional transcurre entre Ushuaia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde trabaja en el ámbito privado. Habitualmente pasa quince días en cada ciudad. “Siempre tuve una vocación muy fuerte por mi profesión. Creo que atender a un paciente va mucho más allá de tratar sus dientes”, subrayó Nayla Sanchez Tobares. Y agregó: “Es entender que detrás de cada persona hay una historia, emociones, miedos y necesidades diferentes.”

En septiembre de 2024, Sanchez Tobares viajó a Corea del Sur para presentar un trabajo sobre el uso del cannabis medicinal en odontología durante un congreso internacional. Allí conoció a colegas australianas que realizaban intervenciones asistidas con animales. Ellas trabajaban con perros de raza Australian Labradoodle y le hablaron de las características de su pelaje de baja muda, que puede resultar favorable en determinados entornos sanitarios bajo protocolos adecuados.

La odontóloga ya tenía una conexión especial con los animales. Esa conversación “le abrió la cabeza” y le permitió pensar cómo vincular ese interés con su profesión y la atención a pacientes con discapacidad.

El 2 de abril de 2025 murió su perra Magda, a quien definió como su “mejor amiga de cuatro patas”. Una semana después, comenzó a investigar sobre los Australian Labradoodles y contactó a unos médicos que tenían una perra de esa raza que estaba por tener cachorros.

Decidió esperar el nacimiento. “Desde el primer momento había un nombre que no podía sacarme de la cabeza: Hope. No sabía si el cachorro que llegaría a mi vida sería macho o hembra, pero sabía que quería ese nombre porque era neutro. Simplemente lo sentía”, relató. Hope significa esperanza en inglés y hoy siente que tiene muchísimo sentido en su historia.

Los cachorros nacieron el 24 de julio de 2025. Una de las perritas llevaba una cinta violeta y llamó su atención desde el primer momento. Cada vez que la veía decía: “¡Es esa!”

Sanchez Tobares no podía elegirla solo por una conexión emocional. Como buscaba formarla para acompañar a personas en contextos asistenciales, consideraba necesario que reuniera determinadas condiciones de temperamento y comportamiento.

“Cuando finalmente fui a conocerla, me enamoré. La miré y dije: ‘Es ella’. Era la misma perrita de la cinta violeta”, recordó.

Como Sanchez Tobares divide su vida entre Ushuaia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Hope viaja con ella en avión. La perra va en cabina y se acostumbró desde pequeña a los aeropuertos, los sonidos, los movimientos y las situaciones propias de cada vuelo.