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El Gobierno está obligado a generar mejores expectativas en la sociedad

Patricia Bullrich, el problema que Milei no logra contener y una economía que acumula señales de alarma.

La Libertad Avanza tiene un problema con Patricia Bullrich que todavía no sabe cómo resolver. Las disidencias que la senadora plantea cada semana dejaron de ser un episodio dentro del oficialismo para convertirse en una señal sobre la relación de poder con Javier Milei.

No es un juego, ni un acuerdo, ni algo programado. Muchos creen que la candidatura de Bullrich es un hecho decidido por la senadora, por más que el Gobierno intente frenarla.

Bullrich sabe como pocos oler y diagnosticar los momentos políticos y actúa en consecuencia. Esa capacidad explica parte de la tensión. El problema para Milei no es solamente una eventual candidatura, sino la dificultad de contener a una figura que parece haber tomado una decisión política propia.

El que puso la cara para dejar en evidencia el problema entre Milei y Bullrich fue Martín Menem. Durante una visita de la FURP al Congreso, dijo que solo hay un candidato. La necesidad de hacer esa aclaración mostró hasta qué punto la discusión ya está instalada dentro de La Libertad Avanza.

El supuesto Plan B de contención que muchos dicen que Bullrich tenía acordado con Milei se esfumó en el aire. La cuestión es ahora hasta dónde puede avanzar la senadora y cuánto está dispuesto a pagar el Presidente para frenar esa candidatura.

Argentina se mantuvo entretenida durante toda la semana ante un misterio que en realidad no es tal: la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil.

Hay señales claras que indican que hubo menos misterio del que se quiso ventilar. Bolsonaro y su familia recorrieron por tierra unas 20 horas desde Brasilia hasta Foz de Iguazú. Allí permanecieron casi un día más en un departamento a la espera de que el vuelo en Puerto Iguazú estuviera listo para partir con destino final en Miami.

Hay que pensar que toda la justicia y la inteligencia de Brasil es directamente estúpida para no haber detectado ese viaje.

La realidad, le guste o no al progresismo latinoamericano, es que el gobierno de Lula Da Silva pareció mirar a otro lado y hasta favorecer la historia de una huida de Bolsonaro y su familia.

De hecho, fue todo rédito político para Lula ante un Bolsonaro que, además, dejó descolocado a su propio partido. Nadie escapa de un país en su sano juicio después de lograr 60 millones de votos en una elección.

La pregunta es entonces quién obtuvo un beneficio de esa salida y quién terminó por pagar sus costos políticos.

El gobierno argentino también quedó dividido después de ese viaje. La participación de Santiago Caputo en Misiones con la salida de Bolsonaro, que en la Casa Rosada muchos adjudican a un hecho propio y no coordinado con el Gobierno, abrió más heridas en la interna de La Libertad Avanza. No se sabe exactamente para qué estuvo Caputo esa noche en Iguazú, pero aunque fuera solo por una aparición de rentabilidad personal el ruido quedó plantado.

La movida de Caputo tampoco habría gustado en Washington. Donald Trump, aunque haya o no prestado logística para el viaje con la creatividad de Marco Rubio, no quiso mostrar ninguna relación institucional con el episodio. Solo se limitó a ofrecerle visa para que permaneciera en el país.

La diferencia entre una eventual participación logística y el respaldo institucional tiene consecuencias. Trump evitó quedar asociado políticamente a la salida de Bolsonaro. En Argentina, en cambio, el episodio volvió a mostrar las divisiones dentro del poder.

Donald Trump tiene otros problemas esta semana. Una elección legislativa puede ser explosiva para la conformación del Capitolio y complicarle lo único que le interesa en este momento: consolidar un legado tras su paso por dos mandatos presidenciales.

La economía tampoco ayuda. Con el petróleo por arriba de US$ 113 en el caso del barril Brent o US$ 103 con el WTI, el frente de combate electoral en la economía estadounidense se vuelve mucho más complejo.

Las guerras que Donald Trump dijo terminar hoy siguen más complicadas que nunca. Ahí aparece el combustible para mantener en vilo a los mercados, más allá de las convulsiones sociales en Europa.

Para Argentina, ese escenario tiene consecuencias directas. El país sufrió una baja persistente en sus activos, tanto bonos como ADRs en Nueva York, producto de las turbulencias mundiales. Pero también de dos elementos que no se despejan: el temor de los mercados a un debilitamiento político de Javier Milei y una economía que sigue con flancos demasiado débiles, sobre todo en el bolsillo de los argentinos.

Dentro de un año deberán decidir si renuevan el poder a Milei o abren la puerta a lo desconocido. Nada peor que la incertidumbre para el mercado.

El riesgo país borró toda la mejora del primer semestre

El riesgo país recorrió dos caminos este año. Cerró enero en 496 puntos básicos, subió a 572 en febrero y llegó a 617 en marzo. Después cambió de dirección: bajó a 567 en abril, a 493 en mayo y a 426 en junio.

Hasta ese momento, el balance mostraba una reducción del costo que el mercado le exige a la Argentina para prestarle dólares. La dificultad del Gobierno era convertir esa mejora en una condición estable.

El segundo semestre revirtió ese recorrido. Tras cerrar julio en 430 puntos, el indicador pasó a 512 en agosto, a 607 en septiembre y a 787 el viernes 30 de octubre.

En octubre sumó 180 puntos, casi un 30%. Frente al cierre de junio, la suba fue del 85%. En cuatro meses, el mercado borró la reducción del primer semestre y llevó la prima de riesgo por encima de todos los cierres mensuales anteriores de 2026.

Para Milei, el problema tiene una traducción concreta: cuanto mayor es el riesgo país, más caro resulta conseguir financiamiento en dólares.

Los 787 puntos equivalen a una sobretasa de 7,87 puntos porcentuales sobre la referencia estadounidense, aunque el costo de cada emisión depende de sus condiciones.

No se puede adjudicar ese salto a una causa única. Pero el resultado es concreto: Argentina terminó octubre con condiciones de financiamiento más exigentes que en enero. La mejora de mitad de año no se sostuvo.

En materia de dólares, además, la presión no se sintió tanto en las cotizaciones con una suba en el dólar mayorista, pero si en el balance de compras. En el Informe de Política Monetaria del BCRA que se conoció esta semana quedó demostrado, una vez mas, que los argentinos continúan apostando al dólar a la hora de cubrirse. En septiembre los particulares compraron US$ 2471 millones para atesoramiento. Es decir, la tendencia no se frenó.

En materia de inflación también hubo novedades, con una advertencia que vino desde el propio Banco Central.

La inflación bajó durante el tercer trimestre, pero el informe del BCRA muestra que el proceso todavía tiene límites. El promedio mensual pasó del 2,2% entre abril y junio al 1,9% entre julio y septiembre. La tasa interanual, en cambio, subió medio punto hasta el 33,6%, por el efecto de la base de comparación.

Para los próximos meses, el propio Central introduce una advertencia: “Durante el cuarto trimestre la estacionalidad desfavorable del precio de la carne vacuna y la aceleración de ciertos ítems regulados podrían generar presiones transitoriamente alcistas sobre la inflación”.

El informe identifica tres frentes: las subas habituales de la carne entre noviembre y diciembre, el aumento del gas por la reducción de subsidios por Zona Fría y el impacto pleno en octubre de los ajustes de las naftas de fines de septiembre. A eso suma el riesgo de nuevas presiones por el petróleo internacional.

El BCRA sostiene que la disciplina fiscal y monetaria y una menor inercia de precios y salarios deberían permitir otra reducción. Pero el recorrido admite interrupciones.

Las cifras hacia adelante corresponden a los analistas del Relevamiento de Expectativas de Mercado, no a una meta anunciada por el BCRA. Esperan que la inflación “continúe descendiendo y se mantenga por debajo del 2% en los próximos meses”.

Para diciembre, “prevén una inflación de 30,0% interanual”, apenas 1,5 puntos menos que al cierre de 2025. Más adelante, el informe precisa: “los analistas prevén que el proceso de desinflación seguirá en 2027 (21,2% i.a.) y 2028 (15,0% i.a.)”.

Es decir, en ningún caso se ve por delante en el corto plazo un mes con una inflación con un número mensual que esté precedido por un 0, como el Gobierno intenta instalar.

También hubo advertencias sobre las PyME esta semana. La encuesta del Observatorio PyME correspondiente al tercer trimestre de 2026 mostró una caída de la producción industrial del 11,9% interanual.

El empleo retrocedió 5,6% y acumula 14 trimestres de retroceso. El 82% de las empresas registra debilidad de la demanda. Tres de cada cuatro enfrentan aumentos de costos superiores a sus precios de venta.

A eso se suman plazos de cobro que promedian 49 días y un dato que refleja otra presión sobre las empresas: el 15% de las PyME industriales recibió embargos de ARCA.

La combinación muestra los límites que enfrenta la actividad. Hay menos producción, menos empleo y una demanda que no alcanza para sostener los precios frente a los costos. No es solamente una cuestión de expectativas. Es una dificultad que atraviesa el funcionamiento de las empresas.

«No se avanzó en nada con La Libertad Avanza», afirmó el expresidente Mauricio Macri después del fracaso, por ahora, de las negociaciones entre PRO y LLA.

«Me dice Fernando De Andreis y Cristian Ritondo que no se avanzó en nada», sostuvo en el marco de una cumbre del PRO en Fundación Hacemos que lidera María Eugenia Vidal.

La señal tiene importancia por el momento en que aparece. Mientras Milei enfrenta las disidencias de Bullrich, las heridas de la interna por la actuación de Santiago Caputo y las dudas de los mercados, Macri deja en claro que tampoco existe un avance en la negociación política con el PRO.

El problema del Gobierno no se limita así a las tensiones dentro de La Libertad Avanza. También alcanza a la posibilidad de construir acuerdos por fuera de su propio espacio.

Milei enfrenta una combinación que exige respuestas: disidencias políticas, tensiones dentro del poder, un riesgo país que volvió a subir, una inflación que no muestra el descenso que el Gobierno intenta instalar y una actividad industrial PyME que sigue en retroceso.

La cuestión de fondo es cuánto tiempo puede sostener el Presidente su poder político sin resolver esas tensiones. La incertidumbre ya forma parte de los problemas de Milei.