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La visita de León XIV liberará a Milei de las presiones políticas

El triunfo de Lula da Silva en el balotaje brasileño terminó de pintar de negro la semana pasada para Javier Milei.

El argentino metió fichas en favor de Flavio Bolsonaro hasta último momento. Insultó a Lula incluso el sábado, llamándolo por enésima vez “ladrón y mentiroso” y le atribuyó la curiosa cualidad de ser “el creador de la mentira”. Pero los brasileños votaron al revés de lo que él quería.

Su influencia internacional, una de sus mayores virtudes autopercibidas, venía ya algo zamarreada tras la visita a España.

En Madrid, su colega ideológico Santiago Abascal, de Vox, lo atendió por videollamada desde Extremadura, y apenas pudo sacarse una foto con Isabel Díaz Ayuso, jefa de la Comunidad de Madrid. Intentó ver al rey Felipe, pero este rechazó el convite con una excusa protocolar.

Y, sobre todo, recibió una condena unánime por sus insultos a Pedro Sánchez y su grosero destrato a periodistas, españoles y argentinos.

El desborde presidencial continuó y tocó un techo la noche del viernes, cuando en la cena de la libertaria Fundación Faro directamente se fue de pista y pidió quemar en la hoguera a cinco periodistas que siguieron el caso $Libra, del cual había sido exculpado judicialmente ese mismo día, aunque las dudas sobre su verdadero rol persisten.

El exabrupto sirvió para que resurgiera uno de los temas que provoca el malhumor de Milei: el desmarque de Patricia Bullrich y su coqueteo con una posible candidatura a presidente el año que viene. La senadora sostuvo que, con su medieval pedido, Milei había cruzado un límite.

Lo hizo pocos días después de haber hecho un posteo musicalizado, sugestivamente, por el grupo Plan B.

La interna oficialista se multiplica. Al jugueteo de Bullrich se suma la disputa que ya podríamos llamar tradicional entre Karina Milei y Santiago Caputo, que tuvo un reciente episodio religioso, cuando las Fuerzas del Cielo, que responden al asesor, asociaron el islam al terrorismo. Lo cual, en términos prácticos, es pegarle a Lule y Martín Menem, las dos manos derechas de la hermanísima.

Esto derivó en una polémica en redes en la que intervino Alberto Benegas Lynch (h.), un prócer de Milei, quien con lógica liberal sostuvo que “Nada más peligroso que un católico fanático”. A ello respondió Daniel “Gordo” Dan, quien hizo alarde de su sutileza y posteó: “Me chupan un huevo todos ustedes, del primero al último, incluyendo al del RT (por Martín Menem)”. En fin.

Pero también se ensancha la grieta entre Karina y Luis Caputo, quienes discrepan en si el huevo o la gallina. El Jefe cree que se necesita una reactivación económica para sellar acuerdos políticos. El ministro piensa que se necesitan acuerdos políticos para una reactivación económica.

Lo cierto es que el Presidente, quien ya había resbalado cuando intentó refutar el argumento de que hay gente que no llega a fin de mes con una respuesta infantil (“¿Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?”), tuvo que admitir que no todo marcha de acuerdo al plan por primera vez.

Los datos conocidos en los últimos siete días no fueron buenos. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) creció en agosto solo 0,1%, lo que implica estar al borde de la recesión. El consumo retrocedió 1,2% en septiembre. Y el riesgo país pasó los 700 puntos. Demasiado.

La frutilla del postre resultó que -tal como había adelantado Clarín y pese a otra andanada de insultos- el Gobierno deberá enfriar su Ley de Soberanía y dejar en remojo sus impulsos malvineros, ya que el texto afectaba intereses de empresas estadounidenses y la embajada de ese país se ocupó de dejar en claro cuánto le preocupa el asunto.

Que el viernes comenzara el juicio por la causa Hotesur-Los Sauces, con Cristina y Máximo Kirchner en el banquillo, sirvió de cataplasma, pero no alcanzó a frenar el malestar, que se intentó disimular este lunes con la salida al Balcón de la Rosada a “farmear aura”.

Por suerte para el Gobierno hay una luz en el camino y se llama León XIV. La visita papal, prevista para el 8 de noviembre, firme pese a la reciente operación del estadounidense, copará por completo la agenda. No se hablará de otra cosa, más allá de que algunos mensajes del sucesor de Francisco señalen aspectos de la realidad incómodos para el oficialismo.

Hay quien ya reza para que estas dos semanas que faltan pasen rápido.