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«Hay un marco ético común entre los atacantes de Cristina Kirchner y los barras»

El escritor Pablo Alabarces aseguró que desde la prohibición de las hinchadas visitantes en el fútbol doméstico «el Estado está aceptando que no puede garantizar el contrato democrático de convivencia». Por otro lado opinó sobre el atentado a Cristina Fernández de Kirchner. «No se trata de un loco suelto, porque esa figura patologiza al sujeto y acá no hay enfermedad alguna», sostuvo.

¿Hay algún grado de relación entre los barrabravas y estos grupos de ultraderecha que estamos viendo últimamente?

En realidad, si existiera, refuta aquello que hemos sostenido durante mucho tiempo, y es que una peculiaridad de las barras argentinas no estaban vinculadas a grupos políticos sino contratadas por grupos políticos, se transformaban en mano de obra mercenaria, generalmente por relaciones territoriales.

Mientras que es un fenómeno notorio en ciertos lugares de Europa, por ejemplo en algunos clubes italianos, donde casi todos los grupos de hinchas eran fascistas. Entre este pequeño grupo de emprendoristas de atentados magnicidas y las barras no parece haber relación. 

No me refiero a que ellos sean barras, sino al tema cultural que implica llevar la palabra al acto, esa inhibición desaparecida que tal vez se relacione con algo kinético de predisposición a la acción física…

Tiene que ver con un marco ético en el que se mueve. Eso lo afirmamos respecto del accionar de las barras y no sólo de las barras. En Tucumán parece haber sido simplemente un enfrentamiento entre barras con la amable colaboración de los dirigentes deportivos, pero acá no tendríamos ninguna novedad. Es más preocupante cómo la acción de la barra recibe cierta legitimidad por parte de los «espectadores no barras».

Siempre hace falta un marco moral dentro del cual tu acción se vuelve aceptable y legítima. No es una patología de un sujeto que decide violar la norma, sino que hay trama cultural dentro de la cual esa violación de la norma o del mandato de «no matarás» se vuelve posibilidad. Eso en el caso del aguante futbolero está muy claro, ahí no es una excepción sino un mandato: te tenés que pelear. 

Hiciste tres menciones a los mismo: un marco ético legitimador, una moral que legitime esa norma y una trama cultural que permita la justificación de la violación a la norma. ¿Estos tres elementos, como concepto, es aplicable al caso de esta gente que intentó asesinar a Cristina?

Estoy absolutamente convencido de eso, lo dije al día siguiente. No se trata de un loco suelto. Porque esa figura patologiza al sujeto y acá no hay enfermedad, no es un tipo incapaz de comprender las características de su accionar. Primero lo pensé como sujeto aislado, pero ahí hay un grupo que comparte cierto punto de vista que pasa por diversos campos de la moral y cultural dentro del cual el crimen político se vuelve aceptable. 

Por ejemplo en el caso de los que invadieron el Capitolio eso paso a ser moralmente aceptable porque Trump planteaba que las elecciones habían sido violadas…

En el caso de la cultura norteamericana es más sencillo de entender, porque es una cultura en la cual que los ciudadanos vayan armados en defensa de su libertad implica algo mucho más extenso que los 200 atacantes del Capitolio. En el caso de esos 200 se sumaba el convencimiento de que debían reestablecer la justicia y el orden democrático por su propia mano.

El punto es que la acción del sujeto no ocurre en el vacío, sino en el interior de determinada trama que le da sentido a lo que hace. Ahora el punto es que ni vos ni yo, ni millones de personas compartimos esa trama, la violencia está mal. Estos sujetos del intento de magnicidio entendían que esa opción era correcta, y no los estoy justificando. 

¿Hace cuanto enseñás en distintas universidades el tema de violencia y cultura popular?

Sobre el tema ese, específicamente serán 25 años.

La violencia virtual es violencia 

¿Qué cambios viste en estos 25 años? Y si Independientemente de la polarización de los medios de comunicación tradicionales, ¿las redes sociales no son un potenciador de esta violencia? 

Las redes sociales permiten que ánimos que ya previamente estructurados entorno de ciertos códigos donde la violencia es legitima se realimenten mutuamente. 

Cuando yo empecé a trabajar con esto, más ligado al fútbol, había varias hipótesis, pero una era muy fuerte que era la cuestión de la segmentación de la sociedad que ocurría en los años 90. Ese aislamiento, en tribus menores, favorecía el crecimiento de estas explicaciones morales y culturales en las cuales la violencia tenia un sentido.

Ahora bien, cuando ocurrió el atentado, para agregarle más problemas, en los últimos 10 años el Estado Nacional, y todos los estados que quieras, han aceptado que no pueden colocar en el mismo espacio a gente que piense distinto respecto a una banalidad como el fútbol, porque el  resultado es que se matan. O sea hay una aceptación social. Esto como metáfora es muy malo, el Estado está aceptando que no puede garantizar el contrato democrático de convivencia. 

¿Es decir que en el espacio virtual que implican las redes sociales, la tribuna local y la visitante están juntas todo el tiempo?

Se encuentran y el resultado no es precisamente la conversación democrática.

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