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Manuel Ibarrola, neumonólogo: «Muchos tienen asma y nunca se lo dijeron»

Hubo una época en la que, a quienes sufrían determinados síntomas respiratorios, se les recomendaba desde baños de vapor y preparados con eucalipto (entre otros remedios caseros) hasta medidas más extremas, como mudarse a las sierras o, al menos, alejarse de la ciudad. El diagnóstico de eso que los tenía a maltraer y que les provocaba crisis de tos, falta de aire, silbidos y sensación de que se les cerraba el pecho, no siempre estaba claro o se le adjudicaban diferentes nombres.

Hace mucho, pero no tanto. De hecho, muchos adultos se enteran hoy, en la consulta médica, que eso que los aquejaba y lo sigue haciendo (porque no se cura) es asma.

«El estudio de la enfermedad y el tratamiento han avanzado muchísimo en las últimas décadas, eso nos da la chance de poder decirles: lo que tuviste es esto y lo podemos manejar mejor ahora«, dijo a Clarín Manuel Ibarrola, co-coordinador de la sección Inmunología y Enfermedades Obstructivas de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR).

«Hoy, el 95% de los pacientes son potencialmente controlables. Es decir, los detectamos a tiempo, en un buen momento para intervenir, pueden hacer una vida normal», alentó el neumonólogo en el marco del Día Mundial del Asma (que fue el 5 de mayo). Esa es la cara positiva de la moneda.

La negativa es igual de contundente: con todas las herramientas disponibles, se calcula que más de la mitad de los pacientes no logra un buen control: ya sea porque no tienen diagnóstico, o lo tienen, pero se acostumbran a vivir con síntomas, a superar episodios con rescates, lo que va deteriorando paulatinamente su función respiratoria.

El asma es una de las enfermedades respiratorias más frecuentes, pero también una de las más subdiagnosticadas y mal controladas.

—Todos creemos saber qué es el asma, pero probablemente no lo tengamos tan claro.

—Es que el asma es una enfermedad sumamente variable, lo que favorece que ocurra eso. Muchas veces creemos saber de qué trata y otras veces creemos que tenemos otras cosas relacionadas, como broncoespasmo, bronquitis espasmódica, bronquitis alégica, «principio de asma», pero son distintas características de la misma enfermedad, que es el asma.

—¿Y qué es el asma?

—El asma es una enfermedad inflamatoria de nuestra vía aérea, esa red de «tubuladuras» a través de la cual el aire ingresa a nuestros pulmones por nariz, boca, tráquea, bronquios, que se dividen y va uno a cada pulmón. El aire se distribuye por los pulmones y de esa manera entra y sale.

El asma es una enfermedad crónica: se trata pero no se cura. Foto Shutterstock.

El asma, por empezar, es una enfermedad crónica, esto quiere decir que no existe el una vez tuve asma o estoy teniendo asma y se me va a curar, potencialmente tratable, controlable y muy variable. El asma dura para toda la vida, porque es una condición de esa vía aérea que se inflama y es propensa a generar lo que es el síntoma del asma, que es el broncoespasmo.

—¿Y el broncoespasmo qué es?

—Es el cierre de esa vía aérea, de esa manera se defiende la vía aérea de esa inflamación y esto genera cuatro síntomas principales: la tos, que es característica de cualquier inflamación de cualquier zona de la vía aérea, y luego la falta de aire, los silbidos o los ruiditos al respirar y la sensación de que el pecho se cierra o aprieta.

—Decías que el asma es «muy variable». ¿En qué sentido?

—En principio, no es igual de paciente a paciente, con lo cual las comparaciones muchas veces no son lo más adecuado, porque la misma enfermedad se puede presentar de manera diferente. Es variable a lo largo de la vida. Hay quienes dicen tuve muchos síntomas de chico, mejoraron en la adolescencia y desaparecieron, entonces me curé, pero ahora alguien me dijo que tuve broncoespasmo de nuevo en la edad adulta… Eso ocurre, es una de las formas más características del asma.

Y es variable dentro del mismo período, generalmente un año. Los que tienen asma saben que su invierno y su primavera no son iguales a su verano y su otoño, hay una mayor cantidad de síntomas y más intensos en esa época. Es una enfermedad compleja.

Una enfermedad muy frecuente

En Argentina, se estima que afecta el asma afecta a unos 4 millones, cada año se registran más de 15 mil internaciones por crisis asmáticas y se producen unas 300 muertes por esta causa. «Algo inadmisible, porque tenemos herramientas de sobra para controlar la enfermedad», lamenta Ibarrola. Y suma que las cifras de prevalencia son estimadas, porque «a nivel mundial hay grandes problemas para establecer el diagnóstico».

—¿A qué se debe?

—Naturalmente, es multifactorial. Pero la principal dificultad es que no tenemos una prueba que nos determine si es positivo o negativo, como existe en otras enfermedades. El asma no tiene eso, requiere de una serie de evaluaciones que debemos hacer, algunas clínicas, que tienen que ver con los antecedentes de salud del paciente y familiares, exposiciones ambientales, estudios complementarios. Entre ellos, es imprescindible utilizar la espirometría, que es un estudio muy sencillo, que no toda la gente conoce, que implica soplar por un aparatito nada más, y eso nos habla de cómo está la función respiratoria. Con toda esa información podemos armar un pequeño rompecabezas.

A veces los datos que todo esto arroja son muy claros. Pero en algunas ocasiones, y sobre todo en los casos más leves, estos estudios pueden resultar totalmente normales, el paciente tener síntomas solamente en ciertas ocasiones, y por ahí cuando uno lo ve en el control, está bien. Entonces, muchas veces requieren de seguimiento y re-evaluación a lo largo del tiempo, y ahí es donde se complica.

—Se van perdiendo pacientes en el camino.

— Es lógico que un paciente al que le pasa algo leve una sola vez, que se repite recién a los meses, al año, y si no le afecta la calidad de vida demasiado, no vaya a consultar. También tenemos la contracara, que es cómo responde el sistema de salud ante esto: seamos realistas, si saco un turno hoy porque siento falta de aire y me lo dan de acá a tres meses, cuando probablemente ya me sienta bien, por lo que hay altas chances de que la adherencia sea muy baja.

—Del universo de pacientes con asma, ¿qué porcentaje se diagnostican en la adultez?

—Más de la mitad, diría que un 70-80% de los casos se presentan desde la infancia, lo cual no quiere decir que se diagnostiquen en ese momento. En eso, afortunadamente, estamos generando un cambio. Si nosotros habláramos con la generación de nuestros padres, a sus cuadros asmáticos de la infancia les pusieron un montón de nombres. Muchas veces les pregunto a los pacientes por su infancia y está claro que tenían asma desde chicos, pero no se lo dijeron nunca. Y uno les dice todo lo que tuviste todo este tiempo y todo lo que tenés ahora es asma.

—¿Y qué refieren que les decían cuando eran chicos?

—A esta generación, por ahí les decían cosas como váyase a vivir a lugares más amigables climáticamente, sobre todo para quienes vivían en el AMBA, que es una zona bastante cruel en cuanto a estímulos a nivel del sistema respiratorio, o el tema de los vapores, o el eucalipto…es decir, una serie de herramientas que, si bien no son el tratamiento, no había mucho más para hacer. Y los síntomas eran recurrentes, eran periódicos. Les decían tiene una bronquitis espasmódica, bronquitis alérgica, bronquitis sibilante, hay una serie de nombres que eran para los episodios aislados de broncoespasmo.

El estudio de estas enfermedades avanzó muchísimo en las últimas décadas. Los primeros medicamentos que empezaron realmente a cambiar la historia del asma, que son los corticoides inhalados, empezaron a comercializarse en la década de los 80. Esto quiere decir que una persona que nació en 1950 vivió hasta su edad adulta sin la disponibilidad de medicamentos que realmente puedan controlar la enfermedad. Durante su vida fue que salió el primer rescatador, que es el paf de salbutamol, que abre la vía aérea durante un rato y después esa vía aérea si no se desinflama se vuelve a cerrar.

Desde entonces, hubo muchos más avances. «Los medicamentos son sumamente sencillos de utilizar, son sumamente inocuos, casi diría exentos de efectos adversos», dice Ibarrola y estima que, con los tratamientos actuales, casi el 95% de las personas con asma podría lograr un buen control a través de o que se conoce como tratamiento de mantenimiento controlador. «Y después hay un pequeño porcentaje, aproximadamente el 5%, que los llamamos pacientes con asma grave, con quienes apuntamos a evitar las consecuencias más severas del asma, para lo cual tenemos otro paquete de medicamentos, también efectivos», aclaró.

Pese a los avances, se calcula que más de la mitad no logra un buen control. Y en esta instancia, se repite, como en un bucle, el obstáculo que interfiere con el diagnóstico. «Muchas veces –explica el neumonólogo- el paciente tolera convivir con una enfermedad que podría estar mejor controlada, pero que no le genera grandes limitaciones en su vida diaria».

—¿Cuáles son los signos que muestran que un paciente no está bien controlado?

—Siguen utilizando medicación aliviadora porque siguen con síntomas, con tos, con silbidos, se despiertan a la noche o ven limitada su vida diaria al dejar de hacer actividades para evitar molestias. Los pacientes que siguen con síntomas y los toleran, se acostumbran a vivir con ellos, tienen más chances de entrar en otra crisis. En 2026, tenemos herramientas para que puedan hacer una vida normal.

—¿Y qué implica entonces tener un buen control?

—Los objetivos de control los evaluamos cada vez que el paciente viene a consultar y son puntos específicos relacionados con síntomas, frecuencia, gravedad y se evalúan en conjunto con la espirometría.

El deterioro de la función respiratoria que se ve en la espirometría precede a los síntomas. Entonces yo tengo la chance de captar a ese paciente y actuar antes, puedo prevenirle un montón de síntomas, para lo cual tengo que explicarle por qué le voy a dar un tratamiento que debe seguir sin esperar a sentirse mal.

Aunque la tos es un síntoma muy frecuente y no siempre representa una señal de alarma, hay determinados signos que deberían motivar una consulta médica para descartar asma o broncoespasmo, dice Ibarrola. Y menciona, entre ellos, los silbidos en el pecho, la sensación de opresión o “pecho cerrado” y la falta de aire, sobre todo cuando aparecen durante la noche o se desencadenan ante ciertos estímulos ambientales, como el polvo, la humedad, el polen, el pelo de animales o los cambios bruscos de clima.

También conviene consultar si existen antecedentes personales de cuadros respiratorios repetidos en la infancia o juventud (como rinitis, rinosinusitis, faringitis frecuentes o episodios de broncoespasmo), o antecedentes familiares directos de asma y alergias respiratorias.

Otro signo que merece atención son los cuadros respiratorios comunes que se prolongan más de lo habitual y dejan síntomas persistentes, como tos o molestias respiratorias que no terminan de resolverse. Según el neumonólogo, en esos casos vale la pena realizar una consulta dirigida a evaluar si esos episodios recurrentes pueden estar relacionados a asma no diagnosticada.