“Se va él, nadie lo echa”. Este viernes, ya entrada la noche, en Casa Rosada nadie se esforzaba por desmentir la salida de Manuel Adorni. Tras meses de un desgaste descomunal, en todas las tribus que conviven en el Gobierno celebraban que finalmente “se podrá hablar de otros temas” pero aclaraban que se trata de “una decisión personal” del jefe de Gabinete y que Javier y Karina Milei habían decidido respaldar “hasta que la Justicia demostrara lo contrario”, tal como dijo el Presidente desde España.
Pero en el Gobierno no ocultan que hubo un cambio en la visión de la cúpula libertaria. Al cabo, desde que en marzo estalló el escándalo por la presencia de su esposa Bettina Angeletti en la gira presidencial a Nueva York, Adorni presentó varias veces su renuncia pero en todos los casos se encontró con la resistencia de los Milei y la negativa a que dé un paso al costado. “No voy a revolear por el aire a un funcionario por las operaciones de la oposición y los medios”, explicaba Milei en la intimidad. Y enfatizaba su convicción de que el derrotero judicial y mediático del ministro era la excusa para intentar desestabilizarlos a él y su hermana. “Vienen por nosotros”, repetía.
¿Qué cambió para que ahora la respuesta a Adorni fuera diferente? Por primera vez, en todos los sectores del Ejecutivo coincidieron en el diagnóstico de que en el Congreso se había formado una tormenta perfecta para que la próxima semana se aprobara la moción de censura. Ni siquiera los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem, incondicionales karinistas, pusieron reparos: saben que se agotaron todas las instancias y empezaron a mostrar preocupación por el impacto en la agenda parlamentaria.
En rigor, fue Karina Milei quien se terminó de convencer luego de hablar durante la noche del jueves con Patricia Bullrich. Tras dejar caer la sesión del Senado en la que el oficialismo pretendía tratar temas clave para la Casa Rosada, la senadora alertó que la oposición tenía todo preparado para asestarle un duro golpe al Gobierno el próximo miércoles. “Ya está, no podemos dejar que lo ejecuten, pero esperemos a que vuelva Javier (Milei) al país”, ordenó la secretaria general de Presidencia. De ahí que, a pesar de que desde el mediodía de este viernes se había instalado con fuerza la versión de la renuncia y hasta se llegó a señalar que Adorni ya había redactado una carta, en el Gobierno dejaban saber que se concretaría durante este sábado.
Pero hay quienes sostienen que no fue solo el trámite del pedido de interpelación y plantean que a Karina Milei le llamó la atención algo que leyó en los medios de comunicación. Lejos del acrónimo NOLSALP de la frase “No odiamos lo suficiente a los periodistas” que suelen utilizar los Milei, la hermanísima tomó nota de la información que reveló la periodista Paz Rodríguez Niell, que en el diario La Nación dio cuenta de que Adorni compró aparatos para videojuegos en su cuenta de Mercado Libre pero abonó con tarjetas de crédito de empleados del área de Vocería Presidencial.
Según se pudo saber de altas fuentes oficiales, “El Jefe” hizo sus averiguaciones para determinar la veracidad de la información, dado que Adorni desmintió sistemáticamente las versiones, incluso cuando se conoció la compra millonaria de sábanas y acolchados facturada a nombre de Gisela Kocsis, su secretaria. Al parecer, luego de constatar que tenía respaldo en el expediente judicial, puso al tanto a Milei de la situación. “Siempre nos dijo que era todo mentira, evidentemente nos mintió”, confió una espada importante del karinismo que defendió a Adorni hasta esta misma semana. No es el caso de Mara Gorini, mano derecha de la secretaria general, quien ya le había quitado su apoyo y según decían en Casa Rosada lo acusaba de ser “un desagradecido” por no querer poner la firma en expedientes con serias irregularidades.
Es imposible mensurar cuánto incidió el cambio de chip de Gorini. Pero es concreto el encono de Karina con buena parte del entorno de Adorni, en especial de su jefa de Gabinete, Aimé “Meme” Vázquez. “Vuelan todos”, anticipó una fuente inobjetable. El único que se mantendría es Ignacio Devitt, secretario de Asuntos Estratégicos, quien llegó de la mano de Adorni pero que fue cobijado por Karina y los Menem.
